Número 226 semana del 7 al 13 de Mayo de 2007

Lucha por los derechos
de los migrantes

En los Estados Unidos, se debe resaltar la lucha que han dado los trabajadores inmigrantes -sobre todo latinoamericanos-, desde hace varios años, viéndose concretada en las movilizaciones del año pasado y las que van en este 2007, aunque aún hace falta trabajo para consolidarlas.

Se presentan diferencias entre las organizaciones de inmigrantes sobre cómo dar la lucha, algunos piensan que, la batalla se debe dar sólo por la vía legal y retomar las propuestas sobre reforma migratoria que ofrecen tanto demócratas como republicanos; mientras que, hay quienes creen que la lucha debe ir más allá, es decir, luchar en todos los frentes por una verdadera reforma migratoria que realmente beneficie a los trabajadores inmigrantes.

Los grandes partidos de la burguesía, en Estados Unidos, aprovechan la situación para hacerse propaganda entre los inmigrantes, sobre todo ahora que se acerca el periodo electoral y buena parte de los inmigrantes representan una cantidad importante de votos, por lo que buscan ganarse la simpatía de las comunidades de los distintos países que radican en territorio yanqui.

Una de las tendencias, llama a mostrar el “poder electoral” de los inmigrantes (los latinoamericanos, primera minoría de inmigrantes en Estados Unidos) y a reunirse con los congresistas de ambos partidos, para que, mediante la vía legal se logre una “reforma migratoria justa”, como sí la cuestión del respeto de los derechos de los trabajadores inmigrantes se pudiera dar mediante la colocación de una papeleta en una urna ó fuera cuestión de la buen voluntad de aquellos mismos, que por años han luchado por expulsar a millones de trabajadores inmigrantes y que viven precisamente de la riqueza que los trabajadores producen.

Dividir el movimiento ha sido una táctica, por parte de los partidos, para debilitar un movimiento que prometía avanzar en cuanto a la lucha por los derechos de los inmigrantes, sobre todo después de la movilización del 1º de mayo del año pasado, que logró aglutinar a un millón de inmigrantes e impulso el llamado “Día sin inmigrantes”, en el que se hizo un llamado a que los trabajadores inmigrantes no acudieran a laborar.

La lucha por la reforma migratoria


Según cifras oficiales, en Estados Unidos radican 12 millones de indocumentados de distintas nacionalidades, aunque estimaciones de diversas organizaciones de inmigrantes han planteado que en realidad son cerca de 18 millones de personas las que viven en esa situación.

Durante años los inmigrantes han creado distintas organizaciones para luchar por sus derechos, una de las principales demandas es la de una reforma migratoria que permita la regularización de la situación de los inmigrantes, es decir, obtener la ciudadanía estadounidense y de esa forma garantizar también el derecho al trabajo y el acceso a los servicios básicos: vivienda, educación y salud.

Hay distintas causas por la que a los yanquis no les conviene la legalización de los indocumentados, una de ella es la económica; el comercio y la industria yanqui requieren de más trabajadores de bajos salarios, pues de esa forma garantizan bajar el costo de producción y por lo tanto, una obtención de mayores ganancias.

A los empresarios yanquis el flujo de trabajadores indocumentados les permite sobreexplotarlos sin mayor problema, pagarles un salario más bajo que los trabajadores estadounidenses y despedirlos sin indemnización alguna; además de que en muchas ocasiones los trabajadores indocumentados son entregados a la migra por los propios patrones, cabe mencionar que, los inmigrantes reciben escaso apoyo por parte de los consulados o embajadas de sus países de origen.

A pesar de los discursos de ir hacia una reforma migratoria, los trabajadores migrantes son victimas de redadas policiacas, detenidos y deportados a sus países de origen; además en varios estados, en los congresos locales, se han aprobado o propuesto leyes anti-inmnigrantes, por ejemplo, aquellas que proponen que los hijos de los inmigrantes nacidos en Estados Unidos no tengan acceso a la salud, la educación y otros servicios públicos.

