El régimen está de cruzada contra los bastiones democráticos del magisterio, es decir, contra la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), fuerza fundamental de la lucha contra las reformas a la Ley del ISSSTE. Los enemigos del magisterio se sentían muy seguros hasta hace poco con respecto de haber dado el madruguete en los términos legales, y repentinamente sus ilusiones se desvanecen, por lo que buscan lanzar una nueva ofensiva.
En el centro de éste choque destaca el poder ejecutivo esforzándose por crearse una imagen de reformador del pueblo, sapiente gobernante neoliberal, presidente de los monopolios en México; así, Calderón destaca en su línea el allegarse a la escoria del charrismo sindical, se asegura su conformidad y la de las mafias que se han beneficiado con los recursos de los trabajadores del Estado, cuenta con los mecanismos represivos, disuasivos y mediáticos para hacer aparecer la situación del país como en calma absoluta.
Calderón ha firmado compromisos para desmantelar esta área de los derechos sociales de los trabajadores al servicio del Estado y por tanto su posición está delimitada, no busca ningún acuerdo con los trabajadores, sino doblegarlos, él ya entregó sus derechos a las mafias del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y los monopolios, ahora espera que sus dictámenes se cumplan, que el magisterio democrático no revierta esas medidas neoliberales.
Los charros por su parte esperan afirmar su control sindical y hacerse con ganancias importantes de contratos sobre los servicios financieros de los recursos del ISSSTE, ello les lleva a difamar a los sectores en lucha, arguyendo que en lugar de salir a la calle es momento de pactar, como en efecto ellos lo hicieron, señalan que no son tiempos de idealismos sino de aceptar el realismo del gran negocio, como también lo están haciendo, machacan que los tiempos han cambiado en pro del mercado, en fin, recurren a la propaganda de ofrecimiento de bondades que nadie ve excepto ellos.
Las cámaras, que son quienes aprobaron la reforma sin inmutarse, ahora se desentienden, soberbiamente declaran que el pueblo ya decidió, pues dicen representarnos; por tanto, “no hay nada que hacer”, ese aparente éxito, no debería tener objetores, pero la realidad es mil veces necia, las dinámicas del movimiento de masas serán las que marcarán los tiempos y no los opresores desde sus trincheras estatal-burguesas.
La burguesía como es de esperarse, beneficiándose de esta reforma en concreto y en perspectiva rumbo al conjunto de postulados que pretende afirmar para el desmantelamiento de la Ley Federal del Trabajo, la reforma hacendaria y las privatizaciones, crea diversos señuelos para distraer la atención del pueblo; no podría ser de otra forma, máxime que durante meses y años se dedicó a establecer sus posiciones en armonía con los intereses imperialistas. Por ello no es extraña la apuesta mediática a hacer pasar las cosas como el descontento de unos cuantos, a sembrar la discordia y amedrentar con “penas más severas” para quien presione a la autoridad, pero hoy las masas trabajadoras decimos, eso no va a resultarles.
Entonces en estas agresiones financieras, era de esperarse que los gobernantes encabezados por Calderón comenzaran a hablarnos de constituir un frente contra la delincuencia, el terrorismo y la protesta social. Su tendencia pro yanqui les lleva a liquidar todo resquicio nacional y a tratar los asuntos conforme a los intereses gran burgueses, a violentar los derechos sociales y acusar a tipificarlos como fuera de su Estado de derecho, naturalmente, su frente es: el Estado, los monopolios, los partidos burgueses y las elites charras de los sindicatos, en tanto las masas sólo deben mantenerse sin chistar, sin movilizarse, pues eso es precisamente lo que tanto temen, masas movilizándose, protestando contra las reformas, contra las violaciones del ejército, contra el contubernio con el narcotráfico, contra los gobernadores, contra los monopolios, contra las difíciles condiciones de vida.
Las presiones, los chantajes, la coerción y la represión están a la orden del día; el régimen y sus servidores están temerosos de que cualquier estallido sirva de instrumento a las más amplias acciones de masas, saben que el magisterio democrático reafirma año con año su influencia en importantes sectores populares, e incluso aproxima posiciones con el proletariado; por tal motivo, busca los arreglos y las promesas inciertas, el régimen tiene claro que en algunos sectores todavía subsiste una influencia crítica de la socialdemocracia perredista, a la cual mete mano para que por vías indirectas, diputados y senadores del PRD y Marcelo Ebrard, se desvíe la lucha, se le arrincone de los espacios públicos, se le margine con respecto de los lugares donde se evidencian las miserias del sistema, como es el caso de la Cámara de Senadores.
Así se hace el trabajo de sabotaje a la movilización al saber que no son suficientes los instrumentos charriles, que Elba Esther está agotada como instrumento de consenso, que su fuerza se apoya en la ausencia de masas organizadas en muchos estados, se percatan de que no podrán contener un movimiento desproporcionado, por eso su apuesta es ignorar los hechos de la protesta en la calle, simular que las cosas marchan bien, comprar a quien se pueda y reprimir donde sea posible, encarcelar por doquier a fin de sembrar el terror de Estado.
Pero los días avanzan con nuevas de la movilización nacional, con el desarrollo de la lucha y la organización, con la unidad de nuevos contingentes, con la ubicación de un nuevo programa del pueblo, la identificación de sus enemigos, el esfuerzo superior de soportar lo que venga en aras de consolidar el Frente Único, los frentes sectoriales contra el régimen y la clase burguesa.
|