Número 206/2da. quincena de Agosto/2006

Al ascenso de la lucha

Así, con el final de las elecciones llegamos a una situación en que la política burguesa de los principales partidos políticos: Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD) se sustenta en: 1.- Asegurar a la oligarquía financiera el control de la economía nacional, 2.- Permitir la concurrencia del capital internacional, 3.- Asegurar el eslabonamiento de la producción capitalista internacional, 4.- Tener como ejemplos rectores del desarrollo del mercado nacional a los grandes monopolios, 5.- Administrar el aparato estatal bajo el protagonismo de sus grandes partidos.

Efectivamente existen divergencias y hasta “preocupaciones” en el seno de estos partidos, los cuales proponen salidas fascista, chovinista o socialdemócrata, según su “feliz corazón”. Y no podía ser de otra forma. La burguesía y los imperialistas tienen trazado el plan. Asegurar las nuevas bases del control de nuestro país atendiendo prioritariamente la atadura de la economía a los vaivenes del capital internacional, a evitar cualquier apuntalamiento interno del desarrollo capitalista que ponga en juego las necesidades, las prioridades y los intereses del imperialismo internacional. Saben que esto trae en sí más pauperización para las mayorías, y algunos no permanecen sordos a éstas, se hacen eco de ellas para potenciar su propia perspectiva desde arriba.

Pero mientras las disputas siguen en las elites, se planifican y se administran las formas de salir a la crisis actual sin cambiar el rumbo del sistema, cierto es que las cosas se complican desde arriba por el avance de la concentración y centralización del capital, y desde abajo por el descontento ante la situación imperante. En este ambiente, las represiones se suceden una tras otra por diversos puntos del país, las policías incrementan su papel represor, los capitalistas hacen su agosto con la explotación del trabajo, los partidos políticos se enmarañan en su política de Estado; afirmándose la tendencia a la fascistización.

Aunque ahora la socialdemocracia hace esfuerzos por aprovechar la oportunidad que la ultraderecha les brinda al colocarlos como mártires de la democracia, en el fondo, su política de llamamientos populares para que se rectifique el fraude electoral manifiesta su gran confianza en el aparato del Estado, su certidumbre en que los oligarcas olviden cualquier agravio que pudiesen inferirles, que sería difícil, cuál podría afectarles, simplemente los oligarcas temen que a la socialdemocracia se les salga de control la acción popular una vez en el poder y planteemos nuestras reivindicaciones en condiciones diferentes.

Sin embargo, en el fondo la política de los partidos sigue apegada a los intereses monopólicos, a la manipulación mediática, catalogándose defensores de la legalidad y del pueblo, todos sostienen el mismo tipo de principios democrático burgueses. En lo concreto, la democracia burguesa es la más “raspada” en este reacomodo de las clases dominantes, queda sujeta a los intereses financieros, a su vez el Estado despeja su papel de garante para los intereses de la oligarquía financiera.

Los oligarcas mantienen sus disputas pero se enfrentan a un doble juego.

De un lado deben resolver sus diferencias internas en relación a la reagrupación burguesa, la reordenación de su relación y el programa económico. Esta situación es bastante complicada al darse procesos diferentes y hasta divergentes de la acumulación de capital en las distintas empresas y su relación con los monopolios extranjeros, la oligarquía financiera internacional, los mercados nacional e internacional. Existen fracciones irreductibles en sus pretensiones de no compartir absolutamente nada más que con los imperialistas (Grupo Monterrey), por su parte la más poderosa le da sustento a una integración de los inconformes en la órbita de los monopolios (Grupo Carso), en tanto que otras en cierta forma disgregadas se plantean no dejar al margen sus intereses y asegurarse parte de la política estatal de “aliento empresarial”, de desarrollo de las fuerzas productivas. Las tendencias libran una batalla entre la imposición absoluta, la negociación, la concerta-cesión y la disputa de líneas económicas.

Los más reaccionarios cuentan con el poder central del régimen, y con una estructura legal que les da justificación, en tanto que otras se cobijan en principios y teorizaciones rebuscadas, en el socialdemocratismo y en la puesta a tono del nacionalismo revolucionario burgués, que aún cuando tiene margen legal en lo general, se ven cercadas en lo particular por diversas reglamentaciones, no obstante tienen una amplia base social a su favor y creen poder manipularla a conveniencia.

En el otro lado del juego está la disputa por controlar a los trabajadores, misma en la que dos son las posiciones divergentes. Una es la apuesta, que ya se ha abierto camino en mayor medida, que consiste en reprimir, en militarizar la vida del país y redoblar las leyes contra los pobres, y la otra se propone hacer un trabajo por ganar a las masas para el capitalismo, en empujar a las capas medias a que se desarrollen y encuentren su realización económica, de esta manera promueven que la represión se use para “casos excepcionales”, algunos no tan excepcionales como en Guerrero, el caso es que sustentan darle mayor margen de acción a las relaciones capitalistas.