En el Congreso estadounidense, se han discutido diversas propuestas, que van desde el planteamiento de expulsar a los indocumentados, hasta la de ofrecer un programa de empleo temporal; lo único que hasta ahora se ha acordado, es la creación del muro fronterizo y aumentar el presupuesto para la seguridad fronteriza, así como el traslado de tropas para resguardar la frontera.

En estos momentos, Bush propone un programa de trabajadores temporales, que a largo plazo podrían obtener la ciudadanía si pagan una serie de impuestos atrasados y demuestran que tienen un empleo, además de un pago de multas; la propuesta también incluye una mayor seguridad fronteriza y vigilancia al sector empresarial, para evitar que se contrate a indocumentados.

Parte del plan de regularización de los indocumentados, incluye el pago de 3,500 dólares, con el fin de obtener un permiso de trabajo por tres años (un periodo considerable para extraer plusvalía y cuando se acabe el permiso se pueda traspasar la fuerza de un lugar a otro, sin mayores responsabilidades) y al concluir éste deberán paga una multa por 10,000 dólares, por concepto de haber residido ilegalmente en Estados Unidos y de esta forma obtener una solicitud de residencia, cosa que no soluciona el problema, pues nadie les garantiza que la solicitud sea aceptada. Además los inmigrantes tendrían que tomar cursos de moral, civismo e inglés. Cabe mencionar que sólo se otorgarán 400,000 visas anuales para trabajadores, lo cual no presenta una solución real al problema de la migración, ya que diariamente cientos de miles de personas, provenientes de diversas partes del mundo, intentan llegar a los Estados Unidos, huyendo de la pobreza en que viven en sus países de origen, y en busca de una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias.

Criminalización de los inmigrantes


Catalogados como peligro para la seguridad nacional, carga pública y de negarse a integrarse a la sociedad estadounidense -con documentos o sin ellos-, los migrantes son vistos como criminales. El gobierno yanqui y los grupos más reaccionarios se han encargado de hacer ver a los inmigrantes ante los ojos de los estadounidenses como enemigos, exaltan el odio racial hacia ellos, los persiguen y hacen campañas en su contra. Ante los trabajadores estadounidenses los presentan como ladrones de trabajo, con ello tratan de justificar el desempleo que existe en los Estados Unidos.

Durante las diversas manifestaciones que se han realizado desde marzo, grupos de antiinmigrantes han acompañado las movilizaciones con el fin de provocar a los manifestantes y de esta forma dar paso a que la policía actúe, sabiendo que acuden trabajadores indocumentados que pueden ser detenidos y deportados.

Los inmigrantes no pueden acudir libremente a las manifestaciones ya que de acudir a ellas pueden ser sancionados o incluso despedidos; los estudiantes tampoco pueden salir libremente de las escuelas para acudir a las movilizaciones, pues pueden ser expulsados de las instituciones educativas. En la tierra de las oportunidades y la libertad, está negado el derecho a la manifestación.

Tan sólo en lo que va de este año, 221,664 inmigrantes indocumentados han sido deportados, muchos de ellos fueron detenidos en las redadas realizadas en los centros de trabajo, una de las consecuencias de esto es que miles de familias son separadas, pues los hijos de inmigrantes son considerados ciudadanos estadounidenses, mientras sus padres son considerados delincuentes y no cuentan con el derecho de reclamar a sus hijos.

Los trabajadores inmigrantes no deben caer en el juego de los partidos yanquis, ni de los dirigentes de la pequeñaburguesía que lo único que persiguen son prebendas que les puedan otorgar tanto demócratas como republicanos. Debe quedar claro que los únicos que pueden luchar por sus verdaderos intereses son los trabajadores migrantes, deben luchar bajo sus propias banderas, ganarse a los trabajadores estadounidenses; otro tanto tienen que hacer los trabajadores de los países de origen de los migrantes.

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