Felipe Calderón renunció a presentarse frente a los trabajadores, incluso ante las centrales corporativizadas del charrismo sindical, con el argumento de separar al jefe del Estado de la autonomía los sindicatos, pretendió posicionarse en un acontecimiento del que fue desplazado por la movilización obrera, y que le fue completamente adverso; así con una maniobra, buscó mejorar su posición y su condición de enemigo de los trabajadores.
Es un hecho que las políticas de privatización han atenuado gradualmente el control que el Estado ejercía sobre los trabajadores por medio del charrismo sindical, al grado que el pasado primero de mayo, la burguesía optó, por disimular el descontento que provoca la actual situación de vida de los trabajadores y del ambiente enardecido que prevalece después de la reforma al régimen de jubilaciones y pensiones del ISSSTE.
También la participación de los trabajadores que tradicionalmente eran encabezados por el charrismo oficial como el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), entre otros, se vio disminuida de antemano, previniendo un posible contagio de la radicalidad que se vive en otros contingentes del movimiento sindical que en la plaza del Zócalo levantaban la consigna de la Huelga General.
El esconderse de las columnas proletarias es consecuencia de una serie de acontecimientos acumulados que desprestigiaron al régimen desde el sexenio foxista, como la impunidad vigente en la tragedia de Pasta de Conchos, la intromisión en el sindicato minero, el constante asedio a los contratos colectivos de trabajo como al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y al Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres (SUTCOBACH). Se suma al desprestigio de la burguesía, la crisis que provocó la especulación en el precio de la tortilla y el aumento de precios, que ha venido en ascenso desde principios de año y que el régimen quiso desvanecer con el mísero aumento del 3.8 por ciento al salario mínimo.
, pues la realidad que vive el país se manifiesta en las calles con exigencias concretas que no aceptan evasiones ni promesas: la jornada por la restitución del salario, la libertad de los presos políticos, la caída de Ulises Ruíz y el respeto a los derechos humanos, entre otras, son el escenario actual.
En las jornadas de mayo se están poniendo en evidencia el aislamiento que la oligarquía tiene respecto de los proletarios y el pueblo, de igual manera representan un dique a las intenciones de consumar la reforma fiscal que se encuentra estancada en medio de titubeos, derivados de las consecuencias que esta reforma pueda generar, pues de cualquier forma en que quieran pasarla los agredidos con ésta serán los trabajadores del campo y la ciudad.
Por otro lado, el cabildeo entre los partidos políticos para avanzar las siguientes reformas le está dando resultados negativos a la oligarquía, ya que entre los partidos burgueses esta complicidad repercutiría negativamente en sus ambiciones electorales; el PRI y el PRD no quieren comprometer sus cotos de poder frente a una respuesta popular, que acabe por desconocerlos y poner complicaciones, aún mayores, al conjunto del régimen, como aconteció en el estado de Oaxaca cuando el pueblo organizado en la APPO, rebasó a los partidos y está trazando una alternativa popular y democrática para el estado.
El proyecto del imperialismo de profundizar el neocolonialismo por medio de las reformas estructurales enfrenta serios problemas, ya que el régimen no logra convencer a los trabajadores de la ruta que trazó con las reformas, no es para menos pues los estragos de su política son inocultables.
El desprestigio del gobierno calderonista va en aumento, hoy no tiene capacidad de encarar a los proletarios, su política se estanca entre negociaciones de mercaderes en el congreso, su protagonismo mediático va cediendo a los representantes de la ultraderecha y la única ruta que parece tomar es la política del cuartel, la acentuación de la política represiva y fascistoide.
Los frutos de la exitosa jornada de principios de mayo son terreno ganado a la burguesía, al charrismo, a la dispersión de la lucha; ofrecen mejores perspectivas al desarrollo de la acumulación de fuerzas y se convierten en una valiosa experiencia para la clase obrera y las masas populares, que participan en las acciones.
A la burguesía se le acorta el terreno, se enreda en sus contradicciones de poder y no encuentra las circunstancias de encontrar inmovilizada a la clase obrera, sus intenciones de encarrilar la lucha de clases al parlamentarismo están fracasando, superadas por el espíritu de lucha que se generaliza.
La respuesta de mayo nos indica que los obreros y explotados tenemos el viento a favor, por tanto, los esfuerzos por alcanzar el Frente Único contra el régimen se tienen que redoblar, en miras a consolidar una ruta proletaria en la lucha de clases de nuestro país.
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