Las potencias económicas, tienden a demostrar también su supremacía militar para imponer su dominio sobre otros países, ese ha sido el caso del imperialismo yanqui y las potencias europeas, hoy toca a los llamados “tigres asiáticos”, demostrar al mundo que también son capaces de competir en cuanto a presencia militar se refiere.
En el caso de Japón el primer ministro Shinzo Abe, ha emprendido una campaña para fortalecer el papel del ejército, mediante la promoción del orgullo patriótico, esto en un discurso nacionalista que cada vez parece más permeado de tinte fascista al ensalzar el anterior dominio militar que Japón tuvo sobre algunos países de Asia.
Japón es a pesar de la fuerte competencia que representa China, la segunda economía a nivel mundial, ha logrado rebasar el 2% de crecimiento anual que mantenía desde la década pasada y empresarios japoneses son dueños de grandes empresas trasnacionales. Actualmente el gobierno japonés mantiene un gasto de 40,000 millones de dólares anuales y sus fuerzas armadas figuran entre las más modernas del mundo.
Cabe mencionar que ante el debate que se ha suscitado en Japón sobre la reforma de su constitución catalogada como pacifista, países como China y Corea ya han expresado su rechazo, ya que en el pasado sufrieron la invasión y agresión militar por parte de los japoneses a quienes se acusa ante cortes internacionales por crímenes de lesa humanidad, violación a los derechos humanos, tortura y abuso sexuales en contra de mujeres chinas y coreanas, durante la Segunda Guerra Mundial.
Tras el término de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas de ocupación estadounidense en Japón, redactaron una constitución que no permite a los militares japoneses participar en operaciones militares internacionales, además de que prohíbe la conformación de una sola fuerza bélica, por lo que hoy Japón sólo cuenta con cuerpos de autodefensa, aunque, el año pasado ya se dieron los primeros pasos, ya que a partir del organismo de defensa japonés se ha creado un Ministerio de Defensa. Cabe mencionar que hoy día Japón mantiene tropas de ayuda y suministro en Irak, contando para ello con el visto bueno del imperialismo yanqui, que requiere de aliados para mantener presencia militar en Medio Oriente.
Actualmente el primer ministro japonés ha llamado a iniciar la discusión para la redacción de una nueva carta magna, que entre otras cosas permita la creación del ejército nacional y su participación en operaciones internacionales, así como la apertura para participar en la llamada “carrera armamentística” y contribuir con tecnología militar, para “mantener la paz”, esto ante la amenaza que representa el terrorismo y la proliferación de armas nucleares por parte de países que no están alineados del todo a la política yanqui.
El año pasado, bajo el argumento de que Corea del Norte (país que ha avanzado en cuanto a fabricación de armas nucleares), representa un peligro para la seguridad de Japón, el gobierno adquirió e instalo en las afueras de Tokio el sistema antimisiles Patriot, de fabricación estadounidense. Por supuesto este sistema de defensa fue colocado para defender edificios de gobierno y aquello en los que se realizan grandes operaciones financieras, al igual que en otros países imperialistas, la vida y seguridad del pueblo, les importa poca a las autoridades japonesas.
Dado que Japón sólo cuenta con fuerzas de autodefensa por los tratados de posguerra, en por lo menos sesenta años no se ha visto involucrado en conflictos bélicos, tras la instalación de los antimisiles, el ejército yanqui ha realizado convenios de cooperación militar, con el gobierno japonés, es decir, militares yanquis entrenan y capacitan con técnicas de guerra a los militares japoneses; el imperialismo yanqui en un esfuerzo por apoyarse en los japoneses para sostener su dominio en Asia y el Pacífico ante el expansionismo económico chino, ha dado el visto bueno al gobierno japonés para sus planes militares.
En este sentido, otro de los pasos a seguir, es flexibilizar las restricciones que existen sobre la exportación de armamento, para ello tanto el primer ministro como el Ministro de Defensa japonés han realizado en días pasado una visita oficial a los Estados Unidos, se habla ya de la creación de un sistema anti balístico en territorio japonés, pero de jurisdicción estadounidense.
En el marco del 60 aniversario de la Carta magna japonesa Abe llamó a hacer de Japón un país fuerte, a dejar de lado su constitución pacifista, que a vista de los demás no significa otra cosa que un signo de debilidad.
El avance del militarismo en el mundo, que representa grandes ganancias para la industria de la guerra, así como la intervención militar por parte de los países imperialistas en los países neocoloniales para extraer de ellos sus recursos naturales y obtener mano de obra barata, debe poner en alerta a los pueblos oprimidos por el imperialismo.
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