El pasado 31 de marzo y 1º de abril se realizó exitosamente el Pre-congreso Constitutivo de la Organización Nacional Estudiantil con la asistencia de estudiantes de 12 estados del país. Este hecho marca un paso en la lucha contra la privatización de la educación, pero más importante aún, camina en la dirección de rearticular al movimiento estudiantil en términos organizativos, lo que en los hechos se traduce en la capacidad real de detener la privatización y defender las conquistas históricas del movimiento.
De los estados asistentes al Pre-congreso, los más organizados Oaxaca, Hidalgo, Estado de México, Michoacán e Hidalgo resaltan por dos cuestiones: primero, es que por los altos índices de pobreza existen bajos niveles educativos en sus estados (en el caso de Oaxaca y Puebla, la brecha educativa sólo llega hasta la primaria y en el caso de Hidalgo y Michoacán hasta la secundaria), y; segundo, por la tradición de lucha que los estudiantes hasta el día de hoy mantienen en defensa de la educación.
Esta situación está directamente relacionada con el tipo de lucha que se viene realizando en los estados mencionados y en otros más, donde en los últimos años los movimientos de aspirantes a la educación pública han crecido y se han agudizado de manera particular. Lo anterior tiene que ver directamente con las directrices que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han determinado para América Latina y en especial para México, que junto con Argentina y Brasil se han convertido desde hace una década en el modelo a seguir en términos educativos.
La orientación ha consistido en seguir la línea de “mejorar a la educación” en términos supuestamente de calidad, bajo el razonamiento de que después de decenas de investigaciones, se “descubrió” que en los años recientes las matrículas se vieron reducidas, sacando múltiples conclusiones de este hecho y haciéndoles mucha propaganda, como que los estudiantes no pasan los exámenes de selección porque no tienen el nivel suficiente, que los estudiantes egresados no encuentran trabajo porque la educación es deficiente, o que de plano los niños y jóvenes en edad de estudiar no entran a la escuela porque no encuentran incentivos para ello.
En primer lugar, la matrícula estudiantil se encuentra reducida no porque no haya demanda (tan sólo el año pasado fueron rechazados en la UNAM y el IPN aproximadamente 140 mil aspirantes), sino precisamente por la política de reducir la matrícula en lugar de aumentarla, con ayuda de exámenes de selección clasistas, racistas y sexistas, impartidos para variar por una institución privada como lo es el CENEVAL.
Así es como en los últimos 15 años, la matrícula de las universidades privadas ha aumentado prácticamente el doble, dando como resultado que actualmente el 22%, aproximadamente, de los estudiantes universitarios se encuentren en estas. Prueba del papel que ha jugado el Estado y las propias universidades públicas es el 26% que del gasto público destinado a la educación universitaria se va para las escuelas privadas, así como la realización de los exámenes de selección en estas últimas y las becas del 50% que, por ejemplo, la UNAM da a los aspirantes rechazados para que ingresen en alguna universidad privada “incorporada” a ésta.
Es decir, que en lugar de hacer posible el acceso a la educación a los hijos de obreros, campesinos pobres y trabajadores en general, lo cierran por completo. En sustitución el estado promueve los famosos bonos educativos para personas de escasos recursos, o las becas sólo para estudiantes de alto rendimiento tanto por parte del Estado -el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior-, como por parte de empresas privadas, por ejemplo la beca TELMEX.
También están los programas que supuestamente sirven para alentar a que los niños y jóvenes no se salgan de las escuelas, como si se tratara de una cuestión de voluntad o desidia y no porque en la mayoría de los casos las mismas condiciones de pobreza son las que no dan para poder costear los estudios, y porque ante esas mismas condiciones muchas veces hay que trabajar forzosamente para completar el gasto de la economía familiar.
Es decir, el gobierno asume una actitud asistencialista, como en el caso de Marcelo Ebrard en el DF, que en lugar de construir las preparatorias a las que se había comprometido, dará un bono de $800.00 mensuales a los niños que queden huérfanos, cuando lo uno y lo otro deberían ser no paliativos, sino obligaciones asumidas totalmente por el Estado. De cualquier forma, no tendrá caso que muchos niños y jóvenes tengan el bono en la mano, de poco sirven $800 cuando a grosso modo un estudiante de bachillerato gasta $70 diarios y dada la demanda no tiene escuelas donde utilizarlos.
