Número 228 semana del 21 al 27 de Mayo de 2007

Productividad en Telmex:
mayor explotación

¿Qué balance se puede hacer después de casi dos décadas en que Teléfonos de México (Telmex) fue privatizada y reestructurada por el capital privado bajo los lineamientos de la digitalización y la programación electrónica (automatización programable)?

Esencialmente, que la reestructuración de la fuerza de trabajo y del contrato colectivo de trabajo, que transfirió 57 Convenios Departamentales -estos regían las relaciones laborales en la empresa- a los Perfiles de Puesto de Trabajo, convirtió a éstos en el eje de la nueva organización del trabajo en Telmex y en los sucesivos Contratos Colectivos de Trabajo.

Los empresarios –con Carlos Slim a la cabeza- pusieron todo su empeño, no tanto en la desaparición del sindicato, sino en su reorganización a partir de los Perfiles de Puesto, las Especialidades y las Áreas Productivas, las cuales, en ausencia de los Convenios Departamentales anulados con el Convenio de 1989, constituyen la estructura que terminó por ensamblar la nueva organización sindical y del trabajo.

De esta forma, es posible constatar un marcado contraste entre la vieja y la nueva organización del trabajo: La productividad y la calidad se buscan ahora por la flexibilidad de las tareas y de los trabajadores en los puestos, así como por fórmulas de implicación de los asalariados en modos de movilización de las competencias.

En Telmex se demuestra que, como resultado de su transformación estructural, la empresa reposa en el aumento de la productividad del trabajo bajo la mayor explotación del trabajador, en el perfeccionamiento de la eficiencia de la compañía telefónica y en la maximización de las ganancias.

La reestructuración productiva y la privatización, condujeron a la política empresarial de vincular los aumentos salariales a los de productividad e impulsó la organización flexible del trabajo, con base en el constante incremento de la intensidad del trabajo. Tal ha sido el grado de esta situación que, alrededor de 50% de los salarios globales de los trabajadores (incluidas las prestaciones y los pagos extraordinarios) se deriva de remuneraciones por concepto de primas de productividad que, se obtienen con altas tasas de intensificación del trabajo. De este modo, el Programa General de Incentivos a la calidad y productividad, estipula que los incentivos por este concepto no integran el salario para ningún efecto legal o contractual.

La dinámica de productividad se expresa cuando se relaciona con el número de trabajadores sindicalizados en Telmex, el cual, entre 1991-1993, cayó de 42 mil 296 en el primer año a 41 mil 722 en el segundo (un decremento de -1.35), y a 41 mil 449 (-0.65) en el tercero; mientras que la productividad se incrementó en las siguientes proporciones: 8.5 trabajadores por mil líneas en 1991; 7.5, en 1992 y 6.89 en 1993.

En otras palabras, si tomamos como medida el número de líneas por trabajador tenemos que, la productividad pasó de 138.11 líneas por trabajador que instalaba en 1991 a 438.25 por trabajador que instalaba en 2002; es decir, se verificó un incremento de 317% en un lapso de 11 años, con un decremento importante en el número de trabajadores que en el periodo disminuyó de 42 mil 298 a 40 mil 234 trabajadores sindicalizados en 2002, una caída de 4.9%.

Telmex disminuyó 614 plazas entre 1989 y 1994, al pasar de 49 mil 203 trabajadores a 48 mil 589, mientras que se dejaron de crear 21,945 plazas respecto a las proyecciones de nuevo personal en el mismo periodo, a pesar de la evidente expansión experimentada por la empresa en los últimos años. Por otro lado, mientras que el personal sindicalizado disminuye 3.38% entre 1989 y 2000 respecto al personal contratado, el personal no sindicalizado aumentó 3.5% respecto al personal sindicalizado en el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) durante el mismo periodo.

En particular, como una estrategia de la empresa para reforzar y acelerar el debilitamiento del sindicato, el personal de confianza aumentó 11% entre 1990 y 2001, mientras que el sindicalizado disminuyó 5.5%.

En la práctica, las empresas utilizan “parámetros de medición” de la productividad de corte productivistas: trabajo a destajo o por pieza, número de instalaciones y reparaciones realizadas por cada trabajador al día, tiempo en segundos en que las operadoras atienden los llamados de larga distancia nacional e internacional, tiempos de atención a los clientes, etcétera. En todas las áreas, se está dando una gran intensificación del trabajo, dondequiera se está midiendo estadísticamente la producción: las oficinas, las centrales y todos los centros de trabajo tienen los tableros y pasillos con gráficos y el premio va llegando, en función de su cumplimiento.

En la práctica, Telmex, muestra que sin realizar inversiones significativas en el proceso productivo, en la tecnología o en el equipo, los capitalistas pueden incrementar la productividad del trabajo con sólo efectuar cambios en la organización de éste. La nueva administración, a base de direcciones operativas y corporativas, creó una nueva distribución y división del personal, que aceleró los flujos de información, incrementó su volumen y perfeccionó la calidad de la misma, sin un aumento de personal sindicalizado y sí, por el contrario, con una disminución del mismo.

En Telmex, los patrones y gerentes, no diferencian la intensidad del trabajo de la productividad, no porque la desconozcan, sino porque así conviene a sus intereses. Por lo que hacen pasar la primera (que supone desgaste físico-intelectual del obrero) por la segunda, como si el desgaste del obrero no ocurriera y el incremento de la producción fuera resultado del “progreso técnico” y de la “perfección” de la organización laboral.

El incremento de la intensidad del trabajo, entre otras causas (como lo es la mansedumbre y el colaboracionismo de la dirección del sindicato con la empresa), se origina de la fuerte derrota que significó la cesión de la Cláusula 193 del Contrato Colectivo de Trabajo por parte de la dirección del STRM a la empresa, ya que entregó a ésta todo el control de la introducción de tecnología, con lo que en lo sucesivo pudo reestructurar las líneas de trabajo y los procesos productivos en función de sus intereses.

La privatización de Telmex selló el estancamiento, por un lado, de nuevas prestaciones tanto económicas como laborales para los telefonistas; por el otro, un retroceso en las ya adquiridas. Desde 1990, el endurecimiento de las restricciones laborales y salariales al gremio por parte de los nuevos dueños de Telmex, su ambición por maximizar las ganancias al mínimo costo posible y en el menor tiempo permisible, además de la asimilación del líder vitalicio (Francisco Hernández Juárez) a las políticas de la empresa hasta convertir al Sindicato en una organización pasiva y apéndice de Telmex, todo esto explica ese proceso de involución y pérdida gradual de las conquistas que desde principios del siglo XX fueron ganando las generaciones anteriores de telefonistas.

Si bien, se conserva una estructura de contrato colectivo que norma las relaciones laborales (obrero-patronales), la tendencia actual es individualizar, cada vez más, esas relaciones; es decir, contar con un trabajador aislado, frente a la omnipotencia del patrón. Depende, naturalmente, de la lucha de los trabajadores sindicalizados –y también de los eventuales- de Telmex, el revertir estas tendencias flexibilizadoras, tanto de las formas actuales de las relaciones laborales en la empresa de telecomunicaciones desde su privatización, como de la restitución de sus derechos contractuales, salariales y sindicales, así como la democratización de su sindicato.

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