Lo que pareció una oportunidad de revertir todo el proceso padecido durante las últimas décadas para mermar al salario su poder adquisitivo, al final se redujo a declaraciones de los principales sindicatos universitarios y sus confederaciones en contra de la política económica del Estado.
Si bien la tarea de organizar la resistencia y la lucha en contra de esta política neoliberal del régimen, no puede ser obra de un sólo sector de trabajadores, de cualquier manera, debido a la dispersión organizativa de la clase trabajadora, hoy debe haber un sector que se convierta en puntal y centro, alrededor de éste, debe girar la solidaridad de todo el pueblo trabajador afectado por esta política. Por ello, los logros en las revisiones salariales se deben convertir en el ejemplo a seguir por otros sectores de trabajadores y estimular la lucha para romper con el tope salarial.
Las maniobras divisionistas del charrismo sindical, hoy continúan siendo un lastre que impide organizar la fuerza del pueblo trabajador, en todas y cada una de las ramas de la producción. Para el caso de los sindicatos universitarios, existe una diversidad de federaciones y confederaciones: Frente Amplio de Sindicatos Universitarios y de la Educación Superior, Confederación Nacional de Trabajadores Universitarios, Federación Nacional de Sindicatos Universitarios, Coordinadora Nacional de Sindicatos de Educación Superior, etc., que iniciaron su construcción, al calor de la lucha ideológica y política al interior de este sector hace tres décadas, para llegar a convertirse en lo posterior, en feudos de diversas corrientes sindicales, lo cual, ha sido un impedimento para elevar las condiciones de vida y trabajo de los asalariados; antes al contrario, se ha convertido en un elemento más para que la patronal logre su deterioro.
Sin embargo, no todo ha sido negativo en el pasado periodo de revisiones salariales de los sindicatos universitarios. Los intentos del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Veracruzana, Colegio de México, Universidad Autónoma Chapingo, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional y otros, por romper con el 3.8% impuesto para todos los trabajadores, evidencia varios aspectos. En primer lugar muestra la simulación legal y de los procedimientos laborales, que supuestamente debieran seguirse en el marco de la legalidad burguesa, para “negociar entre Capital y Trabajo el equilibrio entre los factores de la producción”, toda vez que en la práctica se impone a todos y cada uno de los trabajadores de las diversas ramas productivas, el aumento salarial; además que los emplazamientos a huelga por revisión salarial o contractual se han convertido en meros tramites burocráticos. Si bien se compensa con aumentos en prestaciones, ello no repara en ningún modo el deterioro del salario, logrado por varias décadas de política antipopular y proimperialista del capitalismo.
En los sindicatos universitarios, algunas direcciones sindicales se sujetan a la voluntad de la mayoría de sus agremiados, las medidas a tomarse para la negociación salarial, como la huelga o los paros, en la mentalidad de los trabajadores que deben tomar la decisión, existe como premisa, la posibilidad de lograr o no, un triunfo en base a sus experiencias anteriores y ello desinhibe las posibilidades de irse a una aventura, que podrían llevarlos a un desgaste innecesario.
Esto es así, porque la desarticulación que existe en el sector, aunado a las traiciones anteriores, como en el caso reciente del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores del Colegio de Bachilleres, donde prácticamente la dirección de este sindicato, continuando con su trayectoria traidora a los intereses del gremio, ha dividido al Sindicato Único de los Sindicatos de los Bachilleres, visualiza la imposibilidad de un resultado victorioso. Sin embargo, aún así las direcciones sindicales de diversos sindicatos universitarios, se ven forzadas a realizar las acciones necesarias, como las asambleas, las votaciones, que les permitan justificar su lugar en la dirección de los Comités Ejecutivos, para posteriormente, por medio de su papel conciliador, lograr convencer sobre las bondades de la negociación y aceptar el aumento impuesto por la patronal, como la decisión más acertada.
Por otro lado, el hecho de que en diversos sindicatos universitarios se tenga que amenazar con la huelga y muchas veces simular una lucha, significa el reconocimiento de la fuerza que puede adoptar la unidad de los trabajadores del sector, por eso el charrismo sindical se ve obligado a conducirla.
Si bien, los resultados de las recientes revisiones salariales no fueron satisfactorios, se nota una actitud de lucha de los trabajadores, quienes muestran expresiones de combate, aunque no han logrado revertir las experiencias de cada año, de todas formas están dispuestos a la huelga, a pesar del reconocimiento de los sacrificios que esto significa.
Toda vez que la política neoliberal del régimen va orientada a las masas explotadas, hoy el carácter de la lucha tiene que rebasar el centro de trabajo y el sector o rama productiva. Hoy no es posible romper el tope salarial por ningún sindicato o gremio de trabajadores, por más disposición a la lucha que exista.
Por ello, sólo la más amplia unidad de las masas oprimidas y explotadas y el tomar medidas de verdadero combate, como un Paro Nacional o la Huelga General, pueden por un lado lograr restituir el salario, y lo más importante, lograr revertir el proceso de desarticulación y desorganización de la clase obrera y los trabajadores, lo cual significa que hoy se debe implementar una agitación política de masas, que llegue a los más diversos centros de trabajo, para llamar y organizar la lucha por las demandas inmediatas, sin renunciar a la lucha contra el charrismo, organizarla por medio de Comités de Defensa Proletaria y orientarla contra el sistema de explotación.
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