El narcotráfico es un asunto que ha penetrado prácticamente todos los aspectos de la vida económica, política y social en nuestro país, en cambio, lo que prevalece en el debate de los medios de comunicación controlados por la oligarquía, son sus consecuencias sociales superficiales y cómo estas afectan los intereses del desarrollo capitalista.
Los operativos militares en los estados de Michoacán, Baja California y Sinaloa se rigen bajo esa lógica, que tiene un doble beneficio para los monopolios: se pule la imagen del presidente impuesto y débil que eleva los salarios de lo militares y, por otro lado, “acostumbran” al pueblo a la presencia militar en las calles con patrullajes cotidianos y retenes ilegales, para reafirmar su poderío sobre las masas.
Los operativos espectaculares no arrojaron los resultados presumidos por el régimen, más allá de detener a uno que otro delincuente de poca monta, de identificar a algún vehículo sin placas o cosas por el estilo. Los sangrientos enfrentamientos entre grupos de narcotraficantes -y de estos contra policías-, obedecen más a los reajustes en las direcciones de los cárteles y en el cuidado de sus zonas de operación, que en problemas de fondo derivados de un real combate al narcotráfico. Pero independientemente de la complicidad y protección de los cuerpos represivos al narco, se debe precisar que el narcotráfico y el consumo de drogas tienen importantes efectos en la vida nacional.
En materia económica representa una importante fuente de ingresos del exterior, a nivel interno el dinero proveniente del narco se utiliza para realizar inversiones que luego aparentan desarrollo económico. El dinero del narco fluye, incluso se ve obligado a realizar obras, que más allá de los desplantes espectaculares de los narcos benefactores de algún pueblo, la verdad es que el negocio del narco hace circular mercancías, incentiva trabajos, no sólo directos, refiriéndonos a los empleados en una complicada división del trabajo como cualquier empresa capitalista, sino también en empleos indirectos, incluso en infraestructura y hasta escuelas, especialmente porque en todo ello se busca crear espacios de mejores y más seguras ganancias, además, crea negocios lícitos necesarios para lavar el dinero y para salvaguardar sus intereses.
Por la naturaleza ilegal de su actividad, el narco, por lo menos en su primera etapa de la cadena productiva, elige los lugares apartados y desligados de las grandes referentes urbanos, zonas rurales que en el atraso económico que reina en el campo, obligados por la sobrevivencia se prestan a las labores primarias del narco: cultivo, mantenimiento de cultivos, cosechas, etc. Y en estos lugares el ingreso del narco es el único posible, consecuentemente el narco lleva infraestructura que no existía, se desarrolla el comercio y ante el rezago capitalista la vida sube de nivel. En este primer análisis no está incluido el importante factor de degradación social que traen consigo las drogas.
La situación de crisis capitalista en el campo es un factor fundamental para que el narcotráfico influya en los campesinos pobres arruinados, ya que carentes de posibilidades de ejercer su actividad agrícola regular, su misma supervivencia se ve amenazada por el declive del campo. Así, lo único productivo que esta a su alcance es la siembra de drogas. Pero esta salida no está libre de riesgos, por supuesto, ya que la ilegalidad de la actividad y las luchas intestinas entre cárteles y monopolios de droga los deja en un triple riesgo:
Su actividad económica se mantiene bajo los cánones de control capitalista, los campesinos se convierten en jornaleros o proletarios agrícolas en sus propias tierras, y en el mejor de los casos, en renteros de sus parcelas. Y de manera precisa a como ocurre en el intercambio capitalista, se hayan condicionados y amenazados, obligados a rentar sus tierras sin alternativa alguna; más aún, las condiciones son impuestas por los narcotraficantes por medio de la fuerza.
Tienen en contra el aparato estructural del Estado burgués, que por la situación de ilegalidad en la que se encuentran, se hayan a merced completa de lo que los narcos capitalistas les imponen, más la persecución de los cuerpos represivos: policía, ejército, gatilleros de narcos enemigos, etc.
