Número 227 semana del 14 al 20 de Mayo de 2007

Trama del proceso revolucionario

En el quehacer cotidiano de las masas trabajadoras, de su resurgimiento a la lucha, muchos aspectos se llegan a presentar como cosa establecida para siempre, diversos elementos de su organización sugieren alcanzar grados de perpetuidad; mas estas cuestiones son sólo aparentes, la clase dominante hace el máximo de esfuerzos por socavar los progresos del movimiento, especialmente por aplastar el sentido mismo del proceso de la lucha de clases.

Tal sentido nos habla de una trama de acontecimientos, de diseño de programas, de integración de luchas, de armonización de un pensamiento proletario, de conjugación de una serie de factores organizativos y de concientización sin los que ya no puede abordarse, en concreto la perspectiva revolucionaria.

Dicha trama tiene varios elementos, destaca de ellos una línea que asegure el paso a la siguiente etapa de lucha, respalda la continuidad de las luchas históricas del proletariado, los campesinos pobres, el magisterio, los estudiantes y diversos sectores populares, recoge las luchas generales haciendo un intento por proyectarlas en sus más amplias potencialidades.

En lo que se refiere a los ejes centrales se destaca de la etapa actual: 1.- la lucha por la unidad, la plasmación de estructuras fundamentales que permitan aglutinar, organizar y lanzar al combate a las inmensas mayorías de este país; 2.- ensanchar la comprensión de los fenómenos del capitalismo, las circunstancias en que se encuentra en nuestro país y sus imperativos; 3.- la asimilación del carácter del aparato estatal y la aplicación de tal comprensión en los esfuerzos del pueblo contra aquel; 4.- el asegurar que las masas se aferren a establecer la nueva alianza de clases que les permita ponerse al frente de su propia historia, y; 5.- superar las inercias, los estragos, las debilidades, las dificultades y la noción del movimiento.

De esta etapa de frente único contra la oligarquía financiera y su Estado, de choque contra sus políticas de reforma estructural pro-imperialista, efectivamente resalta un hilo conductor del proceso, es ese que conjuga táctica, organización y lucha, aspectos enmarcados en una armazón de sentido revolucionario, que contempla:

a) Nuestro reconocimiento de las fuerzas y debilidades del movimiento de masas, sus organizaciones, bases y cuadros, sus primeros retos. De todos los actores se exige no sólo mayor decisión, sino un claro conocimiento del terreno, de aportar al esclarecimiento fraterno de los puntos de vista, la raíz de los acuerdos y las diferencias, las posibilidades de acción a corto o largo plazo, la aceptación de que todos los concurrentes van retroalimentando sus perspectivas e identificando aquellas contradicciones temporales, o bien, no antagónicas en el marco de la defensa de los intereses populares en el contexto actual.

b) La asimilación de las capacidades de la burguesía y su régimen para quebrantar muchas acciones, pero su incapacidad para impedir que la lucha de clases persevere. Ello nos lleva a cuidar mejor no sólo de la unidad, sino de todos los procesos, a reconocer que incluso en medio de diferencias debemos saber velar por el desarrollo de cada lucha, debemos respaldar, apoyar y reforzar las luchas de nuestro pueblo, sin detenernos por el quién organiza o cómo organiza de primera instancia, sino entregarnos a colaborar, a llevar las banderas del movimiento que se han venido aquilatando en los últimos años.

c) Las divergencias están para ser atendidas, si bien algunas no se solucionen, todos estamos obligados a colaborar para que no afecten la marcha de la lucha de clases, que no la detengan, ni mucho menos sean abandonadas a merced del enemigo, cualesquiera protestas populares que ocurran, así sea que en los graves problemas de algunos movimientos para asimilar el hecho de que por doquier haya intentos por acercar sus luchas a los grandes procesos, no acepten, cuestionen o se rodeen de posiciones sectarias, los luchadores sociales, máxime las masas organizadas, tenemos la obligación de seguirles de cerca para respaldar y aportar nuestra contribución en la solución de sus problemas.

d) Las secuelas del nacionalismo revolucionario y de las alianzas entre burguesía y pequeña burguesía para imponer una política de “protesta sin lucha anticapitalista”, siguen obrando en nuestra contra, no podemos negarlo, sin embargo, hay que trabajar para que todas sus implicaciones sean superadas; es claro que donde se peca de estos males recurrentemente se dan planteamientos de combate contra los revolucionarios, especialmente contra los que hablamos de revolución proletaria, no es algo nuevo, ni nos va a retrotraer de nuestras posiciones, se trata de procesos a los que sólo les queda madurar para sobrevivir o el capitalismo se encargará de arrinconarlos a una política de concesiones y silencio.

e) Ahora resuena con particular vigor la necesidad de que los combatientes democráticos, progresistas, humanistas, revolucionarios, aseguren una marcha tal del proceso en la que el esfuerzo preponderante sea saber golpear al verdadero enemigo, en asegurarse de que la unidad mínima deba mantenerse bajo la inclinación de los intereses proletarios, campesinos, etc.; en las estructuras creadas y por crear, en los frentes constituidos y por constituir, hay que armonizar una división del trabajo, una compartimentación de tareas, una línea organizativa, un prevalecer de las formas de consulta y decisión populares, mecanismos donde las diversas decisiones, orientaciones y tareas de cada organización y del conjunto de las fuerzas no choquen con la marcha del proceso.

Si logramos integrar intereses, formas de organización y medios de decisión proletarios y populares, los comunistas estamos convencidos de que la trama del proceso no podrá ser rota por ningún punto, no encontrará puntos vulnerables, y la defensa de nuestros intereses grandes o pequeños va a encontrar una firme victoria.

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