A casi un mes de haberse legislado, en la Ciudad de México, la despenalización del aborto hasta las doce semanas de gestación, no ha menguado la polémica y la lucha mediática entre los opositores a la despenalización y los que la apoyan.
El sacerdote diocesano Antonio Roqueñi, hablaba de que para los grupos conservadores –alta jerarquía católica, empresarios y PAN-, era una “batalla perdida” desde el momento en que se había llevado la propuesta a la Asamblea Legislativa del DF, que como era de esperar, el PRD y el PRI lograron una mayoría para aprobar la despenalización del aborto en el Código Penal del DF.
Los grupos conservadores y reaccionarios (como el Yunque, Pro-vida o la Arquidiócesis Primada de México), fieles a sus principios morales, decidieron recurrir al recurso mediático de la descalificación y el miedo en su propaganda contra el aborto; ante la escasa respuesta social, la movilización y protesta a que convocaron no tubo éxito en ningún lado, y en su lugar sólo se vieron grupos reducidos de personas que titubeantemente mostraban carteles y gritaban consignas.
Por tal motivo subieron de tono los spots televisivos y las declaraciones de las personalidades, representantes del ala más reaccionaria de la burguesía nacional e internacional. Cabe mencionar la gran cobertura que han tenido éstos por los monopolios de la comunicación como Televisa y TV Azteca, como lo ha sido los amplios espacios en noticieros, programas de opinión, etc. tal es el caso de Jorge Serrano Limón, Director de la Asociación Civil Pro Vida, o la amplia difusión de las declaraciones de altos jerarcas de la Iglesia católica.
Las declaraciones de estos jerarcas, como la amenaza de “excomunión” a los diputados y personas que apoyen el aborto, por parte del Cardenal Norberto Rivera y apoyada por el Papa Benedicto XVI, violan la constitución mexicana sobre el Estado laico que dice: “los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”. Pero no nos extraña encontrarnos, en los últimos años, al alto clero haciendo declaraciones políticas, siempre favoreciendo a los gobiernos reaccionarios panistas, pues con ellos en el poder se sienten protegidos.
Esto muestra que el poder de decisión o de influir sobre las masas, sólo lo detentan los grandes monopolios y su ejército ideológico compuesto por esbirros de la calaña del corrupto Serrano Limón. Estas campañas llegan al descaro de ser simples anuncios publicitarios, como el de las Farmacias Similares que promueven la venta del simicondón mientras aluden al no aborto. Todos los politiqueros, trátese de cualquier partido electorero, eliminan de facto cualquier forma de opinión popular como el referéndum, a sabiendas que se les puede salir de las manos el asunto a tratar.
Es a las trabajadoras mexicanas a quien más le incumbe la decisión sobre este asunto, sobre todo a los sectores más desprotegidos por la seguridad social y con mayores índices de marginación, que es donde hay mayores índices de morbilidad y mortalidad prenatal. En México, el aborto está considerado como la tercera causa de muerte materna y, según estimaciones de los legisladores en el Distrito Federal, al menos 3.000 mujeres mueren cada año por practicarse un aborto clandestino.
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