Los problemas que fueron el sustento de las promesas de Calderón, como el desempleo, la seguridad y la salud se han agravado al paso de su administración pese a las publicitadas iniciativas del nuevo régimen.
Iniciando con el desempleo los números oficiales apuntan a un incremento que alcanza el 4.2 por ciento en abril, una cifra corta si consideramos que cerca de 11 millones de mexicanos se encuentran laborando en los Estados Unidos y que el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), considera a una persona con empleo a los vendedores ambulantes, el llamado “presidente del empleo” no encuentra paliativos para atenuar los estragos que la falta de trabajo genera en la población.
En el caso de la seguridad, lo ostentoso de los operativos militares, el espíritu envalentonado que le dio la lealtad comprada del ejército ha cedido su lugar a una escalada de ejecuciones entre narcotraficantes y de funcionarios del estado que los medios de comunicación se encargaron de comparar con los atentados cometidos en Irak, como si la situación de un país invadido y en estado de guerra fuera equiparable a la descomposición y corrupción que vive el país lo que hace perder la dimensión de la gravedad del problema.
Hablando de la salud, lo absurdo alcanza las declaraciones de Felipe Calderón pues sus objetivos se fijan para el 2030 con el llamado al “gran pacto nacional para la salud”, como si para la población presente no fuera una exigencia apremiante la falta de servicios médicos, y por si fuera poco la idea regente de tal pacto será la prevención y no la inversión en este rubro del gasto del Estado.
En tanto los partidos políticos burgueses se alejan de las aspiraciones de las masas y en sus programas sólo se encuentran distintas formas de un mismo proyecto capitalista que de fondo se subordina a la política neoliberal del imperialismo, mientras que los derechos fundamentales de los trabajadores como las pensiones del ISSSTE avanzaron con una aparente oposición del PRD y el Frente Amplio Progresista (FAP), que se consolida como el virtual brazo de oposición de la oligarquía. Siguiendo al pie de la letra, las reglas del juego del régimen, en los marcos de la legalidad parlamentaria que perfila la “transición a la democracia” a un régimen autoritario de forma bipartidista como en los Estados Unidos; el PRI, PAN, PANAL son la parte mas derechizada de la oligarquía, ante el PRD, PT y los grupos influenciados por el FAP que actúan en el rol de la aparente oposición con sus programas reformistas, buscando humanizar el capitalismo.
Dada la profundización de la dependencia económica respecto a los Estados Unidos, la tendencia a arraigar el neocolonialismo es asumida por el conjunto de los partidos burgueses sólo con algunas discrepancias entre si, pero con coincidencias de continuar con el esquema neoliberal de dominio de los monopolios sobre el Estado.
Los críticos de burgueses abordan la situación actual sin trastocar el principio de la propiedad privada de los medios de producción, no rebasan la enumeración de los estragos que el imperialismo está causando entre la mayoría de la población y se estancan a parafrasear frases ambiguas que en el fondo siembran la confusión entre las masas populares, así, “la moderación del mercado por parte del Estado”, “la participación ciudadana”, “el respeto al Estado de derecho” y a la “legalidad constitucional” son los remedios para atajar la voracidad de los capitalistas.
En medio de esta situación, a lo largo del país las movilizaciones de los trabajadores del campo y la ciudad están tomando un carácter permanente, aunque no se rebasen aún los marcos de la legalidad burguesa o del corporativismo sindical, sin embargo, el dominio del régimen sufre ya cuarteaduras como en el estado de Oaxaca en donde a pesar de la represión al movimiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, ésta traza objetivos y tácticas que le permiten continuar hoy la lucha y recomponer la resistencia al régimen.
Esta polaridad en los procesos sociales de la lucha de clases hoy se encuentra desenvolviéndose por parte de la burguesía y el imperialismo en la tarea de acuerpar en torno al Estado, a los partidos políticos de la oposición y servirse de ellos para controlar el descontento entre los trabajadores por medio del control del charrismo sindical y en la cooptación de dirigentes sociales.
Las preferencia del imperialismo para conducir este proceso se inclinan claramente a los grupos fascistas del PAN que muestran una mayor decisión para defender los intereses de los monopolios, dado su propia composición empresarial que representa una ventaja respecto a los titubeos socialdemócratas que insisten en pasar por partidos de izquierda.
Para la lucha de la clase obrera tiene una importancia central, en la discusión actual, que las posiciones que mantienen esperanzas en el régimen y que de distintas maneras quieren restar importancia a la capacidad de lucha de las masas sean superadas por una amplia participación de los trabajadores, en la elaboración de las próximas jornadas de lucha y en la discusión de las medidas políticas y organizativas que en los sindicatos y distintos referentes de lucha se preparen, ante los siguientes golpes que el calderonismo prepara como la reforma fiscal y laboral.
Una amplia labor de propaganda y organización tienen los revolucionarios y progresistas del país en torno a continuar con la convergencia contra el régimen, a ocupar las tribunas democráticas de los trabajadores, a ganar posiciones para contribuir a un programa democrático y revolucionario que hoy es posible construir frente a las tendencias fascistas del régimen.
Las propuestas que ignoren la contradicción entre el actual régimen y los trabajadores del campo y la ciudad no hacen sino oxigenar un sistema que, se descompone por todos lados y anega las potencialidades revolucionarias de los proletarios que estos días del 1º y 2 de mayo nuevamente enfrentan al régimen.
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