Con la presencia de nuevas condiciones en Oaxaca, todos aquellos que estamos por el Frente Único contra los explotadores debemos asumir una ardua labor de organización y una tenaz lucha que se apoye en todas las posibilidades presentes y en su desarrollo.
Adoptada esta línea general que se ha probado al calor de los combates durante los últimos meses, existen tres cuestiones a considerar:
La APPO en el centro de la lucha
Esta primera cuestión consiste en mantener a cualquier precio la unidad en torno a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), afirmando el principio de autoridad e instancia de organización para la clase obrera y todos los pueblos de Oaxaca. Principio contra el que vienen atentando las fuerzas del Estado, la burguesía y los oportunistas envalentonados ante los próximos escenarios electorales; bajo la línea de perseguir y agredir a la APPO como una estructura fuera de los marcos establecidos, que atenta contra la hegemonía de los explotadores y opresores.
En este marco, los oportunistas del PRD y del conjunto del Frente Amplio Progresista (FAP) pretenden reducir la imagen de la APPO, al de una fuerza sólo de carácter social, sin mérito alguno y sin otro camino que el de servirles de trampolín; olvidan estos señores las lecciones históricas que en pocos meses la APPO ha dado y que rebasan con creces la tibia y vergonzante oposición colaboracionista que a lo largo de muchos años ellos han venido practicando.
Someternos a la voluntad de organización y unidad de las masas en torno al programa democrático y revolucionario que se dibuja en sus consignas por la salida de Ulises Ruiz, una nueva constituyente y todo el poder al pueblo; no es un caso de eventualidad, define el alcance de maduración política a que van llegando las masas y sus organizaciones, sin embargo, muchos intentan y seguirán intentando escamotear este mérito aprovechando unas u otras debilidades, unos u otros tropiezos.
El pueblo de Oaxaca, sus campesinos, sus proletarios, sus artesanos, sus maestros, su juventud, sus mujeres, todos los sectores que lo constituyen, aspiran a ser libres, aspiran a una vida digna, aspiran a romper el sistema que los domina, aspiran a vencer a la clase social que los esclaviza, anhelan deshacerse de la calaña de políticos burgueses que viven de sus sufrimientos; este pueblo, con estas aspiraciones, está dando una importante lección de lucha, pero particularmente en relación con la importancia de asegurar una organización suficientemente amplia, unida, orientada y centralizada en su dirección a través de la APPO.
Ahora sabemos que sin la APPO y su línea democrático-revolucionaria, el pueblo de Oaxaca puede fracasar en sus aspiraciones, las clases sociales explotadas y oprimidas de Oaxaca suscribieron las bases de una alianza de gran alcance e impacto nacional e internacional, es por ello que el odio de la burguesía, no tan sólo de Ulises Ruiz, se ensaña con ellos, busca las formas de doblegarlos, de desgastarlos y de ser posible cooptarlos a sus propios intereses.
Sin dejar de lado las acciones represivas a la orden del día, la burguesía tanto por su experiencia como por la práctica de una política de mercantilismo y clientelismo, hace uso de sus recursos para atraer al pueblo y dispersarlo con concesiones miserables aprovechando la circunstancia de su extrema necesidad, este es un factor que los comunistas no olvidamos; y bien constatamos que hoy tiene menos resultados sustanciales en torno al pueblo, es decir, la burguesía pierde terreno entre las masas, no obstante trata de recuperarlo extendiendo esas maniobras al seno del movimiento organizado, para disuadirlo o hacerle más antojadizo el botín político-económico que propone distribuir como ya lo ha hecho por ejemplo en Chiapas después del levantamiento armado del EZLN y la constitución de la Asamblea Democrática del Pueblo Chiapaneco.
Percibir esta situación no es ninguna revelación, obedece a los pasos alcanzados por el movimiento de masas en los últimos años, no hacer nada conociendo estos fenómenos para levantar una barrera a la burguesía, naturalmente nos llevaría al sectarismo como lo hacen ciertos sectores del “radicalismo” reformista pequeñoburgés, máxime si permitiésemos que la conciencia general sea rebajada al grado de la calumnia y la acusación bajo especulaciones sobre el fin que se persigue. Nosotros, la clase obrera y el pueblo no podemos fantasear con la lucha, tenemos que alcanzar a orientarnos en el proceso, no podemos simplemente ver a los burgueses maniobrando sin que afrontemos las tareas del movimiento de masas, sin balbuceos, sin espantos ni arrepentimientos. La lucha de clases contemporánea no permite echar a saco roto cualquier cuestión, pues al final, o se contribuye, o se está en contra de sus procesos.
