La jornada de movilización del 30 de abril al 4 de mayo de este año, deja en claro que la lucha en las escuelas no tendrá mucho futuro si no es con la unidad de los trabajadores, académicos y estudiantes. Tanto los consejos de huelga creados recientemente, como los paros llevados a cabo en casi la totalidad de las escuelas, al menos en el Distrito Federal el 2 de mayo, fue la prueba de los logros de la unidad tripartita, falta ahora fortalecerla y hacerla real más allá de la coyuntura.
Esta unidad por supuesto no se creó de la nada, su origen viene desde las luchas que en distintos momentos cada sector dio aislado de los demás. La situación actual en la que se presentó una demanda tan específica, como lo es la abrogación de la nueva ley del ISSSTE y el aprendizaje que cada sector realizó en su propio camino, dio cuenta de la imposibilidad de actuar cada quien por su lado y de conformar nuevas formas de organización. El estudiante no puede ya avanzar sin el trabajador de su escuela y viceversa.
Así pues las asambleas estudiantiles, la desorganización y apatía de los académicos y trabajadores, y las luchas muchas veces desesperadas de las corrientes sindicales democráticas, dan paso ahora a las Asambleas Tripartitas, que aún cuando no abarcan todavía al grueso de la comunidad significan en lo esencial un ascenso cualitativo en las luchas del sector educativo, dejando de lado las luchas meramente solidarias y abriendo brecha para la búsqueda de una plataforma lo suficientemente amplia y comprometida, donde queden engarzadas las demandas de la comunidad en su conjunto y consecuentemente la movilización indisoluble de los tres sectores.
Esta tarea es la que toca ahora resolver. Se comprende que no queda exenta la organización de cada sector en lo específico, así como los trabajadores y académicos tienen que organizarse como tales por sus demandas laborales y por la democratización de sus estructuras sindicales, así también los estudiantes no pueden dejar de lado la construcción en lo inmediato de la Organización Nacional Estudiantil, que cohesione y de curso a sus propias luchas.
La diferencia es, que cada una de estas tareas no podría ser resuelta sin la participación de los tres sectores; es decir, que cada quien tiene una aportación que dar y un papel que jugar en la lucha del otro, sin que signifique que ponemos al mismo nivel al trabajador que al estudiante. En el caso del 2 de mayo en muchas escuelas los estudiantes fungieron el papel de empujar a los trabajadores a la acción, dándoles confianza en sus propias capacidades de movilización y mostrándoles un posible camino por donde avanzar.
En otros casos fueron los propios trabajadores quienes en su mayoría realizaron los paros y cierres, si bien en esos casos no hubo mucha participación estudiantil, en parte se debió al poco acercamiento de los trabajadores hacia los estudiantes y a la poca presencia de activismo estudiantil en esas escuelas. A pesar de que sin la presencia de los trabajadores las escuelas no funcionan, igualmente es cierto que el alcance político de las acciones es mucho mayor cuando se impulsan tanto por trabajadores y académicos como por los estudiantes.
Las posiciones tanto charriles e institucionales, como ultraizquierdistas -que de una u otra forma separan el accionar conjunto de trabajadores y estudiantes-, deben ser combatidas y rebasadas, ya que los intereses que los unen en la lucha van más allá de cuestiones meramente gremiales; tratar de rebajar el papel de cualquier sector resulta pernicioso para el movimiento.
Aún así las cosas avanzan, las jornadas de mayo sirven como impulso para nuevas y más fuertes movilizaciones, como el siguiente Paro Cívico Nacional del 17 de mayo y el Paro Indefinido que iniciaron algunas secciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación el 7 de mayo, a la cual se sumaron otras organizaciones y sindicatos, así como el Paro Nacional de Universidades el 21 de mayo que puede ser empujado.
Finalmente aunque no se sumaran todos al Paro Indefinido, la participación en los paros nacionales subsecuentes independientemente de su duración, la construcción de los consejos de huelga y el trabajo de conciencia y organización de los sectores no organizados, contribuirá hacia la realización de la Huelga Nacional, tomando ésta como medio recurso a fin de parar las reformas estructurales, echar atrás las nuevas leyes aprobadas que van directamente contra los pocos beneficios laborales o de seguridad de los trabajadores, también como instrumento de educación política para las masas, que las prepare para los próximos combates cada vez más duros y radicales contra el capital.
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