La situación de los proletarios agrícolas empleados por los narcotraficantes es tan arruinada que asemeja las condiciones de los siervos feudales, ya que se “deben” al narco que renta y ocupa sus tierras, no pueden moverse a otra fuente de empleo –que, además es difícil que la haya en su medio-, amarrando a su vez a su familia que entra en la misma cadena productiva del narco como peones (burreros, jornaleros), distribuidores o agentes de seguridad (gatilleros, guaruras).
Evidentemente que en el imperialismo y el dominio del capital financiero, el narco no está excluido de las operaciones bancarias, como un ejemplo podemos señalar: “una investigación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) confirmaba que el Banco Anáhuac tenía inversiones del narcotráfico y que el dinero provenía de la organización criminal encabezada por El Señor de los Cielos. El involucramiento del Cártel de Juárez en operaciones financieras en esa institución bancaria esparció por igual a empresarios, políticos y abogados, como Rodolfo Zedillo Ponce de León o los familiares del expresidente Miguel de la Madrid, su hijo Federico y su sobrino Jorge Hurtado Horcasitas, a quienes la Procuraduría General de la República consideró como los principales estrategas de la cesión del Banco Anáhuac al cártel de Carrillo Fuentes.” (Los narcoabogados, Ricardo Ravelo. Citado en La palabra.com, 1 de febrero del 2007.)
Resumiendo, el narcotráfico es una fuente de capital, que como tal puede realizar –y realiza de hecho-, labores normales de las empresas productivas, incluso de prestamista directo o través de sus múltiples caretas.
En materia política el narcotráfico ha tejido también sus redes. El Estado controla o pretende controlar prácticamente todas las cuestiones en la vida social, por ende, intenta vigilar también la producción, distribución y consumo de drogas; pero el asunto se complica porque hay jugosas ganancias al dejar de controlar y de inmiscuirse, esta es la naturaleza del capitalismo.
Con su gran poder desarrollado fundamentalmente por su capacidad económica, el narcotráfico entra en relación con el poder en sus diferentes manifestaciones, desde el gobierno, los militares, los partidos políticos y otras formas de poder como las pandillas y hasta los dirigentes comunitarios.
En la relación entre narcotráfico y política hay varios mitos, generalmente impulsados por la oligarquía para ocultar su complicidad o ampliar su control como regente de toda la sociedad. Uno de ellos es que el narco compra políticos, los corrompe; por lo que se enfocan en presentar el asunto como un problema puramente moral, donde habría que reforzar los valores para no “caer en la tentación”. Lo absurdo de este enfoque cae por su propio peso, al demostrarse cómo el narcotráfico está presente en prácticamente todos los aspectos de la vida social, impulsado o protegido por todo tipo de respetables personajes.
Otro argumento socorrido es el de los salarios de los funcionarios presionados por sobornos. Una muestra para evidenciar su falsedad : los policías de la ciudad de Tijuana, donde reina el narco, son de los mejor pagados en el país, y son a la vez los que más están involucrados en el narco y delincuencia organizada como secuestros, extorsiones, etc. Un razonamiento popular que circula por esa ciudad es que cuando desarmaron a los policías municipales para “revisar” sus armas, bajaron los secuestros y asaltos.
Las ganancias son supermillonarias, por ejemplo en el caso de las metanfetaminas, el reciente decomiso al empresario chino Zhenli Ye Gon el 15 de marzo pasado en su casa de Lomas de Chapultepec, llevó al rastreo de máquinas tableteadoras adquiridas por Unimed Pharm Chem de México. Estas máquinas de marca alemana, Fette GMBH, de alta precisión, dicen los expertos, puede elaborar de 15 mil a 50 mil pastillas por hora. Esto es, casi 360 mil pastillas por día.
Al considerar que la red pretendía instalar ocho de estas tabletadoras, el laboratorio de Yen Gon podría haber producido potencialmente casi 3 millones de tabletas por día y obtenido ganancias de más de 164 millones de pesos diarios en el mercado del menudeo.
Por lo que toca al ámbito social, el panorama es sumamente sombrío. El consumo se haya regulado por los monopolios, introduciendo drogas cada vez más nocivas, pero que incrementa sus ganancias.
