El desarrollo de las maquiladoras, en las diferentes zonas del país, ha traído consecuencias negativas sobre el deterioro de las condiciones de vida, de trabajo y salud de los trabajadores que emplea.
El gobierno permitió el ingreso de más de 2,200 empresas maquiladoras, argumentando que con ello, disminuiría la migración y el desempleo, pero ello no ha ocurrido. Las empresas maquiladoras, no dieron trabajo a quienes por la situación, se convirtieron en migrantes, dieron trabajo fundamentalmente a mujeres jóvenes, que son hijas o esposas de migrantes.
Lejos de mejorar las condiciones de vida de muchos mexicanos, no sólo no se evitó la migración hacia Estados Unidos, por el contrario estímulo a que aumentara la migración interna, del campo y de los estados del sur a las ciudades fronterizas. Creando rápidamente conglomerados suburbanos sin servicios públicos, en condiciones de hacinamiento, sin servicios médicos. Brindando a las empresas extranjeras las mejores condiciones para explotar la mano de obra mexicana a muy bajo costo.
Hace 4 años se calculaba que había cerca de 900 mil trabajadores en las maquiladoras ubicadas en el país, y que de estos cerca de las dos terceras partes son mujeres menores de 25 años, incluso menores de edad.
La industria maquiladora de exportación a nivel nacional dio empleo a 1,170,962 personas hasta diciembre de 2006. La competencia por conseguir empleo es lo que permite someter a grandes niveles de explotación el trabajo humano sin que nadie reclame nada, incluso tolerando el acoso sexual en contra de ellas, ya que pueden ser sustituidas inmediatamente por otras trabajadoras.
Se sabe que las mujeres se ubican principalmente en las maquilas eléctricas o electrónicas y del vestido; y los hombres en la producción de artículos de metal o de madera. Las ventajas para los empleadores es que las mujeres parecen ser más disciplinadas para realizar trabajos minuciosos. Saben que una mujer -desde la infancia- puede convertirse en una trabajadora polivalente, ya que ha sido capacitada para múltiples habilidades en el trabajo doméstico.
El problema fundamental de la industria de la maquila es el contenido y la intensidad del trabajo. Es un trabajo particularmente monótono, que no implica ningún ejercicio intelectual de los obreros. Todo el tiempo los trabajadores están presionados por cumplir con un estándar de productividad, cada vez más alto, del cual no pueden liberarse ya que de ello depende el valor de su salario y la posibilidad de conservar su empleo. Los jefes intermedios y los supervisores, son los encargados de ejercer presión en forma continua.
Curiosamente, en la industria de la maquila no se reportan enfermedades laborales, ya que los principales problemas de salud de las trabajadoras de la maquila están relacionados con la salud reproductiva, que además de ser un problema de salud es un derecho de las mujeres. Las trabajadores de la maquila tienen hijos con menor peso al nacer en relación a las mujeres que laboran en otras aéreas de servicios o bien que son obreras calificadas. Este hecho se relaciona directamente con la salud de los niños durante su vida futura. También existe el reporte de que la prevalencia de abortos y de niños nacidos en forma prematura en este grupo de trabajadoras es más alta. A pesar de que la mayoría de los obreros son mujeres no cuentan con el servicio de guarderías, de tal forma que sus hijos no están bien atendidos y sólo los dejan “encargados”, lo que es otra fuente de preocupación.
Por otra parte se encuentra los trastornos síquicos y sicosomáticos representan casi el 50% de la enfermedades que se reportan en los expedientes de la seguridad social. En la maquila electrónica, predominan los trastornos relacionados con exigencias mentales, tales como la neurosis, cefalea tensional, gastritis, colitis, hipertensión, mialgias y neuralgias. Dificilmente estas alteraciones se catalogan como parte de las enfermedades laborales, ya que incluso pueden no tener ningún tipo de atención médica, mucho menos de seguridad social; incluso, la atención médica que presta las empresas maquiladoras puede ser más bien una forma de selección para despedir al trajador que ya no pueda desempeñar su empleo.
Así mismo, destacan las enfermedades relacionadas con esfuerzo físico y posiciones incómodas tales como dolor de espalda y fatiga muscular; además son importantes los trastornos oculares y de la piel. Es particularmente alarmante como estos trabajadores presentan una disminución de la agudeza visual conforme aumentan los años de antigüedad en las empresas maquiladoras, con un trabajo muy fino.
A los patrones en nada les preocupa evitar que el trabajador se enferme, por lo que no hay criterios preventivos frente a las exigencias de mantenr la vista fija, alta atención, esfuerzo visual importante, etc. Lo que ocurre cuando aparece un padecimiento, es que el trabajador es expulsado del trabajo. Esto se demuestra cuando se examina el comportamiento epidemiológico de los padecimientos, no existen porque antes el trabajador es despedido. Todavía resulta mas difícil relacionar las actividades industriales de las maquiladoras con los graves trastornos de la salud que denuncian sufrir algunas de las personas que habitan cerca de las plantas.
La denuncias que existen sobre las graves consecuencias medioambientales sobre el agua -de gran escasez en estas zonas-, y en el confinamiento inadecuado de los desechos tóxicos, que provocan que éstos se filtren al agua o al suelo, no han sido escuchadas a pesar de que han sido denunciadas recientemente por comunidades de Tlaxcala y Puebla, cercanas al río Atoyac, destino de los residuos de las maquiladoras de la zona; aunque las autoridades hicieron caso omiso a estas denuncias relacionadas con la exposición a sustancias químicas emanadas de las fábricas.
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