Número 226 semana del 7 al 13 de Mayo de 2007

Exigencias del trabajo revolucionario

Bajo la protesta general por todo el país, la burguesía sigue atreviéndose a chantajear con el montaje de que todo se debe a profesionales de la violencia, el régimen asegura que son gentes que se aferran al pasado las que se oponen a sus sabias iniciativas pro imperialistas; los partidos políticos arguyen que es producto de mala fe que se les denuncie como vende-patrias; y sus parlamentarios verdaderos mercaderes arribistas, declaran que quienes se oponen a las reformas estructurales se oponen al futuro. Así, todos ellos se dan la mano en santa cruzada contra el pueblo, se empeñan, por si fuera poco, en desviar su atención en diversas cuestiones sobre ex presidentes y otros “menesteres” para no abordar los graves problemas a que se enfrentan, al tratar de prestar sus mejores servicios a los imperialistas.

Pero el pueblo se mantiene firme en su camino, sabe que hoy debe preparar la unidad, ganar entre sus sectores una amplia alianza, construir organización, generar cuadros salidos de las masas. No son cuestiones que se desdeñen, son cuestiones urgentes; no obstante debemos mejorar la calidad y dinamismo de tales trabajos, el movimiento mismo llama a dedicarles la atención estructurada, a destacar cientos y aún miles de cuadros salidos del seno de los trabajadores, esforzados en prepararse para las tareas revolucionarias, de cuadros que deban rendir frutos ahí donde la lucha de clases los requiere.

El movimiento de masas requiere emprender tareas de diversa índole, amplias orientaciones, tareas y labores a las que todos sus sectores y clases le consagren sus máximos esfuerzos, que los dirigentes mismos se formen al calor de la lucha como elementos firmemente esclarecidos.

Los próximos combates del pueblo nos obligan a prever las particularidades del proceso, pero también a formar organizadores concienzudos capaces de encausar la energía de masas; cronistas audaces para procesar cada momento particular y hacer continuar la trama de acontecimientos en tareas de masas muy concretas; agitadores verdaderamente profesionales que no sólo digan las cosas con convicción, sino que expongan con claridad los problemas; ideólogos del movimiento que fortalezcan en las masas el pensamiento proletario, su conciencia de clase; comandantes que sepan dirigir o replegar acciones frente a las policías y militares; estrategas del arte de ejecución de cada movilización; diplomáticos sagaces que sepan extraer el máximo de cada combate en el trato con el enemigo y los aliados; propagandistas que sepan captar todo aquello que como pueblo necesitamos inmediatamente en la comprensión y atención, a manera de disponerse mejor a la lucha y lo transformen en todo tipo de material de prensa y propaganda; redactores que sepan plasmar inmediatamente los acontecimientos de la lucha, los problemas de las masas, las represiones, las acciones de los gobernantes locales, estatales y nacionales, las acciones burguesas, etc.

Todo eso y más, nuestro Partido considera que se requiere para ponerse a la altura de la nueva ola revolucionaria, que parece detenerse a cada rato dándonos una nueva oportunidad para reconfigurar las tareas en ese sentido, para cualificar a la organización.

El trabajo no estará completo sin antes consolidar una ardua labor organizativa, dicha labor es decisiva al observar cómo se apoya la burguesía y sus esbirros para dificultar la lucha de clases; cómo esta crea temores, inseguridades, amenazas, disuasiones y reglas reaccionarias para impedir a toda costa que los explotados y oprimidos nos desbordemos en el creciente descontento con la situación.

Los últimos procesos de lucha dan cuenta de que los trabajos organizativos, agitativos, propagandísticos no están de más, por el contrario, resultan fundamentales para contrarrestar los efectos de la política de masas de la burguesía, que se enfocan a la desmovilización e inculcan el derrotismo durante el día y la noche. Los activistas del movimiento que creen que esto puede sustituirse con una simple orden sindical o gremial, se equivocan, y los revolucionarios deben hacerlo ver de muchas formas que aproximen las acciones a superar los burocratismos.

A pesar del gran descontento a que asistimos, esta matriz del trabajo revolucionario no puede llevarse a la inercia, nuestra tarea consiste en desplegarla, en retomarla como movimiento de conjunto, convenciendo a los amplios contingentes a encaminarse en el mismo sentido.

Los problemas de la unidad del movimiento, son ahora una gran preocupación de nuestra organización y de un conjunto de fuerzas, cada cual lo interpreta en su interés de clase; el nuestro, el proletario, pone énfasis en la acumulación revolucionaria de fuerzas y el Frente Único, que no son lo mismo, sino dos aspectos de la táctica y las formas de organización, cada cual inclinado según sus diversos rasgos, el caso es que, por diversas razones enfrentamos agresiones de diversos bandos.

Nosotros no debemos dejar de visualizar nuestras propias insuficiencias e incapacidades para abordar esos problemas, eso sentimos que no demerita nuestros esfuerzos, al contrario nos ayuda a reconocer nuestros errores y nos prepara para corregirlos, trátese a nivel de estructuras o de militantes individuales, nuestra obligación es ponernos a la altura de las circunstancias para darles salida.
Debemos articular una respuesta general y muchas respuestas concretas de la mano de la línea que seguimos, y cómo vemos la configuración del nuevo marco de la lucha de clases; hay que llevar el debate a los lineamientos del combate al régimen bajo consignas revolucionarias, a diversificar el trato; es decir, seguir ganando aliados para la lucha revolucionaria de Frente Único.

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