Número 231 semana del 11 al 17 de junio de 2007

¿A dónde apunta
la correlación de fuerzas?

Si bien sus recursos son extensos, los circuitos del capitalismo en México empiezan a dar visos de agotamiento, los aparatos del régimen empiezan a fallar en sus tareas centrales, la correlación de fuerzas empieza a desfavorecerles. La burguesía se nota desesperada, recurre a los imperialistas para que le escriban, le lean sus discursos, incluso se inmiscuyan abiertamente en la vida nacional, pero tales cuadros prestados no saben ni por asomo que sus declaraciones sólo permiten a los explotados adoptar una mejor posición en su contra.

Los burgueses vuelven a la carga con sus reformas en un momento cada vez más complicado, inmersos en la feroz competencia entre ellos mismos por posesionarse de lo que aún no tienen, despojando a diario a los trabajadores, destacando la corrupción de su aparato estatal, la amalgama de intereses financieros a todos los niveles, la colusión con el narcotráfico, y a pesar de todo su cerrazón, su raíz de clase no les permite ver el terreno donde pisan.

Saben que las condiciones van empeorando, mas pronostican que la cura es una reforma que ponga la riqueza nacional en manos de los sistemas financieros del imperialismo y despoje al pueblo mexicano de los más elementales derechos políticos y sociales. Se saben que la situación se tensa entre el pueblo, y sólo alcanzan a proyectar el incremento del militarismo, la represión y la violación de su propia legalidad.

Vivimos un momento de tensiones crecientes en el seno de la sociedad, un momento que lleva en sus entrañas dos tendencias que se contraponen con fuerza, una apunta al fascismo como último recurso de los magnates y sus acólitos para continuar en su rutina, la otra apunta al ascenso de la lucha de clases, tal contradicción comienza a tensar a todas las clases sociales en una toma de posiciones y una actuación concreta, en el caso de los oprimidos es claro que su incorporación a la acción no dice nada bueno a quienes los han mantenido en tal estatus.

Ante el asombro hasta de los sectores tradicionalmente conformes con la política burguesa, la actuación de amedrentamiento militar y policiaco por todas partes del país marca un punto de diferencia frente al régimen, se evidencia que por esos mecanismos la burguesía y sus gobernantes de todo rango o color se inclinan a responder ante cualquier petición de los sectores más humildes primero con la mirada arrogante, luego con el rechazo categórico, al final con la represión, tan velozmente que el pueblo se ve obligado a organizarse con urgencia para su autodefensa, las denuncias al respecto se suceden vertiginosamente en todos los puntos de población en México.

Los burgueses han almacenado mucha experiencia en este sentido, se dan cuenta que si no se silencia particularmente a las bases frescas del proletariado, del campesinado y sectores populares la resistencia de éstos y su ofensiva puede dar paso a la efervescencia de la lucha de clases; reconocen que los nuevos contingentes son cada vez más radicales en sus planteamientos, más beligerantes frente al régimen, comienzan a inclinarse en la alternativa de la revolución proletaria.

El apoyo de la burguesía no sólo consiste en promover la acción de sus aparatos y partidos políticos, del embrutecedor ejercicio de su prensa, radio y televisión, también aprovecha la carestía de organización, la falta de experiencia política en las masas, su incipiente conexión nacional con los sectores más avanzados y combativos, por eso los comunistas nos planteamos junto a un conjunto de fuerzas avanzar en las tareas que eleven el combate, la unidad y la conciencia de masas.

Si bien la oligarquía financiera sigue mintiendo respecto de sus expectativas, el discurso ya no prende, por lo que el parapetarse en sus instancias armadas es ahora su principal patrón de conducta, ella y su régimen han renunciado a exhibirse de cara a las masas, ya las cosas no están para eso, así que ante su incapacidad de consensar lo que no cabe frente al rechazo general, tiende nuevas marañas sobre los problemas económicos, arguye en su favor la urgencia inexplicable de la integración con los imperialistas, sin importar que es la forma en que más vino a resquebrajarse las condiciones de vida de los trabajadores, sin importar de que a todas luces sus próximas iniciativas llevarán el aumento de precios, la baja en los salarios, la pérdida de puestos de trabajo, el control de las finanzas desde Washington y Wall Street.

Para los explotados en todo caso es una necesidad seguir levantando su organización en todas las formas que esto pueda implicar, la tarea es construir nuevos referentes de lo que habrá de ser su lucha por el poder, su lucha por un nuevo tipo de sociedad que elimine la propiedad privada y su natural mecanismo de sustraer riqueza del trabajo ajeno. No obstante hoy se puede ampliar los horizontes de esto sobre la base de las experiencias en cada rincón de nuestro país, en cada centro de trabajo, vivienda o estudio, avanzando la discusión sobre el carácter del régimen y la importancia de asumir nuestros roles de clase.

Existen cambios sustanciales en la correlación de fuerzas, aún debatiéndose en las dos tendencias señaladas, los días transcurren haciendo que nuevos contingentes ingresen a la lucha, anoten sus demandas, establezcan sus consignas y se conduzcan al gran torrente de la unidad, en ello se requerirán miles y miles de activistas revolucionarios, de verdaderos y esforzados organizadores, propagandistas que afiancen el camino del trabajador y apoyen sus esfuerzos por elevarse en la pugna frente a la burguesía.

Los pasos siguientes tampoco pueden describirse como fáciles, los forcejeos demuestran que la burguesía no piensa ceder terreno, al mismo tiempo en la forma de nuestro ascenso de la lucha de clases se revelan dificultades de incorporación para las clases oprimidas, dichas dificultades tienen mucho que ver con el aletargamiento en que las mantuvo cautivas la tradicional política burguesa, obedece a los controles aún imperantes y a que tiene sus complicaciones asimilarse en un pensamiento largamente incubado con características proletarias, pero que amerita desarrollarse en sus detalles y en nuevas e importantes líneas de combate.

Con todo existe una línea de integración constante, de asunción de todas las formas de lucha que beneficien y potencien en este momento las tareas por construir un amplio sistema de organización proletaria y popular.

Pero ahora es de gran valor para el movimiento de masas que su paso se marcado por una constante fusión de sus distintos referentes que en el nivel de la convocatoria y la organización generales cumplen un destacado papel de cara al pueblo, para esto sus debates deberán centrarse en las tareas, en las perspectivas de lucha, en el paso trascendente a lanzar la ofensiva contra las reformas estructurales, contra el régimen y los imperialistas, ello exige abandonar las posturas sesgadas que no atienden al proceso sino a los antiguos esquemas de separatismos y discusión ruinosa en torno a los particulares conceptos e interpretaciones, frente a los antiquísimos problemas del sectarismo y el oportunismo afrontando los retos de trabajar en base a trazos más en consonancia con el clima actual de la lucha de clases y en referencia específica a lo que se nos demanda para el proceso.

Es de reconocerse de que muchos problemas del movimiento seguramente continuarán, otros se reajustarán en el nuevo entorno, pero lo más sobresaliente a ese nivel es que las condiciones de lucha de clases imponen una superación natural de la mayoría de ellos en la medida en que logremos trabajar en la reorganización de la clase de los proletarios, los campesinos pobres y sus diversos aliados.

En este
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