Nos encontramos en un periodo muy particular de la lucha de clases, en el cual, distintas fuerzas políticas vienen encontrando los puntos de convergencia para resistir la ofensiva neoliberal del capitalismo.
Los retos propios de este encuentro de las organizaciones del proletariado, consisten en lograr consolidar la presente acumulación de fuerzas y saber orientar estos esfuerzos de unidad amplia de la clase obrera, el pueblo trabajador y las masas oprimidas y explotadas hacia la consolidación de una plataforma común, que ponga en el centro las demandas que en este momento han conseguido unir a la clase trabajadora en contra de su clase antagónica y que tienen que ver con la derogación de la reforma a la Ley del ISSSTE, la libertad de nuestros presos políticos, la obtención de mejores condiciones de vida y trabajo y orientar la lucha hacia la consecución de sus aspiraciones históricas de liberación, como clase social explotada. En el actual proceso unitario, los asalariados del país ganarán esta batalla, porque se han logrado ligar las demandas inmediatas y económicas, con las demandas políticas generales del pueblo trabajador.
La ofensiva de la burguesía en contra de la clase obrera y los trabajadores en general, se tradujo en miserables aumentos a las percepciones salariales, que en nada resarce los aumentos a los precios de los productos de la canasta básica; las pretensiones de legalizar de parte de los banqueros el robo a los fondos de pensiones de los trabajadores, primero a quienes se encontraban en el régimen del IMSS y ahora al ISSSTE, con las reformas a las leyes que regulan estas instituciones; mas las reformas en puerta, esperan que se calme la turbulencia que desataron, la cual rebasó los fríos cálculos de los capitalistas, que le apostaron a que como en otras ocasiones, sus agentes oportunistas, apostados al interior del movimiento obrero, pudieran desorientar y dividir a los trabajadores.
En lugar de ello, quienes desde el principio desconfiaron de la fuerza revolucionaria y transformadora del proletariado, se han visto obligados a replegarse a las posiciones progresistas, democráticas y revolucionarias, no por convencimiento, sino para mantenerse en los lugares que usufructúan, sin lograr comprender que la clase trabajadora, tarde que temprano, ajustará las cuentas pendientes con aquel sindicalismo que se ha coludido con la patronal, para postrar en el hambre y la miseria a la gran mayoría de los asalariados.
El pueblo trabajador y sus organizaciones, creadas para la defensa de sus intereses, llámese sindicatos, corrientes sindicales, organizaciones populares o sociales, persisten en coronar con éxito los anteriores precedentes organizativos, como la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, La Otra Campaña, el Dialogo Nacional, con el Consejo Nacional de Huelga.
Por más que algunas posiciones aún insistan en mantener divididos a los trabajadores, la realidad empuja hacia crear un frente común, que logre organizar la resistencia y mantener la lucha hacia delante, para pasar a una ofensiva de la clase trabajadora contra el capital. Si ello por el momento no ha sido así, se debe a varias razones, principalmente porque las condiciones subjetivas, de conciencia de clase, no pueden darse de manera mecánica como reflejo de las condiciones objetivas de miseria y hambre de los trabajadores, sino que requiere de una ardua labor de parte de las conciencias progresistas, revolucionarias y comunistas, pero estas conciencias se tienen que enfrentar a los rezagos de la ideología dominante.
El gobierno neoliberal, fiel a los dictados del imperialismo, está empecinado en imponer sus reformas estructurales, a diferencia de otros tiempos, ya no le importa mantener popularidad ni los votos de castigo, incluso de manera abierta ejecuta sus planes acompañado de una política fascista, ofreciendo a quienes se oponen: la bota de la represión, donde el mismo presidente de la república se coloca al nivel del crimen organizado, planteando en spots en los medios de comunicación “la defensa de las plazas” con la prácticamente militarización del país. Ello sin duda alguna trata de atemorizar e inhibir las posibilidades de organización de los trabajadores, por eso en encubrimiento a la represión política a los luchadores sociales y a las organizaciones democráticas, sociales y populares, principalmente en Atenco, en Sicartsa y en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), mas el egoísmo e individualismo inculcado por la ideología burguesa en las filas de la clase trabajadora, conlleva a que la respuesta de las masas a los llamados a la organización y la lucha, aparentemente no tenga el eco que se desease.
La legalidad burguesa y su sistema parlamentario, contiene una serie de mecanismos, como el “Amparo” ante la violación de las garantías constitucionales por parte del Estado, que están pensados en darle cauce legal a cualquier inconformidad y evitar de ese modo la protesta, dándole largas y enredando más un problema. Por ello, y además porque los aparatos de “justicia”, junto con el parlamentarismo y el poder ejecutivo, están íntimamente ligados y son parte del mismo Estado burgués, es por lo que los trabajadores no pueden pensar que allí se le puede dar solución a sus problemas.
