La figura de Benito Juárez García, es central para una etapa histórica y una sociedad en la que priva el pensamiento sobre la lucha por las libertades ciudadanas y el desarrollo de relaciones sustentadas en estas libertades: esta sociedad es el capitalismo, que tiene como base ideológica al liberalismo, o pensamiento burgués.
En el siglo XIX, en los países europeos más avanzados, el capitalismo se había afianzado como forma de organización social y modo de producción, consecuencia del deterioro de una forma de organización social anterior, caduca, como lo era el régimen feudal.
La burguesía había entrado a escena y había tomado el control político y económico de los grandes feudos. La máxima expresión de esto, había sido la revolución francesa, que sepultó para siempre al régimen monárquico como forma absoluta de control social.
Por su parte, en América del Norte se desarrollaba una forma organizativa derivada de esta ruptura con el modo de producción anterior, y con las banderas de las libertades ciudadanas se construía una nueva sociedad, revolucionaria para su tiempo: el individuo era ahora el centro y eje del movimiento social.
El modo de producción capitalista transitaba triunfante su proceso de desarrollo y con él la ideología nacionalista, que reivindicaba el establecimiento de nuevas fronteras a partir de los intereses y propósitos de la burguesía, que eran muy distintos a los de la vieja aristocracia. El nacionalismo sometía a una sociedad particular a espacios geográficos y culturales, pero sobre todo económicos, haciendo partícipes a los individuos en un supuesto marco de libertades.
En este contexto, la América colonizada y sometida a la corona española, vivía su propio proceso, enfrentados los liberales burgueses contra los conservadores pro-monárquicos. Después de la guerra popular independentista de 1810-1820, no se había decidido del todo la suerte de la nueva nación, pues a pesar de haberse declarado la república mexicana, persistieron los grupos privilegiados herederos del régimen colonial, entre ellos la iglesia católica, exponente fiel del régimen feudal americano.
Benito Juárez García es un político de este periodo, como tal, su vida y su pensamiento lo reflejan. Le tocó vivir en plena juventud las consecuencias inmediatas de la independencia. No es una casualidad el hecho de que, por ser indígena, hubiese podido transitar por una formación cultural y política hasta llegar a ser el máximo dirigente de la lucha nacional de mediados del siglo XIX. Por el contrario, la causa se encuentra precisamente en las condiciones políticas y sociales del momento.
Si bien debe reconocerse su sagacidad y habilidades políticas, su férreo temple, esto no significa que no hubiese tenido oportunidad de ser lo que fue. Vivió precisamente un periodo de lucha por las libertades más allá de los privilegios y se convirtió en su baluarte.
Pero Juárez no hubiese triunfado si en las naciones europeas y en Estados Unidos no se hubiese impuesto la burguesía. El pensamiento liberal mexicano se empataba con el desarrollo de la burguesía internacional, que encontraba en la instalación de las nacionalidades su base política e ideológica. Por ello la instauración de la república mexicana era un proceso irreversible.
Así, a Juárez hay que tomarlo como lo que es: un agente promotor del capitalismo, que dio la batalla contra los resabios del feudalismo en su aspecto colonialista. Juárez es representante de una época, de una clase social y de una corriente de pensamiento. En este sentido hay que desenmascarar el discurso oficial que lo presenta como un héroe de bronce. Si bien lo fue para su época, no puede seguir siéndolo para la nuestra, porque vivimos la crisis plena del capitalismo y los postulados del liberalismo no coinciden ya con los intereses de la mayoría de los habitantes del país: los trabajadores asalariados.
Juárez representa la lucha por la conquista de los derechos a través de un sistema democrático-burgués, y ese pensamiento la actual clase política quiere seguir imponiendo en la conciencia de las masas. Sin embargo, esta lucha queda rebasada en tanto que los trabajadores descubren que el marco político, jurídico y económico del capitalismo no da para más, que la solución de los problemas no está en el capitalismo, pues la burguesía es en todos los sentidos el principal obstáculo para el desarrollo social.
La obra de Juárez ha quedado registrada en la historia de la nación, pero no significa para la clase trabajadora el emblema de lucha. Hoy la lucha es contra la explotación capitalista y su ideología: el liberalismo. En este sentido se contrapone la figura y obra de Juárez, con los intereses actuales de uno de los principales contendientes en la actual lucha de clases, el proletariado.
El hecho de que Juárez haya surgido del seno de una familia indígena pobre, y que haya escalado toda la estructura política de su sociedad con adversidades, no significa que haya sido el representante legítimo de la clase explotada de su tiempo. Sin embargo, el Estado burgués mexicano así lo quiere hacer ver. Hace uso del discurso romántico y del sentimiento nacional para engañar al pueblo, haciéndolo creer que la aventura juarista fue una epopeya relacionada directamente con los intereses de los explotados, hecho que no ocurrió.
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