Número 222 semana del 26 de Mzo. al 01 de Abril de 2007

Problemas económicos del
calderonismo

Entretanto el régimen continúa enfrascado en sus despliegues militares, las reformas antipopulares y la burla demagógica de las bonanzas futuras posteriores a los próximos 43 años, su situación económica desmejora visiblemente, tanto por las repercusiones en el seno de las condiciones de vida de los trabajadores, como por la parálisis del ciclo de reproducción dependiente de la economía imperialista en mayor medida norteamericana.

Para comenzar, recién nos enteramos que las cuentas no le ajustan en la recaudación fiscal debido a la gran evasión que hacen los monopolios, comenzando por el Grupo Carso, postulante de una política de impuestos a los pobres, puesto que según ellos, pagar sus impuestos dificultaría su crecimiento, que ya sabemos en lo que ha consistido, así pues eluden y hacen fraude en el pago de impuestos al tiempo que crean supuestas fundaciones para encubrir su avaricia en éste rubro, teniendo un Estado a su servicio, quieren que sean los explotados quienes lo mantengan mediante el jineteo de los recursos del ISSSTE, extensión del IVA, cobro de tarifas a las remesas de los emigrantes y todo lo que se pueda sustraer al proletario y los campesinos.

Se cierne la tormenta económica cuando observamos que los principales recursos naturales, industriales y de servicios en nuestro país han sido entregados a las manos de los imperialistas, sus bancos y monopolios, creando graves dificultades para que la economía pudiese orientarse en función de los intereses siquiera nacionales de la burguesía, a los que ésta ha renunciado definitivamente.

Nuevos problemas se desatan con la descomposición instrumentada en la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos, a los que se anexa la creciente acumulación de crudo bajo el burdo supuesto de problemas climáticos para su transporte a las grandes potencias, cuando es evidente que ha recomenzado una nueva recesión económica y por tanto las ventas empiezan a caer, con ello la burguesía presionará al régimen a que le encuentre nuevas fuentes de enriquecimiento, es irrebatible que Calderón solo cuenta con estos despojos y el crecimiento de la deuda pública para subsidiar la actividad y ganancias de los grandes monopolios, fuera de ellos, ya no tiene nada qué ofrecer.

Otro problema más, está en la quiebra en que dejaron los monopolios a las finanzas públicas con su famoso rescate del ahorro quedando muy a la distancia de la recuperación de los recursos invertidos por el Estado, especialmente agudizado por la voracidad de los allegados del zedillismo y el foxismo. Fue, a todas luces un negocio redondo para los monopolios para salvarse de los estragos de la anterior crisis y mantener las ganancias sin el menor esfuerzo ni que mediara actividad productiva alguna, en todo ello si hicieron de aproximadamente un billón de pesos.

El más grave de los problemas se encuentra en la imposibilidad de remontar la producción industrial sujeta a los grandes flujos comerciales con las potencias imperialistas, conocida como reestructuración productiva que sin más ni más arroja por cientos de miles a los obreros a la calle y trasmite el valor de las empresas al juego bursátil de los grandes tiburones financieros, encadenándolas así a su paralización o desactivación según sean los intereses de éstos. La solución de la gran burguesía claro que no se encuentra en reactivar un mercado nacional, se concentra en realidad en intensificar la explotación de la clase obrera y pasarnos la factura por medio de la inflación y la contención salarial como venimos describiendo en éstas páginas.

La deuda externa es al tiempo transcurrido, ya una de las mayores formas de agravar la postración del país, de sujetarnos a los dictámenes de los organismos internacionales de los imperialistas y arrebatarnos constantemente una cuota importante de la riqueza que los trabajadores generamos año con año; si bien el régimen y la burguesía se sienten satisfechos con la puntualidad de sus pagos, lo cierto es que esa situación lleva al deterioro constante de la capacidad de nuestro país de remontar sus constantes crisis y potenciar mejores condiciones de vida y de trabajo para el pueblo, pero también de establecer una segura capacidad productiva que le asegure nuevas ganancias a la burguesía, convirtiéndose pronto en su contrario, es decir, en una fuente de dificultades para el capitalismo.

Por lo pronto los calderonistas dejan de hablar de estabilidad económica y recomienzan con el trillado tema de las reformas estructurales trasladando los graves problemas económicos a una salida engañosa que al favorecer exclusivamente a la oligarquía financiera y atar el país a los monopolios internacionales absolutamente, alberga en su seno una gran fuente de tensión no simplemente política, sino económica, pues siendo la orientación imperialista la de concentrar en sus manos las principales reservas energéticas, despojarán al capitalismo en México de su capacidad de hacer marchar el ciclo de reproducción del capital, reconcentrarán la riqueza en unos cuantos magnates nacionales y extranjeros apegados a las decisiones imperialistas y entregados al saqueo.

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