George Bush continúa provocando respuestas de rechazo, en su contra destacan las manifestaciones de repudio a la política guerrerista en Medio Oriente y al neoliberalismo, que Bush trató de consolidar en América Latina, este personaje es impugnado por multitudes enardecidas consientes del papel que el imperialismo tiene en la profunda pobreza del continente.
El interés que los imperialistas tienen en las reformas para nuestro país y el rol que la política internacional de México tendrá que desarrollar en la región como pieza fuerte de los intereses imperialistas ante el distanciamiento de los gobiernos de América del sur respecto del imperialismo yanqui.
Con el anuncio de la creación del banco del sur entre Venezuela, Bolivia y Argentina las posibilidades de seguir saqueando a la región por medio de la deuda externa sufren cierta restricción tendiente a condicionar la salida de capitales, lo que obliga a los Estados Unidos a tener que asegurar territorios como México que les reportan cuantiosas ganancias.
El continuismo neoliberal del gobierno de Felipe Calderón pronostica que en nuestro país los intereses norteamericanos prevalecerán a costa del empobrecimiento de la mayoría del proletariado, pues las políticas privatizadoras son el mejor mecanismo para la acumulación de capital por parte de los monopolios norteamericanos y nacionales, como lo muestra el incremento de la fortuna de Carlos Slim.
Las hipócritas declaraciones de Bush sobre los acuerdos migratorios chocan con la realidad de la construcción del muro fronterizo, del mismo modo que el altruismo de Slim con la creciente fascistización del país, pues la intención de que se apruebe el espionaje sin autorización judicial y la creación de una policía nacional centralizada siguen aportando elementos para medir las intenciones del imperialismo y de los métodos que se procura para contener la lucha de clases.
De tal forma se concentran los intereses imperialistas en México para buscan garantizar un mercado estable y un aliado seguro en la política internacional por medio de un régimen autoritario y represor encabezado por Felipe Calderón que garantice los intereses yanquis ante posibles escenarios adversos en los próximos años.
Este panorama no es el único que tiene que evaluar la lucha proletaria, pues a la par de la visita del presidente del imperialismo de los Estados Unidos, una nueva corriente en la política del movimiento de masas está destacando a nivel continental, caracterizada por una reivindicación de la soberanía nacional y de un distanciamiento aparentemente antiimperialista en el discurso, pero en esencia busca reacomodar una parte de la burguesía nacional latinoamericana en contradicciones con el imperialismo concerniente al reparto del volumen de plusvalía que acaparan los monopolios imperialistas que promueven el libre comercio.
Basándose en el descontento de la población trabajadora, las nuevas corrientes del nacionalismo burgués latinoamericano reivindican iconos de la lucha independentista y de la consolidación del capitalismo de América haciéndolos pasar por la ideología actual del proletariado, mientras en el fondo los principios del desarrollo capitalista y de la propiedad privada se mantienen intactos.
En cuanto a estas pugnas inter burguesas, en tanto el movimiento que encabeza López Obrador mantiene las características gran burguesas bajo una critica al neoliberalismo y al dominio de los monopolios, en la práctica no trastoca los fundamentos que hacen que nuestro país marche a pasos agigantados a la completa dependencia, los cuales son el modo de producción capitalista y el dominio imperialista.
El programa que éste movimiento ha levantado mantiene estas limitaciones y ya es superado por los avances del movimiento de masas que se agrupa en el Diálogo Nacional y la Declaración de Querétaro en donde el principal sustento es que fue aprobado de manera democrática por los sindicatos y organizaciones que los suscriben, superando en la práctica la visión de democracia vertical que mantiene el movimiento obradorista.
Las tendencias de las burguesías nacionales en apoyarse en el proletariado para aproximarlos a sus intereses se manifiestan también en México, de manera que se impulsa la opción obradorista como lo más progresista y acabado del movimiento, menoscabando las posibilidades de la organización popular y de los alcances de la lucha de masas circunscribiéndola al parlamentarismo.
En medio de la actual crisis política económica y social que afecta a nuestro país, la opción del nacionalismo burgués representa una segunda vía por la que el régimen capitalista puede controlar una salida democrática-revolucionaria que se avizora en las propuestas como la nueva constituyente que va tomando fuerza en el movimiento de masas.
Las dos grandes tendencias que el movimiento revolucionario enfrentará en su marcha al socialismo se palpan en medio de la visita de Bush a América Latina, el fortalecimiento de gobiernos de ultraderecha como el de Felipe Calderón y los avances de la ideología nacionalista burguesa pintada de antiimperialismo.
Una de las dificultades a superar en el actual auge de la lucha de clases será el fortalecer la visión estratégica y táctica de los intereses históricos de la clase obrera.
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