Si las cosas marcharan como antes, los oligarcas se definirían definitiva y resueltamente por la primera opción, pero no sucede así, si bien no les satisface perder sus ganancias en aras de la burguesía media y otras capas menores de su clase ni el hecho de permitirse el desarrollo de la organización de los oprimidos así sea bajo el control socialdemócrata, pues ello ofrece sus peligros y sus desavenencias con los programas de flexibilización laboral, pero, como las manifestaciones de rechazo a ésta capa extrema de la burguesía son patentes, persistentes y cada vez más belicosas, se ha puesto a “cranear” la mejor forma de resolver sus problemas.

Los problemas del capitalismo en México están aquí: ¿cómo resolver por partida doble el siguiente momento de la acumulación capitalista sin que las masas se desborden en una disputa de intereses antagónicos?, ¿cómo reestablecer internamente los pactos sin afectar el nuevo papel de la oligarquía financiera y su Estado?, ¿cómo hacer el trabajo a los imperialistas para que las ganancias propias no se vean afectadas? Difícil la tienen, pues cada minuto transcurrido les suma descontentos por miles.

Así plantean diversas salidas ante el desgaste del delfín favorito, Don Calderón, acabar políticamente con otro de sus hombres, aunque no tan apegado económicamente, es decir, con vínculos “respetuosos y de palabra”, lo que si bien deseaban, ahora ven la inconveniencia, pues si desarticulan a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y no se desarticula el movimiento en su favor, y lejos de esto, se desborda, llevarán gran desventaja en un proceso al que pueden arribar otras estructuras políticas populares y proletarias.

Por ello vienen urdiendo una política de descomposición del movimiento popular apoyándose en los supuestos de la legalidad burguesa y la probada efectividad del desgaste de las dilaciones y concesiones mínimas, sin importarles ponerse en entredicho o cuestionar en los hechos sus propias instancias: Instituto Federal Electoral (IFE) y Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Al cabo que desde la misma socialdemocracia hay los que aseguran que la culpa no fue del IFE, ni del TEPJF, ni de los consejeros, ni de los magistrados, sino “quesque se vieron presionados”, ¡por favor!, ¿quién no sabía que les iban a presionar?, en efecto les presionaron desde todos los ángulos, pero el eje rector de la democracia burguesa ya trazaba los actos de farsa y fraude. El fin es, que las manifestaciones se desarticulen, que todo se reduzca a reclamos legales donde se pueda manipular más fácilmente la situación, llevar las cosas al terreno imbatible del estado de derecho, donde todo queda dicho y no hay queja que valga.

De ahí, piensan hacer prodigios porque Calderón sea ceñido con la banda sin menoscabo de las facultades del régimen, frente a la sociedad, por ello a este señor lo han puesto a decir disparates sobre la legalidad, a discursar fuera del tiempo en aras de que adquiera cierto rango de hombre honesto y fiel a la constitución y la democracia, que se le logre investir de autoridad legal y jurídica, lo cual dista mucho de ser posible más que en la pantalla chica, la radio y la prensa burguesas. Y de no ser posible consumar este objetivo, seguir aletargando las cosas hasta que se cree una situación bajo cualquier argucia legal para que se sienten premisas de colocar un interino con las mismas prerrogativas del capital financiero a través de las cámaras, encargo que doña Elba y otros señores ya vienen empujando. Cualquiera de estas dos perspectivas inmediatas por donde la socialdemocracia queda colgada de la brocha y acrecientan la naturaleza ultraderechista del régimen no hacen más que llevar a nuevos escenarios los antagonismos de las clases sociales.

Las preocupaciones de los socialdemócratas precisamente se inscriben en que la oligarquía financiera persista en sus líneas más reaccionarias, “sucumba a la tentación del fascismo” y la espiral de la violencia toque todos los estratos subordinados provocando la repulsa popular. Temen a ciencia cierta que con todo esto se aleje la posibilidad de que el PRD controle el poder ejecutivo y tenga que ponerse a disposición de las fuerzas de la reacción, un camino que ya fue allanado desde el momento en que su dirección política fue copada por eminentes reformistas de derecha, mercaderes sin principios y mapaches de viejo cuño. Su única posibilidad estará como se puede constatar por las insinuaciones oligárquicas en que López Obrador esté rodeado por ministros del PAN y el PRI, y conceda una política social reciclada por los financieros, con intervención de éstos y con posibilidades de ganancias, por supuesto, que en todo lo demás los cambios que se susciten sean para que nada cambie.

Si bien los socialdemócratas e importantes sectores populares seguirán reivindicando a Obrador, y su nombre o el de cualquier otro sea empleado para la agitación, la lucha de clases pasa a nuevos escenarios que destacan las banderas contra la burguesía, exigen replantear los intereses en disputa y el programa con que hay que sacarlos a la luz en los distintos espacios legales, semilegales e ilegales.

Los perredistas se conduelen de las “traiciones internas”, pero no ven en ellas el pago con la misma moneda ni el hecho de que su política terminó en brazos de la derecha a fuerza de persistir en el camino de conservación del aparato estatal. Con esto sólo se buscan una publicidad fácil de consecuentes defensores del pueblo, pero todo cuanto critican apenas hace un año lo impulsaban con todo descaro, el arrinconamiento de Cárdenas, su desplazamiento, su aniquilamiento y el de las tendencias “más izquierdistas” que lo defendían, ahora podemos apreciar qué tan izquierdistas eran los viejos izquierdistas del PRD, y hasta dónde mienten, se entrampan y manipulan en aras de cotos de poder.