Además, “en el nuevo rostro de la drogadicción en México hay tres elementos que tienen verdaderamente preocupados a quienes trabajan en esto: la reducción de la edad de inicio, el aumento de mujeres en las estadísticas y la nueva generación de "poliusuarios", es decir, que combinan más de una droga y que hacen más complejo es espectro de las adicciones…”
La edad de inicio en el consumo ha decrecido: "Hace 20 años lo que teníamos eran señores, la mayoría de más de 30 años, con problemas de alcoholismo, y ahora son adolescentes, niños de 10 años consumidores de droga, y lo mismo es con las mujeres; antes los hombres representaban 90 o 95% del problema y ahora estamos en una proporción de 60-40. En México, 3.5 millones de personas (5.03% de la población) han usado drogas alguna vez. El mayor consumo se da en la región norte (7.45%), seguida del centro (4.8%) y finalmente en el sur (3.08%).”
Se deben agregar también las consecuencias que trae consigo el consumo de drogas, los problemas sociales y de degradación humana que se ven obligados a realizar los drogadictos que están ya completamente enajenados.
La legalidad e ilegalidad al arbitrio burgués
Un aspecto importante a considerar es que bajo la dominación burguesa son los monopolios quienes determinan la legalidad o ilegalidad de una droga, con el evidente efecto de controlar el mercado, su producción y distribución.
Y por supuesto que no se trata aquí de poner en el mismo nivel a todas las sustancias, el daño físico y enajenación mental que pudieran causar, pero sí de enfatizar que bajo el actual orden económico social son los capitalistas quienes tienen la “autoridad” para decir qué se hace y qué no se hace.
Un caso que explica esto es el del tabaco en Estados Unidos. El uso del tabaco en esa región por parte de los pueblos indígenas es anterior a la colonización y desarrollo capitalista, sin que este consumo deviniera en una epidemia social, ya que era con fines religiosos, en su mayoría, y su consumo era controlado socialmente y con conciencia, ya que no era visto como un escape a los problemas sociales e individuales, propios de una sociedad descompuesta socialmente. Al imponerse el desarrollo burgués se va controlando este mercado y asimilando la lógica del desarrollo de los monopolios. A fines del siglo pasado (sobre todo el la década de los 90), los monopolios tabacaleros son señalados como responsables de miles de muertes al año y millones de enfermos por las peligrosas sustancias que contiene el tabaco y su contenido altamente adictivo. Las tabacaleras se defienden con el argumento central de que para ellas el tabaco no es peligroso, inicialmente sortean los juicios con ejércitos de abogados y portafolios llenos de dólares.
Pero hablando de muertes y enfermos, éstos representaban un gasto de salud pública para el gobierno norteamericano, y aunque los equipos de cabilderos de los legisladores gringos tenían controlados los espacios de legislación, de alguna parte tendría que sacar recursos para contener el problema; el asunto se complicó cuando se difundió de manera masiva que los monopolios tabacaleros conocían de la adicción del tabaco e invertían recursos millonarios para poner en la mira a consumidores potenciales, esto es, se echaban de cabeza al admitir que deliberadamente quería distribuir un producto (el tabaco) basados en su potencial adictivo.
Como la economía capitalista no es estática, tampoco lo es el rol que se juega en el tráfico de drogas. Dentro de la cadena imperialista tiene también sus implicaciones en el asunto de la droga, México es un país productor y distribuidor, en tanto que es tránsito obligado para pasar al principal consumidor de drogas en el mundo: los Estados Unidos. Pero los filtros implementados, más en la lógica del control de mercados y del predominio de ciertos grupos, han ido convirtiendo al país también en un país consumidor; más aún, cuando las drogas químicas que van dominado el mercado se pueden fabricar de manera casera y con ingredientes fáciles de obtener.
Así, el narcotráfico va armando en el país soluciones a distintas trabas que enfrenta: si no puede introducirlas a Estados Unidos crea el mercado propio, diversifica la oferta, se dirige a distintos tipos de posibles consumidores, en fin, todos los elaborados procedimientos de mercadotecnia que se emplean en el capitalismo.