Este problema se agudiza mayoritariamente en las zonas rurales más marginadas, donde en lugar de que se creen más escuelas y se contraten más maestros, se implementan programas como el de educación para comunidades rurales, que consiste en utilizar a estudiantes con nivel de secundaria o preparatoria para impartir cursos temporalmente (por el lapso de dos ciclos escolares), a cambio de lo cual el Estado les costea algunos años de la preparatoria o de la universidad, cuando el Estado debería estar obligado a dotar de educación a todos pues para eso son los impuestos.
Otra parte, es la división que existe entre las escuelas privadas de alta calidad como el TEC, La Salle, y las escuelas públicas, que puestas en balanza, en las primeras la educación tiende a ser más integral y reflexiva en función de los intereses capitalistas, ya que se trata de formar a los cuadros dirigentes de la burguesía y en el caso de las últimas se tiende a recortar la parte crítica y reflexiva, pues se trata de producir mano de obra y en esto entran desde las ya clásicas reformas a los planes de estudio hasta la descarada mutilación de libros de texto.
Queda claro que el capitalismo es el sistema en el que todos tenemos derechos, pero con la pena, sólo algunos pocos pueden ejercerlos, tenemos pues, derecho a la educación, pero sólo los que tienen dinero para pagarla pueden obtenerla. Queda claro también, el papel que juega el Estado al hacerse supuestamente responsable de impartir la educación primaria y secundaria, pero no en el caso de la educación media superior y superior, dejando así el paso libre a la iniciativa privada.
Esta problemática no sucede sólo en algunos estados, es nacional, por eso creemos que la principal tarea con la que se enfrenta el germen de la Coordinación Nacional Estudiantil (CNE) emanada del Pre-congreso, es la de asumir la construcción estado por estado de las coordinaciones estudiantiles, que le den forma al movimiento a partir de las demandas propias locales y las nacionales que son muchas y nos afectan a todos.
En el mismo entendido, las Coordinaciones Estatales se convertirían en las principales impulsoras de las luchas estudiantiles en sus estados, retomando la experiencia que nos han dejado los anteriores movimientos en el sentido organizativo, que quiere decir la construcción de las asambleas desde las propias escuelas pues en estas es posible desarrollar la discusión colectiva de las bases y da paso por tanto a la toma colectiva de decisiones de las masas estudiantiles y por supuesto a su propia radicalización, pues hay una diferencia no sólo numérica sino de cualidad cuando en lugar de un pequeño grupo, son las masas las que se enfrentan directamente al estado.
Es por eso que a nuestro parecer, la CNE puede trabajar y cumplir mejor sus objetivos al promover la más amplia unidad, y acoger en su seno a todas las expresiones organizativas del movimiento. Esta unidad amplia se constituye también con un carácter de clase, es decir, que tal como lo ratificó el Pre-congreso, se conserve la unidad obrero-campesina-estudiantil como eje principal del movimiento estudiantil, lo cual viene acompañado de asumir de manera inmediata, como una lucha propia, el derrocamiento de Felipe Calderón y el echar atrás las reformas neoliberales, así como de trabajar, aunque sea de forma limitada, en las jornadas del 1 al 4 de mayo.
Pero la unidad más concreta se construye con los que están interesados en avanzar en el proceso y en el caso particular de la CNE, se ha trazado ya su objetivo principal que es avanzar hacia la construcción de una Organización Nacional Estudiantil, desde nuestro punto de vista, esta organización sería una Central Estudiantil Revolucionaria, combatiendo en lo ideológico-político y en lo práctico las posiciones academicistas y apáticas que hoy existen en una buena parte de los estudiantes, pero también las posiciones sectarias y supuestamente radicales que afectan todavía a una parte del movimiento estudiantil organizado.
Pues va quedan claro, que además de contar con una organización que trabaje de forma permanente en los embates contra el régimen, el sector estudiantil puede cumplir un papel importante con su ejemplo de lucha, en la meta proletaria de avanzar hacia la Revolución Socialista, por una sociedad sin clases, donde los estudiantes y jóvenes puedan alcanzar plenamente todas sus aspiraciones y desarrollarse íntegramente como seres humanos.
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