Al inmiscuirse a fondo en la línea por el desmantelamiento imperialista de la economía mexicana, la oligarquía financiera cree sentar las premisas para la solución fascista a la lucha de clases, pero a pesar de todo, sigue levantando a las fuerzas populares en su contra. Sus acciones están enfiladas a asegurar la llamada inversión extranjera, el traspaso de la actividad económica a las superpotencias destacándose la dirección yanqui y el contubernio europeo en aras de treparse a las perspectivas de contratar mano de obra barata en la propia frontera del principal motor económico del capitalismo.
Mientras tanto, los frentes entre Estado, monopolios y sociedad van y vienen como efectos publicitarios para encubrir el pacto del capital financiero consigo mismo bajo la intención de golpear al resto de la población. He aquí una vez más la impotencia de los calderonistas, anhelan un frente de base social que los respalde y se ven asediados por las masas a las que dicen representar, emprenden consignas fantasiosas que saben no cumplirán a ver si así alguna organización de masas se digna respaldarlas, y nadie asoma más que sus charros a los que por doquier el pueblo grita: ¡rateros sinvergüenzas!
En los tres poderes del régimen se destaca una temerosa junta de reclutas de los distintos monopolios incrustados en México para hacer los servicios de su política neoliberal, junta que hace méritos en torno a la imposición de los esquemas económicos de las instituciones internacionales sintetizados en: la contención salarial, la reforma estructural, la destrucción del mercado nacional, el saqueo de los recursos del país, la integración del Estado a los imperialistas, la explotación de las masas y la contención de toda protesta social.
Consecuentemente el poder estatal se echa a cuestas una ignominiosa tarea, intenta controlar todos los procesos en lucha, busca desintegrarlos, separarlos unos de otros, utilizar todos sus medios para que la unidad de los de abajo no se consolide. A la fecha se da cuenta que ya no va ser posible abordar cada problema por separado, aún cuando tienen bien escalonada su ofensiva de reformas estructurales, saben que todavía pueden sacarle provecho al viejo medio de organización de masas que las aislaba en el gremio y las obligaba a sucumbir trágicamente como si esto fuese una condena y no un sistema astutamente elaborado por la burguesía con su reforzado movimiento político, pero ese aparato corporativo también está fracturado ante el descrédito y su plena integración a los intereses capitalistas, se sostiene por la amenaza policiaca, militar, carcelaria y la labor de enajenación entre sus agremiados.
Los últimos años han marcado el paso de un proceso de luchas constantes en las que si bien se parte de las características del movimiento espontáneo que venía emprendiendo la defensa de los intereses de sectores de masas concretos, avanzó en medio de la ofensiva neoliberal a establecer premisas unitarias que alientan la acción conjunta más allá de la acción de respuesta en función de la articulación del movimiento con sus banderas estratégicas, naturalmente sus debilidades persisten, sin embargo, se sostiene y amplía sus horizontes, prepara nuevos combates a los que el régimen se ve obligado a responder meses antes de que ocurran las cosas, tal es el caso de sus vacilaciones en torno a exponer su primer informe de bancarrotas y fracasos.
Tal proceso enfrenta las tradicionales corrientes aislacionistas y sectarias, afronta las tendencias desviacionistas del oportunismo perredista y secuaces, es decir, en medio de una gran diversidad de pugnas, de un lado la indolencia frente a las nuevas situaciones en aras de un caciquismo añejo y mezquino, de protagonismos y visiones fragmentadas de la realidad pronosticando el fin de la clase obrera; de otro lado teniendo que remar contra las presiones del reformismo y la supeditación a la legalidad de los monopolios, en un ambiente en el que vienen doblegándose los socialdemócratas al grado bochornoso de anotarse de intermediarios entre Calderón y las masas, entre el régimen y los países con los que se confrontó hasta el desgaste.
Frente Único hemos planteado, porque es lo que urge al proceso para consolidar la alianza de los explotados y oprimidos, como necesaria organización contra la oligarquía financiera, seguramente tendrá grandes retos para hacer valer la voz y los intereses de las mayorías, pero al estar estructurado de abajo hacia arriba en una nueva organización asambleísta, democrática y combativa, podrá resolver sus dilemas, como ya los resuelven sus primeros bastiones en el magisterio, entre los estudiantes, entre los obreros organizados, entre los campesinos.
Programas de lucha reclama la situación, porque ya no es posible asistir a la protesta, hay que dar cause a nuestras aspiraciones como trabajadores, hay que ordenar y contemplar el panorama que podemos construir contra los oligarcas, contra el capital, contra todo lo que representa el sistema de explotación asalariada.
Organización es lo que reclama la lucha, pues continuamente nuestros intentos de libertad se verán diezmados ni no construimos, si no establecemos desde la colonia, el pueblo, la fábrica, la escuela, los instrumentos de nuestra lucha emancipadora; la organización es ahora una cuestión que se poner a circular en el gran torrente de la lucha de clases, no se trata de un factor para unos cuantos, sino uno de los principales elementos de acción para las inmensas mayorías, que sólo estas pueden llevar a cabo en su máximo alcance.
Asimismo, el trabajo de elevación política de millones y millones para que logren ponerse a la altura de los acontecimientos y sepan actuar conscientemente en defensa de sus intereses más sentidos, reclama su ejecución, y al mismo tiempo, la amplificación de sus formas, sus medios y recursos. El propio desarrollo del capitalismo ha llevado las cosas a tal grado que no basta con hablar de las consignas y necesidades, volviendo indispensable la discusión masiva, regular, organizada, fraterna, de clase acerca de los grandes problemas nacionales, y aún de los pequeños por su clara asociación.
Nuestro pueblo clama por educación política, por cultura proletaria, por una visión suya en torno a la situación general, ello es obra de sus organizaciones, es obra de una organización clasista, que surja de su seno, que aglutine a sus mejores luchadores, que sepa definir las tareas inmediatas de la lucha de clases y nos lleve a los éxitos tan necesarios para la continuación del proceso, como lo es la lucha: contra las reformas estructurales, por la revitalización de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la libertad de los presos políticos, contra el proyecto La Parota, contra las nuevas intentonas del régimen frente a Atenco.
La clase obrera, los campesinos pobres y sectores populares requieren de esa centralidad en sus luchas, ameritan de un uso correcto de sus distintas formas de combatir al régimen en la idea de sacar adelante todas sus fuerzas, sabemos que sólo en la medida en que los distintos procesos se conjuguen en el gran torrente de los combates nacionales vamos a romper con las viejas trabas, con los antiguos mecanismos de luchar para pasar a formas más acabadas en las que cada acción local, regional o nacional sea vista, sea asimilada, sea encausada como elementos de una sola lucha, como bases de un solo cuerpo organizado, como medios que generen réplica en muchos lados y trasciendan en la confrontación con los monopolios.
Una estructuración así de todos los procesos nos permitirá avanzar en los momentos de efervescencia política, nos ayudará a resguardar las conquistas ante cualquier embestida, permitirá que en cualquier circunstancia se pueda defender los derechos populares, se asegure que el régimen deba solucionar importantes demandas: Avanzar en esos terrenos nos permitirá despejar el camino del proceso de acumulación revolucionaria de fuerzas, sus tareas y sus nuevas fortalezas contra el capitalismo.
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