Condiciones del proceso
La segunda cuestión que se nos impone, es la importancia de reconocer la correlación de fuerzas que afrontamos, a la cual los revolucionarios ajustan sus posiciones ubicando el golpe fundamental y las fortalezas a tomar. En éste sentido, muchos son quienes “consideran” que la APPO debió proclamar el boicot electoral y/o dejar pasar, sólo mirar de lejos las elecciones, mas a las primeras se ve que se estrellan contra las condiciones generales, naturalmente son errores que se cometen por diversas causas, pero corregir a tiempo es una buena señal de ubicación en el entorno de la lucha de clases; asimismo hubo los decididos en ir a tomar el parlamento con todas las curules, es decir, a ganar las elecciones, pero de inmediato se reconoce que eso también está fuera de la realidad y el alcance de las organizaciones de la APPO; de las posiciones burguesas, puede verse que se inclinan entre cerrar el paso a la APPO y conceder acaso alguna brecha por la vía de otras estructuras para de una u otra forma resguardar el Estado de Derecho y hacer pasar como incluyente al régimen, pero tampoco están próximas a la realidad, y tan solo se basan en el ejercicio de un tipo de instrumentos político-militares, y un conglomerado de prejuicios de clase.
Los factores de la lucha de clases determinantes para definir nuestra línea táctica son los siguientes:
1.- Continuación de un sistema de despojo y explotación por parte de los monopolios y la oligarquía financiera hacia los pueblos de Oaxaca, que significa la condena de antemano a nuevas escaladas de agresión política contra éste.
2.- La permanencia de un régimen despótico que busca una nueva legitimación electoral, que tiene tras de sí, por las buenas y por las malas, el apoyo nacional de su clase y el Estado, un régimen enemigo de las masas, firme en su política de desaparecer a la APPO como germen del poder proletario y popular.
3.- El problema del parlamentarismo burgués y las formas tradicionales de la política burguesa en el estado, que en su descomposición llevaron a los pueblos de Oaxaca a combatirlos y rechazarlos tajantemente.
4.- La posición de los partidos burgueses de sacar del pantano la democracia burguesa en Oaxaca con o sin Ulises Ruiz, con o contra de éste, en primera instancia por hacer prevalecer los criterios de representatividad capitalista, que se hace llamar opinión política y centro de actividad política suprimiendo los procesos que se desarrollan entre las masas trabajadoras o debilitando su presencia.
5.- Los problemas de la militarización, la anulación de los derechos sociales y políticos, represión y violación de los derechos humanos, que hacen padecer a los pueblos toda clase de injusticias a fin de menguar su espíritu de combate.
6.- La posición de reorganización de las masas en torno a la APPO por todo el estado, como eje ordenador de las tareas generales de un movimiento en lucha contra el capitalismo, que ha obtenido grandes logros en torno a la unidad y alianza de los explotados y oprimidos en Oaxaca.
7.- La necesidad de las masas de reposicionarse en la lucha de clases sectorial, estatal, nacional, e internacional frente a la burguesía y su aparato estatal, aprovechando todas las posibilidades y recursos que se les presentan, sin esperar a que uno u otro sea único, sino haciendo de todos un conjunto de bastiones factibles para cualquier combate.
8.- La necesidad de la APPO de avanzar su línea política en la asimilación de los procesos de la lucha y el combate de posiciones frente a la burguesía y la pequeña burguesía; que plantea la urgencia de salir a la palestra en la organización de la lucha contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), el Plan Puebla Panamá, la pauperización de las masas y su extrema explotación; es decir, contra el neoliberalismo y el capitalismo imperialista.
