La situación legal de las mujeres se contradice con su condición económica y social. Aunque las leyes aparentemente hayan “progresado” asegurando la igualdad jurídica, social, de salario y de oportunidades de las mujeres con los hombres, estas leyes son y seguirán siendo en los hechos letra muerta, hasta que sea eliminado el sistema que da origen a la explotación y opresión femenina, que finalmente es la misma que da origen a la explotación de los trabajadores.
Las leyes burguesas, hablan de la igualdad de los ciudadanos independientemente de la clase a que se pertenezca, tratan de pasar por alto las diferencias entre clases, pues está claro que de ninguna forma es igual la burguesa “liberada” o la diputada “emancipada” a la mujer que le hace las veces de sirvienta, la que es violada y/o asesinada después de salir del trabajo extenuante de la maquila, tiene que preocuparse por llevar el sustento a la casa y seguir sobreviviendo en la miseria sin una vida asegurada para si misma ni para su familia.
En México viven aproximadamente 53 millones de mujeres, sin embargo, son sólo alrededor de 10 millones de ellas, las que junto a los hombres trabajadores sostienen con su fuerza de trabajo una familia. Y es precisamente a ellas, a la mujer obrera, campesina, trabajadora, a las que no les llega ningún beneficio de la supuesta y declarada “igualdad”. La mujer es utilizada en el capitalismo como mano de obra barata y reserva en la producción. Prueba de ello son las niñas que desde los 12 o 13 años son contratadas por las multinacionales para trabajar en la maquila o en la fábrica, donde le esperan horarios agotadores y trabajo muchas veces con químicos prohibidos en otros países, excepto en México, que provocan cáncer, alergias, etc.
Las condiciones de explotación de los hombres y mujeres proletarias aunque son las mismas, adquieren ciertos rasgos de humillación al poner a la mujer en una condición inferior a la del hombre; siguen existiendo pues las pruebas de embarazo obligatorias, el acoso sexual y el chantaje, el trabajo igual y el salario desigual, etc., esto no se debe simplemente al “machismo” de “todos los hombres”, mantener a la mujer en un status de inferioridad en la producción, le asegura al patrón mayor mayores ganancias, además, asegurar el control sobre las mujeres al negarles derechos laborales.
Esto no quiere decir que realmente no exista machismo, sino que el capitalismo en México se apoya en la forma patriarcal de la sociedad para extraer mejores ganancias tanto en hombres como en mujeres. Esto abarca obviamente la estructura familiar basada en la transmisión de la propiedad privada, donde se obliga a la mujer a guardar fidelidad pero no se obliga al hombre, donde se educa para hacerse sumiso al jefe de familia, a la autoridad, es decir, se reproduce el sistema de dominación en el ámbito familiar, en el campo laboral y ante el Estado.
México, es el país donde del total de las mujeres muertas al año, aproximadamente el 48% muere por problemas durante el embarazo y el parto, muchos de ellos causados por abortos mal practicados debido a la prohibición de realizar tal práctica incluso cuando existen leyes que lo permiten en caso de violación, pero por lo visto para el gobierno fascista tiene más culpa la que usa minifalda que aquellos que arremeten contra ella para utilizarla como objeto sexual.
Este tema viene al caso, si hablamos de la política reaccionaria que se implementa por el gobierno fascista de Calderón respecto a temas como el aborto, el SIDA y la homosexualidad, pues parece que en lugar de solucionar el problema de las muertes de miles de mujeres en abortos clandestinos, en lugar de proveer una adecuada educación sexual y apoyar a los enfermos de SIDA, en lugar de respetar el “libre albedrío” de las personas a elegir su tendencia sexual, en lugar de todo eso, pretende deshacerse del problema con la “moral” como punta de lanza de su gobierno.
Así pues, la mujer trabajadora no puede esperar a que las leyes del gobierno, dictadas por los poderosos le concedan sus derechos políticos y la “gradual” condición de bienestar material. La mujer proletaria tiene que luchar junto a sus compañeros de clase, mujeres y hombres por su emancipación como trabajadores, por la transformación radical del sistema capitalista, verdadero causante de su desgracia, de la desigualdad, de la misoginia y de todos aquellos males que constituyen las formas de oprimir socialmente a la mujer y de mantenerla en un grado de súper-explotación.
En ese sentido, es importante recalcar, que las exigencias de las mujeres burguesas no son las mismas que las de las mujeres proletarias, aunque así quiera aparentarse. Es por eso que el próximo 8 de marzo, debe recordarse como un día de lucha combativo, el día de la mujer proletaria, no en vano murieron en esta fecha las obreras de la fábrica Cotton asesinadas por la burguesía rapaz, por luchar por mejores condiciones de vida, por luchar por sus derechos económicos y políticos.
Este día los proletarios del mundo debemos festejarlo con movilizaciones, porque nuevos acontecimientos se acercan y nuevas posibilidades de emancipar a las mujeres junto con el proletariado. En esta lucha, las mujeres proletarias deben estar en la primera línea de combate por el Socialismo.
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