Número 228 semana del 21 al 27 de Mayo de 2007

Monopolios y libre comercio

La presencia del libre mercado, según sus ideólogos, de facto implica libre competencia entre países y empresas a nivel del merado internacional, aunque, en realidad son los grandes monopolios los que imponen los precios, uno de los ejemplos más representativos se da en el caso del petróleo, donde son los monopolios los que se ponen de acuerdo en el precio de compra y venta de éste.

El libre mercado en absoluto, es una falacia, pues se supone todo se regula a través de él, sin embargo, lejos de beneficiar a todos los que participan en él, sólo beneficia a los grandes monopolio, a la oligarquía financiera, a las países imperialistas, que son los que se quedan y se reparten las ganancias.

Hoy día existe una gran cantidad de Tratados de Libre Comercio, ya sea entre dos o más países al mismo tiempo, estos al impulsar el llamado libre comercio, busca acabar con las barreras arancelarias entre los países, de tal forma que se permita la libre circulación de las mercancías. Esto no ocurre así, ya que las grandes potencias y los monopolios protegen algunos de sus productos y prohíben la entrada de mercancías, principalmente de aquellas provenientes de países pobres.

La entrada en vigor de los acuerdos comerciales entre países implica modificaciones legales a las constituciones, pasar por alto la soberanía nacional y otros preceptos de los estados-nación, en pocas palabras, el avance del mercado y la sed de ganancias del capitalismo, implica modificaciones a la legalidad burguesa.

Situación del campo mexicano

Hablar de la situación del campo mexicano, nos refiere a la pobreza en que viven miles de campesinos y comunidades indígenas; por años, el campo ha sufrido el abandono del gobierno, no existen programas reales que beneficien a los pequeños y medianos productores y con la entrada del neoliberalismo, sus tratados de libre comercio y otras políticas económicas, el campo ha acentuado su ruina.

De la mano de lo anterior, la importación desmedida de productos agrícolas, productos de origen animal y agropecuarios, todos ellos con bajos aranceles, han permitido la invasión de productos provenientes de otros países al mercado mexicano, sin importar que esto dañe a los pequeños y medianos productores.
Desde el Acuerdo General de Aranceles y Comercio, mejor conocido como GATT -por sus siglas en inglés-, al cual México ingresó en 1982, abrió al país a una mayor importación de productos agropecuarios. En ese año se liberalizaron los insumos agrícolas, energéticos, fertilizantes y maquinaria; para 1988, se abolieron los precios de garantía, los cuales eran una especie de seguro de producción agropecuaria; en 1992 se abrió paso a la reforma del Artículo 27 constitucional, con lo cual se dio paso a la privatización de tierras ejidales y pone fin a la responsabilidad del Estado de otorgar tierra a los campesinos, con esta medida deja las puertas abiertas para que los monopolios se adueñen de las tierras más fértiles en grandes proporciones y sin restricción alguna.

Los grandes monopolios como Cargill, Archer Daniels Midland, Nestlé, Monsanto, DuPont, Novartis, Aventis, Minsa, Maseca, Tablex, Bimbo, Moltrin, Munsa, Arancia, Almex y las grandes compañías de refrescos embotellados cuentan con preferencia para obtener no sólo las mejores tierras, sino las facilidades para comerciar sus productos por encima de los campesinos pobres, que debido a la competencia desigual se ven en la necesidad de rentar sus tierras a dichas empresas; lo paradójico es que ante la falta de oportunidades, también trabajan en esas mismas tierras por salarios miserables.

El campo mexicano, llegó al libre comercio: arruinado, descapitalizado, atrasado tecnológicamente, en materia de importaciones. El Estado ha gastado más de 60 mil millones de dólares (mismos que en realidad han pagado los campesinos pobres y los trabajadores del país), aproximadamente 400 mil campesinos migran por año, en los trece años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se han perdido al menos un millón 300 mil empleos en el campo.

Cargill, Clayton, Anderson, Pilgrims, Pride, Continental, sólo por mencionar algunas, pertenecen al grupo de las principales empresas que controlan el mercado y la comercialización de alimentos. Además, en los países pobres, como en el caso de México fomentan el monocultivo de productos que se industrializan en los grandes monopolios de alimentos enlatados y embotellados.