Es por ello que nuestras organizaciones insisten fundamentalmente en la lucha por: 1.- Los derechos políticos, 2.- La consista de libertades políticas y sociales, 3.- El respeto del sufragio universal, que Calderón propone reformar para que sean las instituciones del Estado las que se encarguen de designar a los triunfadores sin que nadie tenga la osadía de impugnarles, 4.- El respeto a la voluntad popular, como aspecto de defensa de condiciones legales de lucha que todos los partidos políticos al lado de la burguesía se empeñan en cerrar. Las libertades políticas y democráticas conculcadas por la oligarquía a través de su aparato estatal no pueden ser abandonadas ni dejadas a que los socialdemócratas les sujeten a su muy particular enfoque cuando les es conveniente (por ejemplo, no hace mucho estaban contra las manifestaciones sociales y hoy las convocan bajo control), estas son banderas del pueblo, con todo y que en la actualidad este derecho le favorece al capitalismo, a pesar que las eminencias burguesas sostengan lo contrario, que como sabemos, sólo hacen pronósticos orientados desde las oficinas de unos cuantos ejecutivos.

En contraste con la estructura estatal, el corporativismo, la acción de los partidos políticos y el aparato ideológico, mantienen el nivel del agua sin que se desborde; los peligros vienen de que un repentino oleaje, o desequilibrio pueda irrumpir con la tradición política burguesa y su control sobre los desposeídos. Por más que se quiera aludir al “imaginario popular”, la cercanía del bicentenario y centenario de las revoluciones acaecidas en México, el hecho está en que cualquier situación que imposibilite la acción así sea momentánea de la burguesía y su Estado, o que éstos tropiecen en sus constantes represiones y saqueos con una mayor resistencia popular, ante situaciones venideras como el fallo legal sobre lo electoral, el bandolerismo con que se reparten el botín del Estado, el desenlace represivo que se prepara en Oaxaca y en el conflicto minero, las renovadas dificultades financieras luego del despilfarro electoral, las catástrofes naturales que en poco se intenta prevenir, la atención a la revisión del Tratado de Libre Comercio, las reformas aplazadas, la trágica situación de las masas, el intervencionismo imperialista, entre muchos más factores que amenazan con incidir, pueden llevar a un cambio en el escenario de luchas populares.

Ninguno de los viejos artificios de la burguesía pueden revertir sus síntomas de decadencia y descomposición, ni los límites de sus tendencias políticas de cara a la sacudida actual de la lucha de clases. Por más empeño que haga la burguesía en postularse como defensora del progreso y el desarrollo del pueblo, ya esto nadie lo cree, al actuar sirviendo sólo a sus intereses, su papel en las luchas actuales es netamente reaccionario, sirviendo a los más obscuros intereses del imperialismo. La burguesía al seguir manteniendo los derechos democráticos, laborales y económicos del pueblo encerrados en un puño, sin avanzar en salidas que como antaño permitieron el desarrollo del capitalismo, salidas que poco tienen que ver con el voluntarismo y más con condiciones que hoy ya no existen por haber agotado simplemente sus posibilidades; no hace más que convocar un cambio profundo en la correlación de fuerzas.

Objetivamente al impulsar un extremo de la sociedad capitalista y arruinar el otro donde se encuentran las mayorías, no se hace otra cosa más que poner en posición de combate a quienes nada tienen que perder con la destrucción de éste régimen más que sus cadenas. Los oligarcas apostaban a sus patrañas de que las clases oprimidas no deseaban cambiar la situación, mientras que ellos mismos se encargaban de que en el país no pasara nada, pero han bastado algunos huecos en la dominación capitalista para que millones se movilicen e inicien su aprendizaje político de clase, los explotados no vamos, a dejarles que nos descuarticen bajo el capitalismo, a permitir que éste régimen subsista, a esperar a que la política burguesa se recicle y nos mantenga a reserva de sus viejos patrones nacional-revolucionarios ni del gremialismo, ni del economicismo, tenemos luchas qué empujar.

El proceso revolucionario pasa por estos contingentes y se plantea una direccionalidad, que si bien recoge las justas reivindicaciones nacionales y democráticas más elementales, las conduce a la acumulación de fuerzas con un filo anticapitalista, socialista. Si lo negáramos, estaríamos reduciendo todo el alcance y posibilidades históricas a las tradicionales posiciones burguesas, sucumbiendo irremediablemente ante los intereses del capital. La política revolucionaria tendrá que probarse así en todos los frentes, en todas las condiciones, en todos los escenarios, pero sólo alcanzará certidumbre en la medida que sea bandera de las amplias mayorías, de este tema hablaremos más adelante.

Estractos del folleto: AL ASCENSO DE LA LUCHA
(La tendencia ascendente en la movilización popular y la línea del Partido Comunista)

 


En este 206
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vp@pcmml.com