Número 233 semana del 25 de junio al 01 de julio de 2007

Enconos de la reacción ante el
afianzamiento de la lucha popular

Hacia todas partes del país los oligarcas enfocan sus baterías a crear la incertidumbre con respecto de las banderas populares, respecto de la lucha desde abajo por cambiar las condiciones de vida, respecto del claro antagonismo entre burgueses y proletarios.

Los recursos económicos que derrochan a estos efectos no son nada despreciables, prefieren esos gastos a resolver seriamente cualquier problema concreto, los cuales van postergando a décadas posteriores donde podrán fácilmente desentenderse sin responsabilidad alguna, mientras en lo concreto continúan saqueando al país mancomunados con los imperialistas.

Las posturas reaccionarias contra el movimiento de masas destacan desde los púlpitos eclesiásticos, las cámaras, las secretarías de Estado, las juntas de los monopolios y los partidos políticos de la burguesía, su posición destaca que:

a) No hacen falta luchas populares porque el gobierno representa los intereses de todos, aún cuando sólo se consagra a la salvaguarda de los intereses monopólicos.

b) Las manifestaciones deben suspenderse y sólo contar con fines de semana para que no se altere la cotidiana explotación de la fuerza de trabajo en el campo y la ciudad.

c) De las reformas el pueblo no tiene qué discutir, todo se ha dicho y sólo basta que los mercaderes de San Lázaro apliquen sus resoluciones en atención de las necesidades financieras de la gran burguesía.

d) La soberanía nacional es una cuestión que atañe a los imperialistas yanquis y por tanto las instituciones del Estado solamente cumplen sus prerrogativas, en tanto el pueblo no tiene ya nada qué juzgar.

e) El proceso de lucha no debe continuar porque entonces los explotadores vacilarán en sus inversiones y el país tendrá problemas.

f) Si la situación comienza a agravarse una condición revolucionaria sería dañina para las ganancias de los capitalistas, y el pueblo debe pensar no solamente para sí, también en lo mucho que le debe a sus opresores.

g) El militarismo es necesario sin que importe la violación de los derechos sociales y políticos de la población, pues garantiza la institucionalización del terror de Estado ante cualquier afrenta de los proletarios.

h) Es una afrenta al Estado y a la burguesía reclamar más salarios, mejores condiciones de vida y de trabajo, pues éstos hacen cuanto pueden por el bien común de su clase, que es todo cuanto cabe hacer.

Su forma de plantearlos van desde las matizadas hasta las fascistas abiertas, su preocupación es clara como puede verse, se dan cuenta de que en el proceso que marcha la tendencia de masas apunta a combatir las políticas del capital financiero, hace poco no tenían reparos en amedrentar a los pueblos de México, ahora apuestan al chantaje y la disuasión con discursos seudo-populistas, la manipulación y coacción.

Los resultados no se les dan, así con la misma rapidez con que el secretario de gobernación pretendió resolver el conflicto magisterial con una declaración unilateral de que ya le había dado solución, en una contundente continuación de la lucha el magisterio democrático evidenció esa burda maquinación. El movimiento sindical y campesino también persisten en asentar que las declaraciones del régimen son una cosa en la que ya no están de acuerdo, que sólo buscan convencer a una difusa opinión pública que los medios de comunicación se encargan de elaborar, pero que no trasciende en respaldo de base popular alguna.

Tal forma de mantenerse en sus posiciones por parte de los sectores en lucha no son sólo golpes contra las orquestaciones del régimen burgués, son significativamente afianzamientos en la línea que se viene engrosando en torno a avanzar por todos los medios a un amplio desarrollo del movimiento de masas, a restablecer sus tareas e imponerse de cara a no permitir las reformas estructurales tan en boga para ultimar la marcha de la neocolonización de México.

Asimismo el régimen instrumentó sus propias medidas para que las organizaciones no continuasen sus jornadas de lucha, no aborden el problema del Tratado de Libre Comercio, las privatizaciones, la militarización, etc., pues sabía que esto es más fácil resolverlo adentro con sus facciones que sin más ni más renunciaron a sus iniciativas para detener las escaladas del ejército, si no se cuenta con un movimiento en las calles que exija el repliegue del ejército y acuse a quienes instrumentaron la represión en los últimos meses principalmente en las zonas rurales del país, sin haber remediado el problema que exhibían como su gran preocupación.

La lucha popular tiene en puerta una sostenida restructuración de sus procesos, totalmente diferente de lo que a los burgueses les hubiera gustado, está forjando las alianzas para las jornadas de los meses venideros, afianza sus tareas de agitación nacional y de creación general de la perspectiva de construir un amplio Frente Único.

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