Ya señalamos arriba que el narco se maneja de manera similar con su complejidad interna que los demás negocios capitalistas, con su lógica de obtención de plusvalía y de máxima ganancia, poniendo a su servicio a las estructuras políticas y generando otros negocios para crear pantallas y salvaguardar sus ingresos, entrando también el capital financiero.
Las formas de organización del narcotráfico
Bajo el capitalismo las formas de producción y distribución de mercancías van cambiando, con el narco sucede lo mismo. En esta modalidad el narco recurre a código no escritos, a fidelidades y pactos de honor entre aliados, en una compleja red de simbolismo; pero, a medida que el mercado se hace más complejo, que aparece la división del trabajo en la producción y distribución de droga, aparecen también nuevas formas de organización.
Un claro modelo de esto son los gatilleros profesionales como cuerpos especializados en la seguridad de los modernos narco-empresarios. Antes bastaba con ir preparando grupos de seguridad de entre las mismas redes que tejía el negocio de las drogas; hoy, de manera similar a como las empresas contratan guardias de seguridad a una empresa privada y se desligan de responsabilidades laborales; los cárteles recurren a cuerpos de gatilleros previamente entrenados y fogueados en combate (pandilleros, militares, policías), a quienes les dan trabajos por encargo sin una ligazón orgánica directa. De esta forma es como aparecen grupos como los Zetas, reclutados a partir de ex militares; o los gatilleros del Cártel de los Arellano, reclutados de pandilleros.
Esta modernización no sólo es en los aparatos de seguridad del narco, sino también en su propia organización, que ahora reviste formas empresariales, contratando profesionales que se ocupan de partes específicas de su negocio y profesionalizando su trabajo.
El narco de la actualidad, no es el típico que pintan los medios de comunicación masiva: el cuadro romántico del tipo extravagante y sanguinario, esta es sólo la imagen caricaturesca –que no totalmente falsa- para estigmatizarlo. Para el narcotraficante profesional no es conveniente la popularidad porque lo pone en riesgo, y de igual manera no le conviene el quemar políticos que están bajo su servicio, porque cuando esto pasa se vuelven inútiles.
El gobierno y el narco
El gobierno burgués tiene en el narcotráfico el pretexto perfecto para la represión. Bajo esta estigmatización de los narcotraficantes se prepara el terreno para la represión popular, se sacan tropas militares, incluso muchas veces vehículos antimotines con el pretexto de patrullajes para ahuyentar a los narcos.
Sumado a esto se da el pretexto también para el intervencionismo militar del imperialismo: “El gobierno de México aceptó que Estados Unidos participe en la elaboración de un diagnóstico de las policías mexicanas y la infiltración de la delincuencia organizada en ellas; la entrega de al menos ocho aeronaves para la detección e intercepción de aviones con cargamentos de droga en territorio nacional y que personal de la agencia antidrogas estadunidense (DEA, por sus siglas en inglés) participen como supervisores de las labores de erradicación de cultivos ilícitos, revelaron fuentes gubernamentales.”
Pero para el gobierno, el narco cumple tareas importantes, desde el punto de vista “macroeconómico”, como les gusta decir a los proimperialistas, porque ingresa divisas del extranjero, que al pasar por el sistema financiero deja ganancias a la oligarquía, además de que ese dinero “fresco” echa a andar la economía en crisis del país. Conjuntamente esta la incentivación de las pequeñas economías rurales y el empleo que genera, como se explicaba arriba.
Pero lo relevante aquí es la cortina de humo de que sirve para aparentar ante las grandes masas que esos son sus enemigos: raros y extravagantes personajes que a son de corrido que cuentan sus hazañas, vestidos de manera estrafalaria y en imponentes caravanas de grandes camionetas último modelo, van generando muertos como película de Hollywood. La realidad es que son el pretexto perfecto para sembrar la confusión entre las masas sobre sus verdaderos enemigos de clase.
En efecto, los narcos son la burguesía de esa esfera, a la vez que los burreros (cargadores, transportadores) y los distribuidores al menudeo vendrían a ser los asalariados; pero plantearlo solamente así deja de lado el sistema que los mantiene y que hace posible esta inservible actividad. De aquí se puede partir para entrar en las alternativas ante este cáncer capitalista.
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