Se registran en nuestro país varios procesos electorales a lo largo del año, como es sabido, acaban de pasar las elecciones en Yucatán, donde el PRI retomó la gubernatura y la dirigencia panista busca ya sólo afianzar Mérida. Los ideólogos del sistema han negado que pudiera haber negociaciones en las alturas de la politiquería, pero los recientes eventos en Yucatán lo confirman.
Lo que se desprende de un somero análisis de los movimientos de las facciones burguesas, a través de sus partidos principales es que las gubernaturas serán concesionadas al PRI, con el acuerdo de seguir avalando la política calderonista, y sobre todo para garantizar las reformas estructurales. Esto se puede corroborar en la aprobación súbitamente de la nueva ley del ISSSTE que despoja a los trabajadores al servicio del Estado de importantes prestaciones de seguridad social.
Lo que se vislumbra para Baja California es que de manera similar a lo acontecido en Yucatán, la gubernatura se negocie para Jorge Hank Rhon, y las presidencias municipales para el PAN. Sobre todo por el bajo perfil de los candidatos del PRI en los municipios frente a los cuadros fuertes del panismo. El asunto es que estos acuerdos no tienen más garantía que los pactos entre bandidos, donde cualquiera puede traicionar la palabra empeñada ante una oportunidad de recuperar espacios de control. Y no sólo eso, sino que a la vez de que se puede estar cocinando el acuerdo, se tiene toda una estrategia alterna para meter la zancadilla en cuanto sea posible; recordemos que muchos procesos electorales (incluido el de la capital de Baja California, Mexicali) se ganan no en las urnas y la faramalla de las votaciones, sino con argucias legales en los tribunales.
Para el proletariado y los importantes sectores movilizados en este periodo la tarea es seguir e intensificar la lucha en las calles, evidenciando –de acuerdo a la táctica y formas de lucha que dictan las condiciones de cada frente de batalla– la bancarrota de la institucionalidad burguesa y la necesidad de la creación de nuevas estructuras de organización proletaria y popular a partir de la ruptura con el régimen.
Gane quien gane el pueblo pierde. Los espejismos de “cambio” de cualquiera de los dos candidatos fuertes: Osuna Millán del PAN y Hank Rhon del PRI tienen comprobado historial negro y represivo. A los obreros y las masas no les queda más que su propia organización de clase, de ruptura contra la política burguesa y por la salida revolucionaria.
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