9.- La necesaria contribución al conjunto de la lucha de clases con la aplicación de una táctica independiente, proletaria y popular contra el régimen, sacando partida de sus debilidades, retomando la trascendencia de hacer de cualquier espacio una tribuna y trinchera de la lucha de clases para revitalizar la política de los explotados y oprimidos.
Tales son los factores que en estos momentos se presentan ante nosotros, para que a continuación nos tracemos el logro de las tareas de la etapa de acumulación revolucionaria de fuerzas y frente único, que como puede verse, de éstos todas las clase sociales obtienen sus propias cuentas, incluso al poseer unas más instrumentos, bien puedan llevar mayor ventaja, lo que cuenta es la marcha del proceso de acumulación, aquella que hoy nos dicta pasar a la organización, la agitación, la proyección de la asamblea popular, el divorcio de las posiciones burguesas y la alianza por un programa antiimperialista, antimonopolista, por la democracia popular, no se destruya por ningún motivo y se afiance en estructuras como la APPO.
Claramente la correlación de fuerzas revela que las difíciles condiciones de vida, de trabajo y actividad social de las masas en Oaxaca nos llevan a no escatimar ningún esfuerzo en la comunidad, en el barrio, en la ciudad. Cualquier acción enfocada a resaltar y asentar la lucha de nuestros pueblos es una contribución al camino por el que venimos marchando, sin lugar a dudas las que se organizan desde nuestras instancias dirigentes en la APPO y sus organizaciones también lo son, más cuando hacen prevalecer los principios democráticos y de unidad, aunque en ocasiones en algunas el Estado alcanza a poner un límite a nuestras acciones, tanto en donde hemos sido reprimidos como en los escenarios de acción legal, incluida la electoral como es el caso de éste año.
No podríamos negar que efectivamente la burguesía todavía puede moverse con ventaja para impedir, escamotear o denigrar nuestros logros y perspectivas, como de alguna manera lo vienen a ratificar al asegurar para sí los espacios de actividad electoral, haciendo que la APPO se vea frenada a insertarse para no sólo desenmascarar al régimen, sino para abrir su política en el escenario inmediato, ya sin pensar en los resultados electorales. Se trata de una maniobra que han sabido representar y llevar hasta el fin los partidos políticos burgueses para “otorgar” a las masas de la APPO la posibilidad de verse representadas por éstos, hurtando sus conquistas y sacando partido de la situación para velar la profunda crisis que los carcome en su responsabilidad de que Ulises Ruiz y toda la estructura estatal se hayan mantenido hasta nuestros días.
Tendencias de la lucha de clases en Oaxaca
Desde el ángulo del proletariado nos trae a la tercera cuestión de nuestro interés, el problema del poder, naturalmente, para las masas, no hay solución en los márgenes de los procesos electorales auspiciados, controlados, definidos por la burguesía. A pesar de esto, así como no está en juego en ese asunto el poder de la clase capitalista, tampoco está en juego el abandono de nuestras posiciones de clase y el anhelo fundamental de las masas de construir una sociedad sin explotados ni explotadores. Está en disputa el cambio de la correlación de fuerzas a favor de los explotados y oprimidos, y quizá lo sepa mejor la burguesía que muchos sesudos izquierdistas que se ufanan de hacer una grande obra cuando llaman a no hacer nada.
Es evidente que si la APPO alcanza a destacar cuadros en el terreno electoral, concentrándose en sus banderas, tendrá que llevar la denuncia del sistema desde las entrañas mismas de la democracia burguesa aprovechando las posibilidades para la agitación, la propaganda y la organización de las masas. Ello trae sus peligros al hacerse patente que también en el estado de Oaxaca se avanza a un proceso de reformas reaccionarias que socavarán en absoluto los derechos sociales, políticos y laborales de las masas populares, y en esos términos nada puede hacer la APPO si sólo concentra sus fuerzas en el frente electoral y desatiende todas las demás formas de organización y de lucha, si es así sólo se llevará a las masas, irremediablemente, al cretinismo parlamentario, hoy queda claro que todo proceso de cambio social popular y proletario sólo puede venir por fuera de las instituciones estatal burguesas, solo puede suscitarse en medio de las más enconadas luchas de clases.
