Número 225 semana del 30 de Abril al 6 de Mayo de 2007

El proceso revolucionario y su ligazón a las luchas fundamentales

En todo el territorio nacional se levantan las voces de nuestro pueblo, su resistencia se fortalece, su voluntad de combatir las políticas neoliberales y proimperialistas se reafirma, su determinación de empujar nuevos combates en una dinámica de acumulación de fuerzas también se refuerza.

No obstante, hay mucho por hacer en estos ámbitos, y nuevas tareas de corte democrático y revolucionario van destacándose, creando una concepción amplia del qué hacer en la actualidad, naturalmente muchas organizaciones que por distintos intereses de clase actúan y combaten al capitalismo no se abocan a esto y consideran que no debe haber una trama o un proceso, ni mucho menos una táctica para avanzar; ello no desmiente la necesidad de superar el espontaneismo, sino que ejemplifica palpitantemente el por qué se debe llevar al movimiento de masas a un punto en que sea imposible un retorno a los niveles inferiores de la lucha en los que se puede cuestionar al régimen pero no combatirlo impulsando el cambio revolucionario.

No se trata ya de acusar o centrarnos en debates estériles con las fuerzas que renieguen de la necesidad de conducir el proceso bajo banderas y tácticas desde abajo, bajo perspectivas socialistas y de alianza obrero-campesina, finalmente el trabajo está en el seno del movimiento; como tampoco es cuestión de dedicarse a la diatriba contra las organizaciones que sí recogemos el programa de la revolución proletaria por los supuestos de que “nadie necesita ser guiado”, que como bien se ve, se trata de una reducción al simplismo de la consigna que plantea la conducción y la dirección de una clase social explotada que deberá asumir estos roles si no quiere ser dirigida en contra de sus intereses y sepultada por el capital una y otra vez, reduciéndose a la moderna esclavitud asalariada.

Es visible que en el movimiento de masas, obrero o campesino, estudiantil o popular, se requiere superar las limitaciones, los estilos mismos de organización, los viejos caciquismos y los prejuicios hacia la ideología proletaria, que son secuelas de la propaganda burguesa y pequeño burguesa; cuya reciente manifestación consiste en la calumnia, la distorsión, las actitudes arbitrarias y el falseamiento de nuestras consignas para facilitar la crítica pequeño burguesa.

Pero superar todo ese nivel del “debate” es algo que se puede hacer, que los revolucionarios en primer lugar siguen estando obligados a contribuir a superar, la cuestión está en encontrar precisamente los puntos de apoyo para ello, la creación de una práctica colectiva, el enriquecimiento de la discusión colectiva y la toma de decisiones en forma también colectiva según el grado de desarrollo de las distintas organizaciones.

Así también seguimos teniendo problemas para ligar el aspecto administrativo, económico, político y revolucionario de nuestras luchas, es una cuestión que atañe prácticamente a todas las fuerzas, a todos los sectores populares en estos momentos de extrema desesperación por el pan diario, es terreno donde el trabajo de conciencia de masas, en combinación con la experiencia diaria de lucha son los que pueden marcar la diferencia y la ruptura frente a la política de masas del capitalismo. Se trata de desatar a la vez una amplia acción política de las organizaciones revolucionarias, que involucre sus principales consignas, que eslabone una amplia cadena de trabajos secuenciales en pro de imprimir el sello revolucionario a las luchas de clases, sin que se desentiendan de la defensa por los intereses inmediatos, que prepare una lucha en todos los sentidos, incluso el diplomático, frente a quienes hacen de nuestro sufrimiento la materia prima para su política de dádivas (sea oportunista o neoliberal), si seguimos avanzando en la idea de frente único tal cuestión será mucho más sencilla y posible.

La idea de la lucha de clases como un proceso que avanza retomando los nuevos contextos, las nuevas situaciones en su más amplio potencial revolucionario, es la idea que ahora se nos presenta como necesaria, es la idea que nos entrega la experiencia general de las luchas en los últimos años, a la que se adhieren continuamente nuevas fuerzas, mismas que por tanto también están obligadas a desarrollar para que efectivamente las banderas del programa unitario sean fruto de la labor colectiva del movimiento de masas.

Hacemos hincapié en que la mejor forma de resolver estas cuestiones hoy, en la discusión de las organizaciones, es precisamente yendo a los referentes unitarios, estructurando en todos ellos las pequeñas y grandes batallas por venir, reforzando la intensa discusión de masas que va implantándose y contribuyendo a que lo realizado sea fruto en primer lugar de las masas trabajadoras y populares de éste país, en la innovación de su democracia proletaria y de su labor revolucionaria por aplastar a los monopolios.

Las organizaciones revolucionarias estamos aprendiendo de los errores del sectarismo, del dogmatismo, el socialdemocratismo y el liberalismo, hoy estamos conscientes que esas no son cuestiones aisladas, obedecen a un tiempo y a unas circunstancias en que al movimiento de masas lo habían aplastado, que cuando alcanzaba a levantarse, lo hacía en sectores particulares que por mil formas los regímenes buscaban aislarlos, desgastarlos y desbaratarlos con el ejercicio de la represión, ello y muchos otros factores incubaron aquellos problemas en el movimiento, por esas razones, así como no tienen un origen voluntarista, tampoco su salida lo es, se necesita de fuertes organizaciones de masas, de firmes organizaciones revolucionarias de masas, de un amplio partido de nuevo tipo que en el seno mismo de la lucha de clases hagan valer la importancia del proceso, la vigencia del socialismo y su centralidad para suprimir la explotación capitalista a que estamos sometidos.

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