Llega otro primero de mayo y los salarios siguen siendo paupérrimos, las condiciones laborales cada día más precarias, más marcada la sobreexplotación; el charrismo sigue menguando la organización independiente de los trabajadores. La ofensiva de la burguesía continua con la imposición de reformas neoliberales como la aprobada a la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales a los Trabajadores del Estado (ISSSTE).
Sin embargo, en este 1º de mayo, la clase obrera llega de un periodo álgido de la lucha de clases; de ascenso en la disputa contra las reformas estructurales, contra la carestía de la vida, por empleo digno y salarios solventes, por la autonomía sindical y contra la represión.
La maduración política del movimiento de masas y de las resistencia contra las políticas imperialistas, ha germinado en diversos espacios y frentes unitarios sectoriales, regionales y nacionales lo que permite impulsar la unidad más amplia de todo el movimiento y que ésta atraiga a la movilización a los sectores descontentos y desorganizados de la población; avanzar cimentando el Frente Único, no sólo para seguir resistiendo, sino para pasar a la ofensiva y dar al traste con las condiciones a las que nos someten la oligarquía financiera y su Estado proimperialista.
La tarea inicial es tirar al gobierno de Felipe Calderón, para abrir la perspectiva de la conformación de un Gobierno Provisional Revolucionario de obreros y campesinos pobres, con el pueblo organizado en las calles y bajo la dirección política del proletariado, convocar a una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular. En esa nueva Constituyente, el proletariado y el pueblo organizado, establecerán las nuevas leyes proletarias para una nueva Nación con justicia social y democracia popular.
Los revolucionarios seguiremos luchando por la emancipación total del pueblo trabajador, para suprimir la opresión y la explotación del hombre por el hombre; en otras palabras, la lucha seguirá por derrocar el sistema capitalista, impulsar la revolución socialista e instaurar la dictadura del proletariado.
Los trabajadores democráticos y revolucionarios, aprovecharemos la algidez de la lucha de clases contra los oportunistas y charros sindicales que actuarán, una vez más, como bomberos de la revolución para denunciar su posición antiobrera. Redoblaremos esfuerzos en la creación de corrientes y sindicatos revolucionarios, a la par de la lucha contra la flexibilización laboral, contra la precariedad del trabajo, por empleo, por salarios dignos y por mejores condiciones de vida, es nuestro deber combatir las posiciones gremialistas así como las economicistas, y avanzar en una organización sindicalista de clase.
Tenemos en puerta la conformación y consolidación del Consejo Nacional de Huelga (CNH), que nos permitirá la acumulación de fuerzas y empujar la Huelga General hacia la caída de Felipe Calderón y su régimen fascista.
Tomemos iniciativas e integremos nuestras fuerzas a los bloqueos de carreteras y tomas de casetas, cerremos nuestro centro de trabajo y/o de estudio, bloqueemos las principales arterias de la ciudad, movilicémonos en nuestra comunidad y tomemos alguna dependencia de gobierno, con los vecinos del barrio impulsemos las asambleas y los Consejos de Huelga; en concreto, las masas populares y sus iniciativas deberán darle forma al Paro Nacional para juntos combatir la política entreguista y fascista de Calderón.
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