Dentro del capitalismo, la corrupción del parlamento, cámara de diputados locales y federal, senado, cabildos, se ve como un mal derivado de la falta de modernidad en el funcionamiento de estas instituciones. La verdad de las cosas es que la corrupción es un problema intrínseco a las formas de representación dentro del capitalismo.
En el capitalismo, “…la burguesía… conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo moderno. El Gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Marx-Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Cap. I). De esta forma no es nada extraña la corrupción dentro del parlamento, como expresión de representatividad bajo el moderno orden burgués.
Las condenas hacia esta corrupción y otros rasgos de descomposición en los representantes populares no son más que griteríos de moralidad, de búsqueda de “justicia” dentro del orden de explotación y opresión.
Al parlamento, como el órgano que crea las leyes que defienden en lo fundamental la propiedad privada y justifican la expoliación proletaria, no le queda otra más que funcionar para lo que fue hecho. No podía ser de otra forma, que en el dominio pleno de los monopolios sobre la economía, “nuestros representantes” siguen al pie de la letra las indicaciones de sus patrones, es decir, de la oligarquía financiera. Así ha sucedido y seguirá mientras que en este ámbito prevalezcan las actuales relaciones de producción. Un ejemplo claro son los cabildeos a imagen y semejanza de las maniobras de los monopolios yanquis en las instituciones de su gobierno en el llamado lobby.
Hace unos meses se concretó la Ley Televisa que beneficia a este monopolio y en menor medida a TV Azteca, pero que deja totalmente de lado a los posibles competidores; de tal forma que este duopolio que controla la televisión en México aplicó todo el “arte” del cabildeo para que los diputados aprobaran la ley.
Un escándalo similar, se dio al salir a la luz el cabildeo de los monopolios tabacaleros que buscaban impedir se legislará por un impuesto mayor al tabaco. Al principio la fracción del PAN, PRD y PVEM estaban por el impuesto; pero a la hora de votar resultó que diputados del PAN, alegando independencia de criterio, se unieron al PRI para frenar el impuesto. Llegó a tal grado el escándalo que el diputado panista Miguel Alonso Toscano acusó a las compañías tabacaleras de sobornar a los diputados.
De hecho, el Diputado Federico Döring Casar (PAN), “expresó que Acción Nacional cree y le apuesta al cabildeo, porque entienden que el cabildeo es una práctica moderna de cualquier Congreso maduro, plural y competitivo electoralmente, el cual no se debe de satanizar su legítima práctica.” De hecho el PRI propuso en 2002 legislar (legitimar) el cabildeo, de esta manera su iniciativa de ley dice: “Cabildeo: la actividad profesional remunerada desarrollada por personas físicas o morales en representación de terceros (subrayado nuestro), que tenga por objeto la promoción de intereses y objetivos legítimos de entidades u organizaciones privadas o públicas frente a los órganos del Congreso de la Unión, que se traducen en productos legislativos conforme a las leyes, los reglamentos y la práctica parlamentaria.”
¿Intereses de terceros?, por supuesto, porque se podría pensar que una organización de colonos, un sindicato democrático, etc., acuden al Congreso a que se tomen en cuenta sus problemáticas, lo cual en sentido común no parece fuera de lo normal; pero el fondo de la legislación es otro: “actividad profesional remunerada …, en representación de terceros”, es decir, el burgués paga para que le cuiden sus intereses ante los diputados (que desde el principio están a sus órdenes), y ¿quién puede pagar? Como muestra, la Universidad Iberoamericana ofrece un Diplomado en “Estrategias de Cabildeo y Técnicas Legislativas” con un costo de $29,200 pesos en el que “Conocerá las estrategias y las técnicas más comunes del cabildeo en general y de su vertiente legislativa en particular, a través de análisis de casos.”
Lo anteriormente descrito se refiere al parlamento en general, si queremos ver más detalles podemos tomar como referencia a los partidos políticos. Si bien ubicamos al PRI, PAN y PRD como los grandes partidos de la burguesía, lo que públicamente se ha ventilado de otros partidos pequeños no es mejor. Por ejemplo, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) es un negocio familiar que refleja en sus cambios los amarres y desamarres familiares. Primero con el Dr. Simi (Víctor González Torres) y Jorge González Torres quien dirigía al partido, que posteriormente heredó a su hijo, que a su vez se hizo senador.
Se difunde en los medios de comunicación que esta corrupción parlamentaria es por nuestro carácter de país subdesarrollado, que cuando mejore la economía –seguramente con sus recetas neoliberales- esta desaparecerá; que debemos modernizarnos. Falso, veamos por qué.
En la principal economía mundial, los Estados Unidos, los escándalos en el parlamento son cosa común, por ejemplo, el cabildero profesional Jack Abramoff, quien “acordó cooperar con las autoridades federales en una investigación criminal sobre corrupción que podría anular las carreras políticas de varios poderosos legisladores, asesores y cabilderos, y revelar cómo funciona el negocio de la democracia en Estados Unidos.”
En Europa podemos citar el caso de la Volkswagen (VW) quien se vio presionada para abrir información de qué parlamentarios estaban en su nómina: “seis diputados socialdemócratas del SPD, dos de ellos miembros del parlamento federal alemán y cuatro de legislativos regionales, constan en su nómina” (véase en la red: libertaddigital.com).
La descomposición del parlamento, la corrupción, el tráfico de influencias, el nepotismo, no son cuestiones de moral o valores, son problemas endémicos de la representación en el sistema capitalista.
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