Los explotadores siguen aferrados en sostener su régimen, proyectan una perspectiva en el marco de las viejas y decadentes bases capitalistas, su noción de la situación la apuntalan sobre la base de supuestos e interpretaciones fuera de contexto, alardean de futuros promisorios en medio del socavamiento de sus postulados desarrollistas, no les importa que la vida de las mayorías deambule en la pauperización creciente.
Ellos han colmado los medios de comunicación y todas sus tribunas de inmensas autoalabanzas al papel del monopolio y su Estado de Derecho, han saturado el país de los aparatos militares y policiacos en plena descomposición, han llevado la política pro-imperialista al extremo de la claudicación, han asimilado la economía del país a la oligarquía financiera internacional con sus más de 44 tratados de libre comercio y conexiones financieras; y esperan que el obrero, el empleado, los trabajadores en general no luchen.
Las interpretaciones alentadoras de la oligarquía financiera se fincan en esa premisa de la desmovilización de las masas trabajadoras, se trata de una posición arcaica, que concede preponderancia a la inercia de la opresión, a su incremento superlativo sin mayor resistencia, que hace caso omiso de las intensas acciones en la mayoría de los estados de la república, que descarta su desarrollo como movimiento en ascenso apostándole a instrumentar toda su capacidad de operación y eficacia reaccionaria creyendo que con desmantelar uno o varios movimientos sectoriales conseguirá desarticular al grueso del movimiento a nivel nacional y los frentes de lucha que en su entorno marcan el paso. Es como puede verse una visión retrógrada, de clase burguesa por excelencia.
Pero sus conjeturas no son más que papel mojado, imágenes adulteradas, mensajes reaccionarios como alimento propagandístico para levantar la moral burguesa y amedrentar a quien se pueda, remarcando la pertinencia de sus reformas estructurales, el temple de la política financiera en general, pero a muchas décadas de éstas, ya no hay reservas que la acrediten, como hemos visto desde el fraude electoral, cada acto de la burguesía se viene imponiendo contra la voluntad e intereses del pueblo.
A éste se le vienen reafirmando las ideas revolucionarias fuera de todo dogma, por la fuerza de los acontecimientos, por el avasallamiento de los hechos, por la perseverancia de sus organizaciones sectoriales o frentistas, por el sostenimiento de las posiciones revolucionarias en las organizaciones que de éste venimos construyendo.
Los avances ya son significativos, especialmente en la necesidad y figura del frente único que aglutine, amase y replantee la ofensiva contra el capital, se subraya el mayor de los objetivos inmediatos de la lucha de clases en nuestro país. El frente único es el desprendimiento necesario respecto de la política burguesas en todos sus tintes, de la que hacen sus partidos legales y afirman sus instituciones que ataban a los oprimidos a las cadenas y migajas; es la asimilación de la experiencia popular y revolucionaria sobre las condiciones históricas de nuestro país dándole a su desenvolvimiento una perspectiva en pro de la lucha por el poder; es la síntesis de nuestras luchas que se reafirman en las nuevas condiciones y tareas por la revolución proletaria; es la condensación de las tradiciones de lucha de los pueblos de todas las latitudes contra las clases dominantes; es la demostración cabal de que la política proletaria puede enfrentar sus tareas.
La tendencia democrática y revolucionaria es incuestionablemente de masas, se constituye por los torrentes de protesta en todo el país, por la reorganización de las bases, su lucha frente a la política local, estatal y nacional del régimen, contra los monopolios y las pretensiones imperialistas. Se debate constantemente enfrentando las visiones del calderonismo y demás representantes oligárquicos, reconstituye una discusión de clase sobre los hechos del panorama nacional e internacional, postula nuevas organizaciones y la recuperación de las que han sido controladas por el charrismo y el corporativismo sindicales.
Esta tendencia como bien se ve está siendo protagonizada por importantes sindicatos democráticos, por frentes y organizaciones de masas con carácter nacional, especialmente en el refuerzo de la unidad que en medio de sus avances y retrocesos va destacándose en el panorama de las luchas de hoy y las que en el próximo periodo se tienen proyectadas.
El sentido que tal tendencia da al país destaca: a) de clase, subrayando el papel que el proletariado está tomando en el conjunto del movimiento para enfrentar a la burguesía, fortaleciendo su nueva alianza con los explotados y oprimidos de la ciudad y el campo; b) prácticos, de una marcha inquebrantable contra el régimen y sus políticas; c) históricos, de aglomerar los elementos que socaven y finalmente destruyan al sistema capitalista en lo que llamamos acumulación revolucionaria de fuerzas para pasar a las etapas pre-revolucionaria y revolucionaria, y; d) teóricos, que nos plantea en plena fusión con la práctica, un nuevo ascenso nacional e internacional en la lucha de clases por el socialismo.
La situación al plantearnos las grandes perspectivas de la lucha revolucionaria también nos llama a velar por la construcción de organizaciones plenamente fundidas con los explotados y oprimidos, es decir, de organizaciones suyas por su naturaleza de clase, a observar las posibilidades de las distintas formas de lucha y el proceso ascendente que todas siguen, pero de las que destaca su transformación revolucionaria por el carácter de la lucha y el contenido del programa social que debemos sostener.
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