Número 231 semana del 11 al 17 de junio de 2007

A colocarnos en el torrente
de la lucha popular

Los explotados y oprimidos combatimos a diario a todas las fuerzas de la oligarquía financiera en un proceso sin precedentes en las últimas décadas, ello constituye la muestra más palpable del rechazo generalizado a las condiciones de vida en que se nos quiere mantener.

Día a día, nuestro país, se realizan nuevas acciones grandes y pequeñas en las entidades federativas, en el campo y la ciudad, a toda hora el pueblo reclama sus derechos, a cada momento la burguesía y sus representantes son asediados por masas inconformes.

Y así vino a ocurrir, los frentes de lucha que están articulando los diferentes procesos son vistos como elementos de suma importancia para que el movimiento encuentre sus carriles apropiados, y se construya en nuevas ampliaciones las rutas de la acumulación revolucionaria de fuerzas del único modo posible: avanzándola en la práctica de millones.

Los proletarios, el campesinado, el magisterio, los estudiantes, los colonos, los diversos sectores populares hoy enfrentan en niveles de reclamo: sus derechos, respeto a sus conquistas; muchas veces estas pugnas se diluyen ante la falta de resultados, pero otras estallan haciendo crecer el malestar social, repiten en gran medida las mismas banderas y van rodeando al régimen de un rechazo total a cualquier “obra oficial”, porque ante todo estas siempre llevan el sello de la dominación de clase y sus repercusiones no tardan en hacerse sentir hundiéndonos en una miseria sin límites.

Y a pesar de todo, desde la insurgencia del pueblo oaxaqueño organizado en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, las dinámicas se han impregnado de la necesidad de encausar todos los procesos, de afianzar la organización de masas -a todos los niveles posibles-, de inducirnos a tomar acuerdos de lucha, a despejar las banderas fundamentales por un gobierno obrero.

Hoy se nos presentan una serie de planes de acción y jornadas de lucha que han cubierto las fechas de éste año e inicios del 2008, eso en nada puede gustar al régimen y la burguesía, máxime si vemos que las políticas enfocadas a hacerse de una base social de respaldo no pasan de ser un bluf, y que el camino de la militarización y fascistización siguen a todo lo que pueden.

A estos logros de coordinación y lucha aún les queda pasar a la unidad superior como alianza de los explotados y oprimidos, aún les queda enrolar las tareas prácticas, concretas e intencionadas por el frente único, ni duda cabe que ello depende de cuánto se avance en el terreno de la lucha contra las reformas estructurales, en la defensa de los intereses del pueblo, contra el proyecto neoliberal y contra el despojo de los campesinos.

En adelante la burguesía priorizará en la denuncia contra el movimiento de masas -según el discurso oficial de los malosos y los buenos-, intentará separar a los trabajadores de su vanguardia organizada, de sus sectores más comprometidos, de los contingentes más experimentados en el campo de la lucha revolucionaria.

Los procesos vienen consolidándose en sus líneas de acción en medio de las naturales problemáticas de criterios, concepciones, ejes de lucha; sin embargo, lo hacen bajo claras perspectivas de resolución, bajo una visión compartida de hacerlos avanzar, y en todo caso, aquellos que aún no lo consideran así, apoyar en los que se pueda para que avancen en su camino que al poco tiempo tendrán que confluir de cara a confrontar al régimen opresor.

Al mismo tiempo los procesos también vienen afrontando la tarea de unificarse y trascender por encima de las antiguas barreras gremiales, de las luchas sectoriales y los esquemas reivindicativos sin trastocar la naturaleza del régimen. Ahora todo se proyecta a agudizar la lucha de clases a fuerza de mantener la actividad política de masas y revolucionarizar la lucha hasta que alcance su nivel de pugna por el poder.

Son momentos en que el simple establecimiento de las premisas, la organización y las banderas generales de la lucha de clases en los próximos meses nos permiten ubicar que por ningún motivo las cosas volverán a ser como antes, estamos frente a un extenso resurgir de las masas trabajadoras, del posicionamiento de sus intereses en el ámbito de su actividad cotidiana, ello nos conduce a una natural y efectiva agudización temida por los imperialistas y la burguesía mexicana, que persiguen a toda prisa establecer todos los medios para su defensa.

Frente a la tradicional cerrazón del régimen, a la negación de los derechos sociales y la intención de no ceder a sus voraces apetitos de redoblar la explotación, el movimiento de masas promueve nuevas formas de consensar, de discutir, de ejercer principios democráticos, de accionar todas sus palancas para elevar su marcha y mantener la unidad, aquilatarla y sostenerla por encima de todas las presiones.
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