Los alimentos transgénicos son organismos que se han modificando a partir de la manipulación genética con una intención prediseñada. Su desarrollo ha sido impulsado fundamentalmente por empresas como Sygenta, Monsanto, Bayer, entre otras, bajo intereses económicos y de monopolio planeados estratégicamente desde hace más de 50 años.
Si bien por si misma la modificación genética, podría haber representado un avance científico que beneficiara a la humanidad, la comercialización de los organismos genéticamente modificados (OGM), ha sido monopolizada y sobre los supuestos beneficios para hacer más eficiente la producción agropecuaria, sólo se ha privilegiado que algunas empresas de la industria agrícola tengan ganancias billonarias en prejuicio de miles de productores agropecuarios que están subordinados a ellas, de la preservación de la biodiversidad del planeta, de la soberanía alimentaria de los pueblos, con graves consecuencias en la salud y en el equilibrio del planeta.
La legalización para la comercialización y la utilización cada vez más extendida de los OGM, ha sido a través de ejercer presiones políticas y económicas sobre los gobiernos de los países, o bien mediante el soborno a sus autoridades sanitarias y se ha excluido o eliminado la competencia de organismos científicos imparciales que la regulen.
Tanto se ha extendido el uso de los OGM, que parece ser una tendencia irreversible hoy día, desde hace 10 años, se cultivaban 1.7 millones de hectáreas con ellos en sólo 6 países, a finales del año 2006, se cultivaron 102 millones de hectáreas en 22 países del mundo. De acuerdo a sus reportes anuales, la empresa más grande de transgénicos es Sygenta -antes Ciba Geygy, pero ha absorbido a otras empresas agrícolas pequeñas-, actualmente trabaja en 90 países, emplea a 19, 500 trabajadores y las ventas del año 2006 llegaron a ser de 8.1 billones de dólares. Le sigue la empresa Monsanto que fundamentalmente trabaja en el continente americano, cuenta con 18 mil trabajadores y sus ventas en el año anterior fue de 3.55 billones de dólares. Bayer obtuvo de sus ventas en la división de transgénicos 5,700 millones de euros y refieren que fue un mal año para ellos por lo que se han propuesto diseñar otra estrategia.
Para la utilización de OGM en la agricultura, se argumentó que lograría una reducción en el uso de productos agro-tóxicos, ya que se diseñaron organismos resistentes a las plagas más comunes. Esto funcionó sólo durante un periodo de tiempo ya que posteriormente se dio la emergencia de plagas de malas hierbas e insectos resistentes a los agroquímicos que antes no existían y que ahora infectaban también a los OGM. De tal forma que ahora se tienen que utilizar agroquímicos cada vez más tóxicos, más contaminantes y a mayor precio.
Esta misma condición, hará que los insecticidas naturales que se utilizan en la producción orgánica (sin productos químicos industrializados) pierdan su eficacia por contaminación a estos cultivos. La contaminación de los cultivos transgénicos por la polinización es un proceso natural, que está fuera del alcance y control del ser humano, por lo que se desconocen los alcances que pueda tener la contaminación con OGM. Por lo pronto está ya en peligro la preservación de la biodiversidad del maíz en México, de la colza en Europa ya que existen cultivos silvestres similares y de la soya en China.
Por otro lado, se argumentó que el desarrollo de los OGM ayudaría a resolver el problema del hambre a nivel mundial, puesto que aumentarían el rendimiento de producción de alimentos por hectárea, pero hasta ahora las evidencias son otras, aún cuando se ha logrado mejorar las características nutritivas de algunos productos, como son la adición de aminoácidos o de algunas vitaminas en el arroz, o bien, se ha aumentado el contenido de proteínas en algunos otras verduras, estos beneficios han quedado restringido sólo para la población de los países más ricos.
Las aplicaciones comerciales de la biotecnología han aumentado la concentración de la riqueza, el mayor avance en su utilización ha sido en la alimentación ganadera para el consumo excesivo de carne en las naciones ricas.
Cada año se documentan con mayor certeza los impactos nocivos del uso de transgénicos, aún cuando las empresas transnacionales y los gobiernos traten de minimizarlos, ya se han contaminado diversas especies silvestres lo que implica una reducción de la biodiversidad, así como la contaminación química del suelo y de los acuíferos. En el ser humano, incluso se ha documentado en el desarrollo de alergias alimentarias por maíz transgénico en pobladores de Estado Unidos, y la transmisión de resistencia a algunas bacterias patógenas para el hombre contra el antibiótico ampicilina.
El problema fundamental, no es que los OGM existan, sino que el poder económico de las empresas agrícolas transnacionales que las monopolizan excede el poder de los pequeños productores de la mayor parte de los países.
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