A comienzos del mes de marzo, en todo el mundo la información de la caída de la bolsa de Shanghái provocó que de manera simultánea se registraran bajas en las bolsas de valores en Nueva York y México, sin embargo, el precio del petróleo se mantuvo inmóvil en esta turbulencia financiera.
Que el precio del petróleo no sufriera modificaciones nos habla de la importancia que este recurso energético representa para todo el mundo y del cuidado que los grupos financieros le dan a esta rama de la economía, no por nada la visión geoestratégica del imperialismo estadounidense gira en torno al control de los recursos petroleros a nivel mundial.
Esto pareciera ser una buena noticia para México, pues nuestro país se encuentra entre los mayores productores de petróleo, si sumamos que Petróleos Mexicanos (Pemex) mantiene la expectativa de descubrir reservas por 10 mil millones de barriles de crudo equivalente en el área de 50 mil kilómetros cuadrados conocida como Coatzacoalcos profundo en el Golfo de México.
Los recursos que aporta Pemex al presupuesto de la nación, son de cerca del 40% del total recaudado por la Secretaría de Hacienda, lo que contrasta con el argumento esgrimido por Agustín Carstens, quien opina que la reforma fiscal debe tener como objetivo el incrementar la afluencia de recursos para esta secretaría y al mismo tiempo se manifiesta en favor de la privatización de Pemex.
El que los políticos burgueses en sus fórmulas rompan con la inteligencia obedece a la doble tarea que les asigna la oligarquía y el imperialismo; la primera, mantener el control sobre las masas trabajadoras y la segunda poner en las manos de los monopolios los recursos energéticos del país, esta tarea se dificulta más, pues para los trabajadores las privatizaciones sólo han significado el aumento en los precios de los recursos que son vendidos a los particulares, por ejemplo, el servicio telefónico, transporte y salud.
Actualmente, entre los interesados en la privatización de Pemex, se encuentran en primer lugar los monopolios estadounidenses vinculados a la empresa Halliburton del vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney , pero también el oligarca mexicano Carlos Slim está interesado en obtener su parte en el reparto de la empresa estatal por medio de su filial Fabricación y servicios para la industria petrolera (Swecomex) integrante del Grupo Carso , la cual del 2004 a la fecha, se ha enriquecido con 966.4 millones de pesos por medio de diferentes contratos como la construcción del sistema de vacíos y estabilización de condensados de la terminal marítima de Dos Bocas, ubicada en Tabasco, y la construcción de una plataforma de telecomunicaciones en la sonda de Campeche.
La Administración de Información de Energía de Estados Unidos da una proyección a la alza de los precios del petróleo hasta el año 2030, dato que nos da una idea de lo rentable que para los monopolios es el invertir en el petróleo y por consiguiente en la privatización de Pemex tanto para los imperialistas en su estrategia de “seguridad energética” y para los oligarcas nacionales la apertura a la inversión privada les otorgaría la oportunidad de poner en circulación sus capitales en una rama que dominaba el estado y les permitiría incrementar su dominio de la economía mexicana, la cual representa un territorio en donde las inversiones crecen vertiginosamente dado lo caro que se venden los productos y servicios, como por lo barata que es la mano de obra y los nulos derechos laborales.
El reparto que está dándose en nuestro país incluye el jugoso negocio carretero, el cual, ya ha sido objeto de saqueo por parte del gobierno mexicano en el sexenio de Zedillo, mediante un rescate carretero que consistió en asumir el costo del deterioro del sistema carretero a falta de mantenimiento que debían asumir los particulares a los que se les asignó las concesiones carreteras.
En este rubro, también se otorgan actualmente concesiones para la construcción y explotación de los sistemas carreteros, tan sólo en el Estado de México, están incluidos el mismo Carlos Slim por medio del grupo Inbursa, Carlos Hank Rhon con Constructora La Nacional, junto al Grupo Interacciones y Bernardo Quintana del Grupo Ica.
Entre las privatizaciones en puerta también se encuentra la industria eléctrica, la educación, los sistemas acuíferos entre otras, estas, representan la cuota que Felipe Calderón tiene que pagar a la oligarquía, que lo mantiene en el poder por medio del fraude electoral, y a la cual le ha prometido firmeza en una tarea que hasta hoy no se ha cumplido en su totalidad, pues los intentos han sido frustrados por las movilizaciones populares en contra de las políticas neoliberales.
Para las masas proletarias, las privatizaciones van en contra de sus intereses, así como todas las reformas que pretenden pasar con la mano firme, para los monopolios y los imperialistas las facilidades que el gobierno otorga para explotar al país son inmejorables y sus llamados a la inversión extranjera, se presumen hoy con los resultados de las ganancias que hacen de Carlos Slim, uno de los tres magnates más acaudalados del mundo, a diferencia de lo que ocurre con el resto de los trabajadores que se ven obligados a percibir un salario miserable por las jornadas extenuantes de trabajo.
Mientras que para la oligarquía México es un paraíso para extraer plusvalía, para la clase de los proletarios se está convirtiendo en un inmenso campo de explotación, del cual tienen que huir cruzando la frontera norte. El entreguismo del gobierno de Calderón profundizará más la pobreza de las masas y mientras la mafia de oligarcas sostenga el poder en nuestro país, las mejoras sólo serán parte de los discursos de cada nuevo presidente.
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