Es un hecho cotidiano ver la presencia de militares fuera de sus cuarteles, cada vez con mayor frecuencia y penetración en la vida común. Pero ahora ya no son únicamente los soldados de hace tiempo que destruían cultivos de drogas; ahora están en las carreteras, en las calles, en las colonias populares; participan en operativos conjuntos con otras fuerzas federales, estatales y municipales. Tienen además varias modalidades, desde los soldados de tropa común, de uniforme de campaña a los soldados disfrazados de policías de la Policía Federal Preventiva (son soldados con licencia), sin contar la militarización de las fuerzas policíacas, militarización que va desde los mandos hasta sus métodos, adiestramiento y vestimenta. La vida diaria se está militarizando.
El discurso oficial, se cuadra por un lado a los intereses del imperialismo en tanto que esfera de control geoestratégico, de saqueo de materias primas, extracción de plusvalía y muro regulador de contención para la migración del sur al norte del continente.
Por otro lado, la oligarquía nacional está interesada, en que se prepare el freno a las amplias movilizaciones populares que estallan por todos lados; pues ya no son sólo brotes aislados, regionalizados, sectorizados y concentrados en la mitad centro-sur del país; ahora –por ejemplo con el magisterio– explotan en todos los rincones y “contagian” de movilización, de espíritu de combate a otros sectores de trabajadores. En esta lógica, se da la militarización del país.
El supuesto combate al narco sigue esquemas muy distintos, más bien de contrainsurgencia y de “acostumbrar” a la población a su constante presencia. Así, no es raro ver caravanas militares por mucho tiempo en un mismo punto, por lo que si su objetivo es interceptar drogas, resulta ridículo pensar que avisando con su presencia lograrán mayor efecto.
Y es que la militarización no obedece al combate al narcotráfico, sino a mantener la presencia del ejército contra la población, contra la clase obrera y las amplias masas populares que día a día van movilizándose contra la política del régimen, que van avanzando desde sus reivindicaciones inmediatas y el mismo desarrollo de la lucha los va acercando hacia objetivos políticos y de clase.
Si es que se quisiera realmente controlar al narcotráfico con la estampa militar, los resultados son catastróficos, incluso se recrudecen las ejecuciones cuando hacen presencia los militares. Por más que el régimen trata de aparentar éxitos con sus operativos y acciones espectaculares.
Por ejemplo, el mes pasado (9 de mayo del 2007), se creó el cuerpo élite del Ejército y Fuerza Aérea denominado Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal, con el que se pretende atender el surgimiento de fenómenos y “situaciones excepcionales” que pongan en “riesgo” la seguridad interior de la nación, el orden público, la integridad y la vida de los ciudadanos o la estabilidad de cualquier parte del país. En el comunicado de la presidencia se ve claramente el verdadero carácter de esta crema y nata de la represión: “restaurar el orden público, enfrentar al crimen organizado y combatir actos que atenten contra la seguridad de la nación, se creó este cuerpo especial que dependerá técnica, operativa y administrativamente de la Secretaría de la Defensa Nacional. Esto implica que podrá actuar en el combate al narco y en conflictos sociales que se desborden”. (http://www.presidencia.gob.mx/prensa).
Pero, como insistimos, de ninguna forma el intervencionismo de las fuerzas militares ha resuelto el problema del narcotráfico. Para ilustrar, de los 4 mil 981 elementos militares transferidos a la PFP, de ellos, 4 mil 873 desertaron y las vacantes tuvieron que ser cubiertas con más elementos del Ejército mexicano, según información de la propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) entregada a través de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.
Como se observa claramente, el narco es el pretexto idóneo para militarizar el país. Además según indica la Sedena este grupo: “recibirá adiestramiento y capacitación especializada en el manejo de situaciones críticas de perturbación o alteración de la paz social y seguridad pública, cuya finalidad será el restablecimiento del orden público y del Estado de Derecho y su actuación deberá estar regida por el respeto irrestricto de los derechos humanos y el orden jurídico mexicano.”
Ya sabemos a qué Estado de Derecho se refieren y qué respeto a los Derechos Humanos practican los soldados. Es claro el fracaso y complicidad del militarismo ante el narcotráfico y su posicionamiento contra los derechos sociales y la lucha de las masas.
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