Número 219 semana del 05 al 11 de Marzo de 2007

Lucha de la mujer proletaria
por su emancipación
El régimen persigue legitimarse


“El primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia;
y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el sexo masculino.”

Federico Engels, “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”

La opresión de la mujer, así como la explotación capitalista de su fuerza de trabajo, tienen su instrumento en la familia tal y como la conocemos hoy. Cuando la burguesía habla sobre la familia como la base de la sociedad, se apoya en la idea de recargar el esfuerzo de la familia proletaria, para que sea particularmente la mujer quien afronte las mayores cargas en ese ámbito, ya que el sistema capitalista se basa en la propiedad privada de los medios de producción la cual condiciona por necesidad económica a la esclavización de un género por el otro.

No se trata pues de “cambiar las ideas” religiosas, políticas y sociales que supuestamente dan origen a la desigualdad femenina, sino de transformar el modo de producción que envía a las mujeres a hacer jornadas de trabajo más agobiantes, más prolongadas y por menos salarios, condiciones sobre las que se da sostén precisamente a las ideas dominantes actuales por eso es que no debe entenderse el desarrollo de la monogamia como algo “natural” en la historia del ser humano, y que por tanto de la misma forma puede cambiar, es decir, lo que pregona la burguesía cuando dice que el desarrollo del capitalismo llevará de manera natural a la mujer a su emancipación, obteniendo así su plena libertad.

Nada mas engañoso e incierto, pues justamente es en el capitalismo donde la mujer es destinada a ser la sirvienta del hogar, a realizar los embrutecedores quehaceres domésticos y a encargarse del cuidado de los hijos, no podríamos encontrar en esta sociedad otro sector más atrasado por sus propias condiciones de existencia, que la mujer, tanto en las clases medias como en la clase obrera; así pues tal y como el contrato laboral es realmente desigual para el obrero respecto al patrón, así el contrato matrimonial es desigual para la mujer respecto al hombre.

Sin embargo, el capitalismo mismo crea en su seno las condiciones que habrán de derribarlo, la incorporación de la mujer a la vida política y social de manera más activa, pero principalmente como fruto de la incorporación de la mujer a la producción social son parte de esas condiciones. Ya que el capitalismo necesitaba mayor fuerza de trabajo para su ritmo anárquico de producción, la mujer proletaria tuvo que ser integrada al proceso productivo, y con esto se tuvieron que modificar únicamente los prejuicios y ataduras que lo impedían.

Es decir, pesa ahora sobre la mujer la doble esclavitud, la del hogar y la de la fábrica, aunque en la vía de los hechos es difícil cumplir completamente con las dos tareas, si la mujer sale a la producción y viceversa; y es por esto que su emancipación exige como primer y más importante paso la incorporación de todas las mujeres a la producción social, lo que requiere por fuerza la eliminación de la familia como la conocemos ahora, como unidad económica de la sociedad.

Lo anterior implica, la lucha por una sociedad donde desaparezca la cocina individual, la educación individual de los hijos, es decir, donde la mujer pueda ser realmente libre de toda atadura económica y de dependencia que no le permita cumplir plenamente con su función social.

Volviendo a la cuestión de los derechos de la mujer, es hasta cierto punto obvio por qué la lucha no puede limitarse simplemente a obtener “derechos”, es como el derecho a tener una vida digna que supuestamente tenemos todos en la constitución, pero que en la práctica es despedazado por la realidad del trabajo asalariado. Un caso es el del divorcio, ya que si bien existe ya en la legislación sigue siendo limitado, pues a menos que sea con el consentimiento del marido, la mujer no puede divorciarse libremente si no es bajo una serie de situaciones que tienen que suceder y no sólo porque ella lo desea.

Entre más nuevos derechos se integren a la legislación y entre más ampliaciones que pudieran darse en el papel de las libertades democráticas, más claro será para la mujer proletaria que no faltan “derechos”, sino acabar con el capitalismo que da origen a su esclavitud. Sólo de esta manera serán barridos de forma real, todas aquellas cosas que impiden la equidad entre el hombre y la mujer.

Esto no quiere decir que las mujeres proletarias no luchen por sus derechos, pues esta lucha en gran medida educa en el camino hacia la revolución socialista, lo que hace falta es abordar correctamente la forma en que se debe luchar por la emancipación de la mujer y principalmente el carácter de esta lucha, es decir, la lucha por una verdadera igualdad económica y social y no sólo formal, la transformación de la economía doméstica en economía colectiva, la desaparición de la propiedad privada que da origen y sostiene a la familia actual, la emancipación pues de la clase obrera en su conjunto. Por una perspectiva de Clase, contra la “perspectiva” de género, hipócrita y burguesa.


En este
219
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vanguardiaproeltaria@gmail.com