En términos generales, el libre comercio a nivel internacional ha traído consigo como consecuencia: desempleo, privatización de empresas paraestatales, el avance de la privatización de los servicios, de los energéticos, las telecomunicaciones, migración y una mayor pobreza, no sólo en los países pobres, sino también en los países ricos y altamente industrializados.

El capítulo agropecuario del TLCAN

Hace ya trece años de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Canadá y Estados Unidos. Dicho tratado incluye un capítulo agropecuario que en el 2008 tendrá apertura, con ello se afectará, de forma más drástica a miles de campesinos pobres, cuya producción no puede competir con la de los grandes productores yanquis.

Dentro de los pasos dados por el gobierno mexicano, se encuentran el finiquito agrario y actualmente el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede), programa que tiene como meta finalizar este año, debido a que gracias a éste los campesinos pueden vender su parcela o solar, aún y cuando estos sean de propiedad comunal.

El Procede ha sido promovido sobre todo en comunidades que cuentan con grandes extensiones de tierra fértil o enormes cantidades de recursos naturales, principalmente en comunidades pobres del sur y sureste del país, donde, además, existe una gran biodiversidad.

Como buen subordinado a los intereses del imperialismo yanqui, los gobiernos mexicanos en turno, han acatado al pie de la letra los lineamientos del TLCAN, mientras que el gobierno yanqui, ha avanzado en cuanto a la protección de sus productos agropecuarios. Ejemplo de ello es la Ley de Seguridad Agrícola e Inversión Rural, dicho proyecto, propone aumentar el subsidio a los agricultores estadounidenses, esta ley estará vigente hasta el 2011, con esta ley quedan protegidos: el trigo, el maíz, el algodón, el arroz, la cebada, la soya, la avena y el sorgo.

A trece años del TLCAN y sus supuestos beneficios para la población, los realmente beneficiados son los monopolios dedicados a la agroindustria de la cerveza y el tequila, grandes productores y empacadores de frutas de exportación, hortalizas, importadores de carnes y granos, la industria refresquera. Mientras que los pequeños productores de soya, maíz, frijol y trigo se han visto desplazados por las importaciones y los grandes agroindustriales.
Se ha incrementado el número de inversiones yanquis en el campo mexicano, lo cual sin duda ha requerido que los campesinos medios y pobres vendan sus tierras, para las grandes cantidades de productos agrícolas que requieren los monopolios agropecuarios.

En México, desde hace 25 años, el gobierno decidió que le era más barato y fácil importar el maíz, que incentivar su producción, debido a ello ha incrementado el precio del maíz y la tortilla en el país.

En el caso de frijol, este se produce en superficies pequeñas, las familias que se dedican a este cultivo, lo hacen a costos elevados y venden al aprecio más bajo del mercado, mientras que los productores yanquis cuentan con subsidio, grandes extensiones de tierra y tecnología de punta.

En el caso de la leche, las importaciones también se han incrementado, de los 12,372 millones de litros de leche, que estima la Secretaría de Agricultura, son el consumo nacional, al menos 2,507 millones de litros son importados. El caso del arroz es aún peor, tras la entrada el arroz asiático, México se volvió dependiente casi en un 80% de las importaciones, tanto del arroz asiático como del yanqui.

Maíz, frijol y leche en polvo, al menos en estos rubros ya depende México de las importaciones. Ahora la mira está en el azúcar, apenas hace unos días, el 13 de mayo, la Secretaría de Economía anunciaba que se bajaría el arancel para la importaciones para el azúcar; es decir, de los 288 dólares que se pagaban hasta ese día por tonelada, ahora se pagaran 35 dólares, esto intencionalmente en beneficio de los grandes productores yanquis, ya que Estados Unidos acaba de anunciar que tiene un superávit en la producción de azúcar. Lo mencionado no se da por casualidad, ya que ahora la mira de los monopolios, se encuentra sobre la producción de biocombustibles a partir de productos agrícolas.

Los voceros del sistema, mediante los medios de comunicación, no se cansan de pregonar que el TLCAN es el mayor éxito económico que ha tenido México en los últimos años. Así mismo se contentan con decir que los hijos de los campesinos ya no tienen que migrar, pues encuentran empleo en las construcciones y en las maquilas, gracias a la inversión extranjera que existe en el país, gracias al libre comercio, por supuesto evitan hablar del cierre de fuentes de trabajo, de las condiciones de vida y trabajo a las que estos jóvenes están sometidos. La miseria y hambre que viven los campesinos y jornaleros agrícolas, no las regula el mercado.

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