Número 233 semana del 25 de junio al 01 de julio de 2007

Tareas sindicales rumbo
a la Huelga General

No se puede entender el problema de la huelga general, fuera del contexto de los problemas político-ideológicos por los que atraviesa la clase obrera y los trabajadores en general. Dicho sea de paso plantear, que estos son reflejo a final de cuentas de su grado de organización y por consiguiente de su grado de conciencia.

En primer lugar, hay que reconocer que el problema de la huelga general obedece a una necesidad de la clase trabajadora, para detener la actual ofensiva capitalista en contra de los trabajadores y resarcir el nivel de vida y las condiciones de trabajo, vilipendiados por décadas de una política antipopular y proimperialista propias del capitalismo. Esta necesidad de utilizar la forma de lucha de la huelga general para lograr detener la política hambreadora patronal requiere de una organización proletaria propia, que consiga el cumplimiento de las demandas económicas y políticas de los trabajadores. Sin embargo, es justo reconocer que los comunistas, los revolucionarios y los militantes progresistas, poco hemos hecho por lograr arrancar las organizaciones sindicales de las manos de los oportunistas, reformistas y reaccionarios de toda calaña que se han mantenido por décadas en las direcciones de los sindicatos.

Lo anterior denota las dificultades para remontar todas estas décadas de charrismo sindical y corporativismo, ante la necesidad de que la clase obrera pase a la ofensiva en la actual lucha de clases, poniendo en el centro el objetivo de la huelga general. Por consiguiente, debemos reconocer que las organizaciones sindicales legales, donde se encuentra concentrada la mayoría de los trabajadores, en su gran mayoría bajo el férreo control político-ideológico y organizativo de los oportunistas, no serán los protagonistas principales en la actual etapa de lucha política general. Es más, si pasamos lista a los últimos acontecimientos políticos donde los trabajadores han sido protagonistas de las movilizaciones por demandas democráticas, como La Otra Campaña, la Convención Nacional Democrática, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, y otras más, podemos notar que la mayoría de los sindicatos no han destacado precisamente por su participación, aún y cuando el grueso de sus contingentes son trabajadores, asalariados y capas bajas de la población en general.

La clase trabajadora, sin embargo, se organiza y se mueve, construyendo sus propias organizaciones, sean populares, sociales, o sindicales, aún y cuando estas últimas, no sean organizaciones sindicales registradas o legalizadas bajo los parámetros de la legalidad burguesa y sus códigos laborales, poniendo como ejemplo más destacado el de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), corriente sindical amplia al seno del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. En este mismo tenor, vemos cómo este tipo de organizaciones, ilegales pero legítimas de los trabajadores, han sido la columna vertebral de los últimos procesos unitarios y de lucha en contra del capital, razón por la cual, aún y cuando no debemos dejar de insistir que en los procesos unitarios participen los sindicatos de trabajadores, no debemos dejarnos llevar por el canto de las sirenas de los demagogos, que para no quedar mal ante sus bases dicen estar dispuestos a la lucha, pero que a fin de cuentas, sólo sirven para avalar los planes del imperialismo.

Lo anterior no significa de algún modo, renunciar a la lucha contra el charrismo sindical, al contrario, es parte inseparable de la lucha, pero ello sólo se va a lograr amarrando a los oportunistas con las luchas del proletariado, donde al desenmascararse, obliga a los trabajadores a organizarse y empujar las tareas actuales del periodo, quedando ante las masas de trabajadores como una necesidad para enfrentar los planes del capital y no como el deseo de alguna corriente sindical, por muy democrática que esta sea, como sucede actualmente al interno de la Universidad Autónoma de México, donde en defensa de sus intereses como clase trabajadora, tanto sindicalizados en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, como no sindicalizados y estudiantes, en asambleas tripartitas empujan las tareas generales del Consejo Nacional de Huelga y definen las tareas propias para el centro de trabajo en cuestión.

Entonces, la clase obrera, los trabajadores y el proletariado en general, sin renunciar a la lucha contra el charrismo, el reformismo y los oportunistas deben consolidar sus entes organizativos creados para la lucha, como la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, el Dialogo Nacional, el Consejo Nacional de Huelga, así como sus corrientes sindicales democráticas y revolucionarias y empujar las tareas políticas generales del proletariado, que obedecen a sus intereses como clase y a sus necesidades tanto inmediatas como históricas. En este proceso, se deben buscar mil y un maneras de arrancar a las masas trabajadoras desencantadas del oportunismo, sin que esto signifique dividir a los trabajadores, sino sumar esfuerzos.

Este proceso histórico rumbo a la huelga general, logrará desenmascarar a aquellos que están comprometidos con el sistema, arrancará está oleada revolucionaria nuevos militantes para la lucha y construirá nueva organizaciones proletarias el pueblo trabajador; pero en este proceso, la ardua labor de los revolucionarios, los progresistas y los comunistas será indispensable para lograr los objetivos históricos de cambio social que ya exige la sociedad y los explotados y oprimidos.

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