Antes bien, la ineficacia del poder ejecutivo, legislativo y judicial, como sistema caduco y retrógrada ha demostrado ser inútil para darle una salida a los problemas sociales y es causa de tantas manifestaciones de descontento y de movilización de la clase trabajadora, prácticamente harta y que no confía en los cauces legales, porque la experiencia ha confirmado la necesidad de otro sistema social. Ante ello, a pesar de la amplia respuesta de parte de los trabajadores que se encuentran catalogados como burócratas y que prestan sus servicios remunerativos al gobierno y afectados por las reformas a la Ley del ISSSTE, ha existido prácticamente un consenso de las organizaciones de los trabajadores, principalmente en el Consejo Nacional de Huelga, en cuanto a darle cauce legal a la oposición a las reformas, por medio de Amparos ante la violación de parte del Estado a los derechos laborales, pero sin que ello signifique sujetar las esperanzas a los tribunales legales encargados de administrar la justicia, sino mas bien debe servir para reconocer la necesidad de medidas como la movilización y la lucha, el Paro y la huelga para lograr derogar las reformas reaccionarias; pero sin denigrar en este momento las medidas legales, pues en el mejor de los casos, estas deben servir como una forma más de aglutinar a un mayor número de trabajadores descontentos, además de que los trabajadores deben reconocer por propia experiencia, que las leyes burguesas están diseñadas para oprimir y garantizar la explotación capitalista.
Lo anterior ha servido de elemento para que algunos activistas del movimiento social, sindical y popular, se den a la tarea de torpedear desde fuera la táctica diseñada por el Consejo Nacional de Huelga, más interesados en reclutar adeptos del aventurerismo que en impulsar el movimiento obrero y popular hacia adelante en organización, unidad y lucha contra el capital.
Por otro lado, el oportunismo, encaramado en las organizaciones corporativas, principalmente sindicales o populares, surgidas de la lucha, que han logrado convertir estas organizaciones en análogas de las organizaciones priístas, donde en varias de ellas se han erigido como dirigentes y que les ha permitido escalar socialmente, convirtiéndose en patéticos pequeño burgueses, están más interesados en el control de los trabajadores, para poder seguir manteniendo ese estatus, reconociendo que un cambio social de algún modo afectaría sus intereses consistente en desmovilizar. Estos son factores que no se pueden ocultar a los ojos de los trabajadores, más bien son elementos que intentan inhibir la conciencia del pueblo trabajador, creando o bien falsas expectativas o desilusión.
Sin embargo, la actual ofensiva capitalista que obliga a la realización de acciones contundentes, de masas, no nos permite desdeñar a ninguna organización de trabajadores, de cualquier tipo, obligados por las condiciones actuales a sumar esfuerzos y organizar el descontento, para orientarlo correctamente en la actual etapa de la lucha de clases, pensando en la necesidad de la unidad mas amplia de los trabajadores y las masas explotadas para golpear al enemigo común, basando esta unidad en los intereses de clase, esto no nos permite menospreciar cualquier tipo de lucha que de algún modo contribuya al avance del movimiento obrero y popular, antes bien, debe ser aprovechado para ir hacia adelante, sea porque las desviaciones se desenmascaren por sí mismas y las posiciones progresistas, revolucionarias y comunistas se afiancen, sea porque esto pueda servir como un elemento más, para que las masas trabajadoras se vean obligadas a organizarse, para democratizar sus organizaciones y llevarlas por el sendero de la unidad de la clase trabajadora de acabar con la opresión y explotación, como se ha propuesto la Coordinadota Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y viene sucediendo en las filas del Sindicato Trabajadores de la UNAM, o sea porque en el mejor de los casos, las organizaciones de los trabajadores interesadas realmente en un cambio social.
El problema de la unidad de la clase obrera entonces, tiene que ir por todo tipo de caminos, algunos escabrosos, otros no tanto, como en el caso del Consejo Nacional de Huelga al cumplir con los planes de acción propuestos, que si bien no han cumplido al 100% con las expectativas en los Paros Cívicos recientes, demostró de lo que es capaz la clase trabajadora con organización y unidad, a pesar del desdén de los medios de comunicación.
Hoy la clase trabajadora se viene preparando para otra etapa de la lucha con el Paro Cívico del 1° de junio, el reforzamiento del plantón en las oficinas del ISSSTE, las actividades de propaganda con la Consulta Nacional, con tomarle la palabra al neocharrismo y organizar dentro de los planes de resistencia, el Paro Nacional el 31 de agosto, de avanzar en esta lucha en contra de los planes del imperialismo con sus reformas estructurales, aprovechando la organización de la cual se viene dotando el proletariado y cerrando filas hasta lograr concretar la formación de un Frente Único en contra del capital y con un programa basado en la defensa de los intereses inmediatos e históricos de los explotados.
|