La migración de los mexicanos al extranjero, puede vivirse de diversas formas, para la mayoría, la migración es un proceso en que se juegan el todo por el todo, viajan solos, con poco dinero y con la convicción de arriesgar hasta la vida a fin de conseguir mejorar su situación y la de su familia, a la que tal vez no vuelvan a ver.
La migración es una decisión obligada a la que llegan una vez que han agotado todas las medidas para salir adelante en su país. Las condiciones de los países pobres, han hecho que éste fenómeno se incremente año con año, en México y otros países de América y África.
Actualmente, hay cerca de 192 millones de personas viviendo fuera de su país de origen, lo cual representa alrededor del 3% de la población mundial. Eso significa que una de cada treinta y cinco personas en el mundo es migrante. Entre 1965 y 1990, el número de migrantes internacionales aumentó en 45 millones. La tasa de crecimiento anual actual es de casi el 2,9%, de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
A nivel general, la migración tiene importantes implicaciones en la salud pública debido a que los flujos migratorios favorecen el incremento de problemas de salud como VIH/SIDA, enfermedades de transmisión sexual por la adopción de conductas riesgosas(*), padecimientos mentales, violencia intrafamiliar, desnutrición, diabetes y salud bucal. Dado que el proceso de migración se lleva a cabo en condiciones muy precarias, la salud de los migrantes se deteriora en forma aguda, los enfermos llegan a habitar zonas insalubres y no cuentan con recursos para alimentarse en forma adecuada, ni servicios sanitarios y no tendrán atención médica en tanto conserven su situación como ilegales, tomando en cuenta que además el costo del servicio de salud en los Estados Unidos aumentó al doble en los últimos seis años.
El deterioro agudo de la salud, se verá entonces complicado por otras enfermedades crónicas degenerativas, ello se expresa en un aumento de su vulnerabilidad y la de sus familiares con mayor deterioro en la esperanza de vida, ya que además será más probable que sean víctimas de la violencia.
Las personas de comunidades rurales e indígenas que tenían una dieta más saludable, con mucho ejercicio por el trabajo en los campos. Al llegar a la frontera cambian sus hábitos alimenticios por comida chatarra que es la más barata y ya no trabajan en el campo sino que se dedican al comercio. Los cambios en el patrón alimenticio y en la actividad física harán que se incremente la presentación de enfermedades crónicas degenerativas, particularmente la obesidad y la diabetes, asimismo un mayor consumo de sal y alimentos procesados también puede estar involucrado en todas las afecciones cardiovasculares.
A su vez, la importación de patrones alimenticios junto con el uso de electrodomésticos o tecnología que disminuyen el trabajo físico de los migrantes que regresan año con año, ha contribuido a que la obesidad sea más frecuente en el norte del país. Dentro de los grupos más vulnerables para el contagio del VIH, se encuentran las esposas de los migrantes que son contagiadas al regresar sus parejas que tuvieron conductas de riesgo sexual en el otro lado. Hace unos días, se reportó que la prevalencia de tuberculosis se ha incrementado en las ciudades fronterizas, recientemente se reportaron 85 casos en el Paso, Texas y 250 en Ciudad Juárez ya que son casos que se tardan mucho tiempo en detectar y para entonces ya se infectaron otras personas con las que conviven.
Hasta ahora lo que existe de ayuda para la población migrante, es resultado del esfuerzo organizado de grupos de la sociedad civil y los alcances de los programas de desarrollo gubernamental nacional, o binacional, son limitados porque sólo tratan de aparentar dar atención a los problemas que no atendieron antes de que estas personas se convirtieran en migrantes.
(*)En el caso de las mujeres migrantes indocumentadas se estima que 60% tienen algún tipo de experiencia sexual en su viaje hacia Estados Unidos, desde la violación y el sexo coaccionado, hasta el compañerismo. Para las mujeres migrantes que pagan un guía, tener sexo con él puede ser una medida de protección que reduce significativamente el pago monetario por su compañía y el acoso sexual por parte de los migrantes masculinos. (Bronfman, 2004: 22).