El tema de los hidrocarburos*, en México y América Latina, ha destacado con mayor fuerza que en otros tiempos y hoy viene a ocupar uno de los lugares al centro del debate político en torno a los proyectos de nación-sociedad que las clases en pugna (burguesía y proletariado) tienen para sí y la organización de sus propias fuerzas e intereses.
Actualmente, los hidrocarburos son un factor imprescindible dentro de la división internacional del trabajo por el lugar estratégico que ocupa en la producción y desde luego, el peso económico que dicha industria representa. Esta situación, si bien se intenta dilucidarla para “rellenar los huecos” en materia de economía e inversión pública en los diferentes parlamentos en voz del imperialismo, hoy la discusión pasa también al terreno de los espacios populares y ocupa un lugar de primer orden en cuanto a la lucha por la defensa de los sectores energéticos en particular y las soberanías nacionales en general.
La mismas organizaciones profesionales de los trabajadores de este sector, han recuperado este tema para su discusión y análisis como parte de su accionar político. De esta manera el tema de los hidrocarburos es un elemento más que los comunistas debemos retomar fijando una posición clara al respecto.
Según la Constitución burguesa mexicana, Petróleos Mexicanos (PEMEX) es la única empresa que cuenta con la facultad de la explotación de los hidrocarburos básicos, no obstante esta situación, ha quedado reducida a letra muerta pues los intereses económicos imperialistas detrás de su privatización son enormes y en ello coinciden los gobiernos en turno.
Según nos dice Andrea Makon del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora “La importancia de PEMEX para la economía mexicana debida a ciertas funciones tradicionales: 1) Proveedora de energéticos, 2) pivote del desarrollo de ciertas regiones del país, 3) fuente de subsidio para el transporte, 4) estímulo para la preparación de profesionales y técnicos calificados, 5) desarrollo de la tecnología y la ingeniería nacional, 6) creadora de demanda para la expansión y consolidación de industrias específicas como la construcción y la fabricación de bienes de capital.
A ello debe sumarse la articulación del sector con la economía en el ámbito macroeconómico: a) generación de divisas y soporte al sector externo de la economía, b) cuantioso suministro de recursos frescos al sector público (por el tipo de carga impositiva fijada hacia el sector) y, finalmente, c) amplia derrama de demanda que origina su actividad productiva y, por tanto, la creación directa e indirecta de empleos a que da lugar.”
Actualmente con el arribo de FECAL a la presidencia de la república y el ascenso del fascismo en México, la privatización de este sector adquiere cauces más dinámicos y descarados que vulneran tanto el precepto de la soberanía nacional como el desarrollo de la sociedad capitalista, hundiéndola en una crisis mayor, que finalmente tiene efectos devastadores sobre el proletariado. Más las pretensiones calderonistas de cambiar legalmente el régimen monopólico en la explotación de los hidrocarburos básicos de PEMEX por una “sociedad de interés público”, significa legitimar, vía reformas estructurales, el despojo total de la industria de los hidrocarburos en particular y el sector energético en general pues sirve de precepto para ello.
Tan sólo en el 2006, los ingresos de la paraestatal sumaron casi 84 mil millones de dólares y sus activos son de casi 100 mil millones. No obstante esta situación, PEMEX ocupa el cuarto lugar entre las compañías con mayores pérdidas: siete mil millones de dólares. No es difícil imaginar que estás son en base al derroche, la corrupción el mantenimiento de una alta burocracia interna. Además los gobiernos neoliberales en turno han venido despojando de toda utilidad a la paraestatal, acelerando de forma premeditada su descapitalización a fin de poder justificar la privatización que le tienen diseñada.
A esta situación, recordamos, hay que agregarle el peso que desempeña en este sector la industria del GAS L. P. y el GAS Natural, actualmente privatizados por entero pero cuya producción es realizada por entero en las refinerías y plantas de proceso a cargo de PEMEX en un 25 y 75% respectivamente. Hecho que, sumado a la demanda en ascenso de estos hidrocarburos como fuentes energéticas domésticas, comerciales e industriales así como su uso combustible, representa jugosas ganancias verdaderamente monopólicas no para la paraestatal ni mucho menos “la nación”, como dijera la burguesía patriotera, sino para el imperialismo que tiene bien clavadas sus garras y colmillos en esta industria.
En realidad, el sector energético de los hidrocarburos en todo el mundo se encuentra en la mira del imperialismo para continuar un proceso de mayor explotación de los recursos naturales de cada país. Ello en la lógica del acaparamiento de fuentes energéticas tradicionales y alternativas para mantener el desarrollo de la economía de guerra y la obtención, por los medios posibles, de nuevas esferas de influencia, conduciendo los destinos de países como el nuestro a crisis energéticas mayores e insorteables, donde la clase obrera es víctima nuevamente del fantasma de la carestía de la vida, la reducción salarial, el paro forzoso y el hambre con el desmantelamiento inevitable de la gran industria y la especulación económica.
La industria de los hidrocarburos cuya explotación corresponde únicamente a PEMEX, está siendo privatizada, ello repercute de forma directa e integral en nuestras condiciones laborales, de vida y organizativas pues si bien PEMEX tiene un Contrato Colectivo de Trabajo firmado con el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), contrato que es violado de forma permanente, discrecional y sistemática por la patronal y los charros, este contrato no rige para la industria de los hidrocarburos en general.
En México existen más de 200 compañías explotadoras y comercializadoras de Gas L. P. y Natural, además existe otra cantidad similar en sectores derivados de la industria de los hidrocarburos; no obstante la diseminación de los trabajadores en tantas empresas, entre tantos patrones a lo largo y ancho del país, ha permitido también la atomización sindical de nuestro gremio de los hidrocarburos. Es decir, la mayor parte de los trabajadores de este sector se encuentran afiliados a sindicatos de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, Confederación de Trabajadores y Campesinos, Confederación de Trabajadores Mexicanos, Confederación Regional de Obreros de México, etc., pero ninguno de ellos al STPRM por lo que las condiciones son totalmente distintas a las conquistas alcanzadas por el gremio petrolero a lo largo de su historia. Es más, los sindicatos charros y blancos que existen en estas empresas ni siquiera son considerados dentro del sector energético nacional y su carácter por lo general es de servicios o comercio, lo que viene a reducir aún más el nivel de vida y trabajo de los obreros.
Esta situación ha surgido al amparo del charrismo sindical apostado en la dirección del STPRM y el propio Congreso del Trabajo, pues a cambio de puestos públicos, ofertas económicas, dádivas, posiciones políticas, caudillismo, etc., las burocracias sindicales de ambas estructuras han convenido diseminar a nuestro gremio en base a “sutilezas legales de mercado” como si se produce o se transporta, si se almacena o se comercializa el producto.
* Los hidrocarburos son compuestos bioquímicos formados únicamente por carbono e hidrógeno. Consisten en un armazón de carbono al que se unen átomos de hidrógeno. Forman el esqueleto de la materia orgánica.