Número 220 semana del 12 al 18 de Marzo de 2007

Accidentes laborales en Aceros Anglo

Las condiciones infrahumanas en las cuales trabajamos, un ejemplo, está en la fundición de acero en Toluca de la empresa llamada Aceros Anglo, los riesgos de trabajo son mortales, en primer lugar por la maquinaria que se utiliza en esa fundidora, hablamos de maquinaria obsoleta, de los primeros años de los ochentas.

Aceros Anglo, está compuesta de varios departamentos, el de fundición, aquí, el riesgo es trabajar con temperaturas mayores a mil grados centígrados, eso en cuanto a los hornos se refiere, pues el riesgo de quemaduras en la piel sobre todo en el rostro es muy grande, porque se tiene que echar el acero de los hornos a una grúa manual tirada por una cadena en botes, al acercarse para echar el acero estamos hablando de una temperatura a mil cien grados o más, se tiene que depositar dicho acero lo más rápido posible, aunque son dos metros de distancia de horno se percibe un calor intenso sobretodo en el rostro.

Cuando se arroja el acero al horno, que es como cuando se arroja una piedra en una cubeta con agua, es obvio que salpicará a quien esté alrededor de ella, imaginen lo que sucede cuando salpica el acero fundido en el rostro de alguien. La fábrica solamente proporciona una cosa para cubrir el rostro, unos lentes de plástico y ropa sintética, eso en los hornos, donde se supone debe haber una mayor seguridad.

En la segunda parte del procedimiento, el acero fundido se vacía en las lingoteras, primero se hecha el acero en ollas, transportadas mediante grúas capaces de aguantar hasta ocho toneladas de peso, de hecho las ollas como ya están demasiado deplorables se llegan a reventar, hubo una ocasión que la parte de debajo de la olla se reventó derramándose el acero liquido cayéndole a un compañero en las piernas con lesiones de tercer grado y la empresa sí le dio incapacidad pero no de por vida sino hasta que se recuperara, ya “recuperado” lo pusieron a trabajar en una área de “menos riesgo”, de montacarguista y ya no labora en esta fábrica.

Existe otro peligro, cuando se atasca el acero una vez enfriado en las lingoteras, es decir, donde se vierte el acero liquido en sus respectivos moldes, si no sale el acero se tiene que desmochar, columpiar la lingotera en la grúa, la grúa se encuentra en la estructura de arriba de la fábrica. Para poder columpiar la lingotera en la grúa debe hacerse de manera manual, es decir, que alguien de nosotros la balancee y ya que haya tomado vuelo, la estampamos sobre un tocho como muro de acero para que se destrabe o salga el acero de la lingotera, el riesgo aquí, es que, si uno no se alcanza a hacer a un lado antes de que se estrelle contra el muro se corre el riesgo de que se le caiga el acero en los pies, ya sea media tonelada o mil kilos, ya ha pasado.

Pero, eso no es todo, si no sale el acero de esa manera, entonces se tiene que destonchar, poner la lingotera sobre dos soportes y en la grúa subir un tocho de una tonelada enganchada por la grúa, mientras alguien, dirigiéndola mediante un gancho con cadena en lo que se hace subir el tocho, si se llega a zafar se corre el riesgo de ser aplastado por mil kilos o bien ser degollado por la cadena que va uno dirigiendo.

Ya arriba, el tocho, que se encuentra aproximadamente a diez metros del objetivo, se silba para que todos se escondan en un lugar “seguro”, puesto que al hacer contacto el tocho con la lingotera, el acero que sale de ella se astilla y salen volando esquirlas de acero a una velocidad de 150 o hasta 200 kilómetros por hora, más veloz que una bala, en cierta ocasión, un compañero se escondió detrás de muchos lingotes, pero eso no le bastó, ya que en varios rebotes de una esquirla de acero, ésta término enterrada en su espinilla, destrozándole la tibia, hablamos de un pedazo de acero de no más de 5 cm., ni siquiera el casco de protección aguanta tal disparo.

Cuando hablamos del terrorismo patronal es porque lo vemos y sentimos diariamente, se ha pedido al gerente, así como a nuestros representantes, quienes, por cierto, son charros sindicales, el mejoramiento del equipo de seguridad, el más apropiado para los diferentes departamentos, pero estos se niegan como de costumbre, pues son servidores de sus patrones.

Sigamos hablando de accidentes mortales que tenemos en esta fábrica, como es el aspirar diariamente el humo tóxico que despide el acero cundo se funde, ya que contiene muchas sustancias químicas, entre ellas el azufre, si uno tose cuando se prende un cerillo imagínense cuando se vacía hasta dos kilos de azufre en el horno y solamente nos cubrimos con cubre bocas para el polvo, porque tanto la patronal como los del sindicato dicen que las mascarillas antigases no nos podrían dejar respirar.

A ellos nada importa la salud de los trabajadores, mientras ellos se hinchan de dinero a costa de nuestras vidas, eso con respecto a los gases que emanan del acero que se funde, existen muchas historias que se pueden contar, nosotros somos los que las sufrimos en carne y hueso, son tantas estas penalidades que el capitalismo ha sembrado la necesidad del trabajo como un factor alienante , tanto nos metemos en la cuestión de que tenemos necesidad y bien cierto, pero también tenemos la necesidad de ser humanos, la necesidad de llegar a salvo a casa y disfrutar a la familia, no de llegar mutilado o sin vida.

Cuando el trabajo nos es expropiado por un parásito que vive a costa de nuestra salud, no nos dan más que explotación y miseria, cuando somos los que nos la jugamos en el borde de una altísima construcción, los que forjamos el acero con una reducción de vida, los que trabajamos debajo de la tierra descubriendo minerales aunque seamos enterrados por descubrir minerales, que son apropiados por los burgueses.

Nosotros los proletarios, los campesinos pobres que trabajamos de sol a sol, de seis a seis, somos las manos hacedoras, las que forjamos nuestro propio destino, y nuestro propio destino es ser dueños de los medios de producción, no más ser esclavos del capitalismo, que no corra más sangre en nuestros trabajos por accidentes mortales, la única alternativa que tenemos es formar un solo puño de obreros y campesinos pobres para detener esta sangrienta explotación de la cual todos los trabajadores somos victimas.

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