Durante largo tiempo la burguesía socavó su propio sistema sin que le preocupase lo que habría de acontecer, ahora nos viene con el canturreo de que somos los proletarios, el pueblo, quienes debemos pagar las consecuencias de la devastación económica y la descomposición política que realizaron con tanto entusiasmo para cristalizar sus riquezas.
Muy patente es la política del régimen por agotar a los trabajadores y sujetarlos aumentando sin cesar sus penurias, sus sufrimientos, sus jornadas de trabajo, por arrebatarle sus recursos y sustraer sus principales fuerzas. Aunque el calderonismo recurre a una propaganda de alto costo, anunciando que no representa los intereses del imperialismo y los magnates, todo cuanto hace lo desmiente por doquier, por ello se parapeta detrás de las fuerzas armadas bajo la tradicional conjetura de que pase lo que pase el pueblo no podrá hacer nada contra ellos.
La burguesía y su régimen no se han preocupado por estabilizar las cosas luego de la crisis política durante todo el periodo electoral de 2006, antes al contrario, apostaron a que la imposición solucionaba todo por el ejercicio del mando despótico; pero el descontento que se mantuvo, hoy se eleva ante la agresión de las reformas, la agresión de los monopolios en la vida cotidiana y el intervencionismo descarado de los imperialistas, que nuevamente nos envían a sus más destacadas criaturas (George Bush, Bill Gates y Tony Garza).
Son todos ellos quienes llevan a los obreros industriales a limitarse en sus necesidades, son ellos quienes inducen a los campesinos a cruzar la frontera, son ellos quienes destruyen las etnias, son ellos quienes llevan al magisterio y trabajadores del Estado a la protesta, son ellos quienes hacinan a los pobres en las ciudades, son ellos quienes llevan la violencia a todo el país; el pueblo exigirá cuentas.
Ellos creen que el proletariado y los aliados que resurgen por doquier ya no podrán levantarse e imponérseles, confían en que sus instrumentos de disuasión y represión son omnipotentes y podrán acallar cualquier descontento, creen llegado el momento de repartirse por completo el país y reventar el movimiento de masas. Desarticular las luchas de nuestro pueblo es un objetivo inmediato tanto como imponer sus reformas, ambos procesos van de la mano, pues los explotadores se dan clara cuenta de a quién agreden con sus políticas.
En el fondo no tienen absolutamente nada qué ofrecer a las masas y todo consiste en el engaño, en la apuesta futura de un bienestar del cual nunca han proporcionado garantías, ya que se trata simplemente de poner en activo la lógica del capital en su máximo poder, así que la lucha nuevamente se levanta y recomienza su articulación.
Nosotros consideramos que inmediatamente debemos saber replantearnos los contextos en que el movimiento de masas camina, queda despejado que no se trata de establecer reservas respecto de unos u otros procesos de lucha, sino de aunarlos y acrecentar su capacidad de respuesta de cada cual y de todos en conjunto. Antes que los sinsabores que esto pueda traer, los comunistas consideramos que se tienen que poner al frente los intereses generales, los derechos que la burguesía ha negado al pueblo, habrá que librar sin duda arduas batallas, habrá que resolver muchas presiones de quienes no han acumulado la amarga experiencia de ver cómo se desvanecen los intentos frentistas, hay que resolver los viejos dilemas del sectarismo, particularmente, hay que poner a tono en las nuevas condiciones la política de frente único por encima del tradicional socialdemocratismo y el cretinismo parlamentario.
Sabemos que hay graves dificultades para establecer criterios comunes, pese a ello insistimos en entregar los mayores esfuerzos a conseguirlo, en apoyar las iniciativas tendientes a la movilización popular y el despliegue de la iniciativa de los trabajadores y pueblos de México, que recién se levantan.
Es claro que muchas tendencias de diversa naturaleza de clase desarrollarán sus propios trabajos, al respecto consideramos que en el ambiente en que tenemos un enemigo común representado en la oligarquía financiera, debemos concentrarnos en la integración de las masas sobre la base de la defensa de sus intereses fundamentales, este hecho ahora se convierte en un principio indispensable de la política de los revolucionarios y a él nos apegamos.
Naturalmente se han desarrollado amplias experiencias en éste sentido durante los últimos años, sin dejar de tomarlas en cuenta, hay que persistir en este tipo de unidad que nos contribuya a zanjar diferencias y ponga las mejores fuerzas del pueblo en el combate frente a sus opresores, sin amilanarnos por las primeras victorias de los financistas en el terreno de la legalidad y en el campo de las reformas, no olvidemos que son las masas quienes dicen la última palabra y quienes con su debida organización serán capaces de responder.
Es claro que lo que la oligarquía financiera y su Estado están llevando a cabo pone en grave riesgo al país, a los trabajadores, su política devastadora anuncia una era de redoblada miseria y explotación, en el norte con la integración directa al mercado yanqui, en el centro con la superexplotación, y en el sur con la depauperización y proletarización de los campesinos; por esta razón se ponen de manifiesto las tareas democráticas y revolucionarias de situarnos en las calles, articular la protesta, organizar a los explotados y oprimidos y resaltar el programa de lucha por un gobierno de obreros y campesinos pobres.
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