Si la APPO o sus organizaciones logran pisar esos terrenos, una cuestión todavía difícil de suceder, pues las disputas por los puestos de mercaderes están a la orden del día al interno de los partidos burgueses; tendrán que establecer una política unitaria parlamentaria abocada a destacar sus banderas centrales en medio de una tempestad de rechazo burgués, pero en todo caso, si se abre tal perspectiva, no podrá renunciar a ello, a menos que desee correr el riesgo de su desmembramiento ó de la pérdida de cuadros que no sólo pueden desorientarse, sino ser marginados o cooptados por el aparato. Hoy nos queda claro que de lograrse la constitución de un mínimo bloque electoral si éste supuesto no es resguardado y dirigido desde la APPO, tiene escasas posibilidades de sobrevivir como grupo de combate democrático y revolucionario.
En cualquier caso, con o sin inserción en el proceso electoral, la APPO además de pasar a ejecutar sus planes de acción y levantar sus banderas tan vitales, deberá instaurar con sus propias fuerzas un amplio proceso de consenso social con respecto de su papel en la sociedad, respecto de su posición sobre el nuevo parlamento, de su posición acerca de las condiciones en que logre ubicarse el régimen, que busca a toda costa sacar el tema Ulises y el tema asamblea constituyente del centro político, concentrando su esfuerzo no simplemente en ganar para su grupo estas elecciones, sino esencialmente legitimar al aparato estatal.
Como puede verse, la burguesía es muy práctica, juega todas sus posiciones pero no pierde de vista la manutención de su régimen, desearía que la APPO y las masas no delaten el proceso electoral, que éste pasara así fuese sin pena ni gloria. Así entonces, en este terreno lo que se pone a prueba es quién lleva la batuta, si la burguesía y sus partidos o la APPO y la alianza de clases explotadas y oprimidas.
Tenemos finalmente que las fuerzas en pugna se presentan de la siguiente manera: de un lado la burguesía, sus partidos, los oportunistas y pequeñoburgueses adheridos al régimen esperan que en Oaxaca las elecciones se conviertan en el centro de la arena política, en el capitalizador de la atención y se logre imponer un nuevo parlamento estatal que con o sin oposición nutra al gobierno de una imagen democrática a la vez que permita pasar su grave crisis política sin mayores contratiempos; de otro lado se encuentran las masas populares organizadas en la APPO que ven amenazada su posición de máxima representación social, el eje aglutinador de la lucha contra el régimen, y en única perspectiva para las mayorías de destruir este sistema, que ve en el proceso la conjuración de todas las fuerzas burguesas para aplastarla y rebasarla en el periodo siguiente, por tanto obligada a salir a la palestra en defensa de sus intereses, por la elevación de su papel en la sociedad, a la vez que única protagonista capaz de socavar la farsa electoral y establecerse en nuevos niveles rumbo a la Asamblea Popular.
Toda organización que desee adentrarse a los procesos electorales debe tomar en cuenta en primer lugar el interés general de la amplia organización de las masas, no el dictado de su desesperación o intereses mezquinos mal disfrazados en lo que se suele argumentar como búsqueda de recursos económicos para el pueblo y la generación de clientelismos que sólo socavan el avance del movimiento popular injertando nuevos apéndices de politiqueros de la llamada izquierda aterciopelada.
Sin estas condiciones, pierde sentido para los demócratas y revolucionarios toda lucha electoral, para la APPO en concreto pierde valía toda acción electoral que no sea considerada como uno más de los aspectos de su política en un entorno de ofensivas del régimen en que es necesaria la contraofensiva que resalte al frente la prolongada lucha por una república popular y democrática de los proletarios, los campesinos pobres, los indígenas y sectores populares.
Así en esos términos, con una correcta acción en todos los terrenos, incluido el electoral bajo una clara política, sin correr de una posición a otra donde sólo se revela una falta de consistencia política, los pueblos de Oaxaca pueden obtener amplios éxitos con escasos recursos en la medida en que logren imponerse al proceso electoral con las más amplias acciones dentro y fuera del mismo, concentrándose en sus bastiones sin ceder un sólo pie a los chantajes del régimen para contener la protesta, demostrando que en Oaxaca son las masas a través de la APPO las que hacen la historia.
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