Las reiteradas declaraciones de Zeferino Torreblanca Galindo pretenden hacer creer a quienes las escuchan, leen o miran en los medios, que su preocupación principal está en “encontrar alternativas de solución a los más pobres”.
Las escandalosas sumas de recursos autorizados y ejercidos por ejemplo, por la Secretaria de Educación Guerrero, para supuestas obras de mantenimiento de instalaciones educativas, representan sólo un botón de muestra de para quién en realidad son las soluciones.
Cada vez es más evidente que los criterios para ejercer el presupuesto público, se determinan orientados por intereses de clase. Ya que es para beneficio de los empresarios allegados al círculo de las decisiones gubernamentales que se “adjudican” la totalidad de contratos para obras, servicios y acciones productivas que se aprueban en el presupuesto. En efecto, estos criterios se venían aplicando en el ejercicio de las administraciones anteriores, lo novedoso de los tiempos actuales son principalmente los siguientes dos elementos: 1.- La “cortina de humo” que generó la efervescencia electoral de tener un gobierno “diferente” de “cambio” y “democrático”, se ha disipado por fin y ha colocado al gobernador y al PRD en el lugar que le corresponde en la conciencia de las masas, como simples empleados de la oligarquía financiera y los monopolios; 2.- La adjudicación de los contratos ha desplazado a un sector de empresarios y está posibilitando que otro sector afín al gobernador se reposicione.
Estos hechos corroboran que la dirección del gobierno en particular y en general de la estructura del Estado, esta al servicio de la burguesía, de la que forman parte los empresarios, patrones, inversionistas privados y que por tanto sus acciones van en detrimento de los trabajadores del campo y la ciudad. Cada vez la política estatal, muestra identidad con la política derechista, proimperialista y de beneficio a los monopolios de Felipe Calderón, que no atinan siquiera a ponerse de acuerdo en como “repartirse del pastel” del narcotráfico y menos a lograr su demagógica declaratoria de combate a la pobreza. Avanzan, sin embargo, decididamente a la militarización del país como recurso preventivo contra el despertar de las masas.
Al acercarse a la mitad de su periodo, la junta actual que administra los intereses comunes de la burguesía encabezada por Zeferino Torreblanca Galindo, se enfrentará el recambio de poderes municipales y del Congreso Local. Se perfilan dos bloques de intereses, al interior de la administración estatal, en la perspectiva del proceso electoral en puerta. El primero encabezado por el gobernador, Zeferino Torreblanca Galindo y el otro por el Secretario General de Gobierno, Armando Chavarría Barrera.
Con las adhesiones tanto del PRI como del PAN y demás partidos que se concretan en este “calentamiento de motores”, en uno y en otro bloque, ponen a la orden del día, la profundización de la crisis y el desprestigio de todo el sistema de partidos imperante. Zeferino Torre blanca, identificado con las posiciones de derecha, determinada por su actividad empresarial, recibe mayormente la simpatía y las adhesiones del PAN, sin contar que en la estructura gubernamental actual coexiste con importantes sectores del antiguo esquema de control priísta. Armando Chavarría, derivado de su “camaleónica” actuación política, está capitalizando las adhesiones priístas, que fueron desplazadas del gobierno y que son cuestionadas por la propia dirigencia del PRD, debido en su mayoría por estar vinculados a hechos de represión en las anteriores administraciones. Se perfila en el próximo proceso, una ruptura profunda al interior del PRD, evitable en el remoto caso que se concilien las posiciones encontradas que se han manifestado entre la dirigencia perredista, el gobernador y el fortalecimiento del bloque del Secretario General de Gobierno.
Se percibe por otro lado intensa actividad del PRI. A pesar del descalabro electoral pasado, en el proceso que viene puede salir beneficiado con las pugnas al interior del partido en el gobierno.
Los ausentes en estas pugnas y los posibles escenarios del próximo proceso electoral, claro está, serán los intereses y las aspiraciones de las masas. Los trabajadores del campo y la ciudad y sus descendientes, condenados a sufrir el deterioro de sus condiciones de vida, trabajo y estudio, protagonistas pasivos ante el fortalecimiento de la política de los ricos, sólo podrán revertir este proceso en la medida en que logren vincular la lucha por sus demandas inmediatas y gremiales, con la lucha política nacional de los trabajadores.
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