Número 204/1ra quincena de julio/2006

Elecciones y la táctica
revolucionaria

Las recientes elecciones claramente traen cambios importantes en la correlación de fuerzas y aún más en las estructuras y procesos de dominación. Así con la conclusión del proceso se pone de manifiesto la concreción de los antagonismos sociales en un escenario especial, resaltándose algunas tendencias en su desarrollo inmediato, expresadas en la presión del fascismo, la conciliación socialdemócrata y en la unidad popular democrático-revolucionaria.

En el panorama se destacan múltiples situaciones que a pesar de la heterogeneidad de condiciones nacionales, coinciden en revelar las líneas de progresión ascendente para la táctica revolucionaria, por lo cual adquiere suma importancia abordar dicho proceso, pues ello nos ayuda a aclarar las nuevas condiciones del aparato estatal, la burguesía y sus fuerzas, a la vez de ubicar el punto alcanzado por el movimiento de masas y las rutas de su acción inmediata y mediata.

Partiremos entonces del plano más amplio con respecto a las nuevas condiciones de las estructuras del poder burgués, ya que esto nos permite ubicar los logros y fracasos de los objetivos que la burguesía se trazó.

En las líneas que los oligarcas impulsaron con el Pacto de Chapultepec, como el eje de la política de los distintos contendientes, queda asentada la victoria burguesa sobre el papel que han de jugar el régimen venidero ante la continuidad e irreductibilidad de las políticas fondomonetaristas y neoliberales en general, rigurosamente ejecutadas desde el Banco de México. A su vez asegura la consecución estatal de la acumulación capitalista con toda certeza, aún cuando se le hace indispensable sujetarlas a diversas maniobras para hacerlas valer, pero es muy cierto que la oligarquía financiera pierde terreno en lo que llama consenso social, pues sus políticas fueron continuamente rechazadas por los trabajadores y sectores populares, estableciéndose condiciones inmediatas para su movilización. Tal es el resultado en cada uno de los preceptos económico-políticos del Pacto, visible en esas y otras cuestiones de la vida social; la burguesía logra imponer su política pero disminuye su respaldo al tiempo que ya se prepara el más amplio rechazo popular.

Pormenorizando, en este sentido el estilo decadente de la política burguesa sujeta al ardid, a la calumnia, la difamación mutua, el complot y el asesinato político pierden toda aceptación y consideración entre las masas, esas formas quedan desprestigiadas a la luz de que son elementos sustanciales que buscan imponer las posiciones burguesas e imperialistas. Solo la burguesía y sus partidos creen poder continuar hundiéndose en ellas sin que nada se los impida, no se percatan que se prepara un rompimiento de masas que abre las perspectivas de nuestra política de clase apegada a la objetividad y los intereses populares.

En donde ya ellos mismos preveían una importante derrota fue en lo que coincidieron en denominar “reconciliación nacional”. Desde Bush, pasando por Slim hasta Obrador, plantearon que en virtud de que tal sueño ya estaba lejano de alcanzar en los marcos del proceso electoral, tendrá que trasladarse a la siguiente etapa como una prioridad en el diseño de su demagogia y contubernio, tal es la nota de todas las tendencias políticas burguesas. Pero ni así es posible conseguir éxitos sustanciales al aplicar consecuentemente la política hambreadora de los monopolios; por lo que definitivamente esta derrota a la que tanto contribuyeron con la degradación del proceso electoral no les permite asentarse plenamente sin los riesgos de que el movimiento de masas se potencie superando el obstáculo tradicional de los inicios de sexenio, como lo demuestran ya los primeros momentos postelectorales. El desconcierto del PRD, del PRI y el PAN en este tenor consiste en su impotencia para persuadir a la clase obrera y los campesinos pobres respecto de su inminente accionar frentista contra el neoliberalismo, contra el fraude-farsa electoral, contra el capitalismo y su democracia.

En peores condiciones queda la democracia burguesa, pues hoy los trabajadores podemos identificar con mayor claridad al Estado con el poder de una clase explotadora, se exhiben los elementos que identifican la política estatal con los intereses de la oligarquía financiera, así como el momento nos dota de elementos para cuestionar la política de los partidos en torno a las banderas del gran capital. Se encuentran en la realidad inmediata una montaña de hechos que demuestran extensa y profundamente el papel de los monopolios y el capital en general para definir los programas y objetivos de los partidos burgueses, que subrayan el origen de cada declaración partidista en los intereses concretos y específicos de las distintas empresas, quedan patentes las filiaciones de los políticos burgueses a unos u otros monopolios hasta en la supuesta paridad de las Cámaras de Diputados y Senadores.

En ese mismo entorno de la democracia burguesa son patentes los fracasos para su ejercicio sin la farsa y el fraude, la burguesía y sus partidos volvieron a hundirse en el descrédito al fabricar por todos los medios su elección oligárquica como elección de Estado (elecciones bajo la supervisión del Consejo Coordinador Empresarial, con difusiones grotescas de Televisa-TV Azteca, bajo la marca Hildebrando y la aceptación de las reglas del juego por parte de todos los partidos), pues los distintos contendientes no cejaron en sus esfuerzos de coacción del voto a través de sus instancias partidistas, la estructura estatal y los distintos programas de “combate a la pobreza”, donde acaso sus molestias e inconformidades fueron condicionadas por la disparidad de recursos a ofrecer.

Y si hemos de irnos a los recovecos de la democracia burguesa, fue patente que los objetivos del IFE en el proceso definitorio de la continuidad legal gran burguesa demostraron su envergadura capitalista al detalle, que con sus artes y técnicas desbarataron los supuestos de su pluralismo, eslabonó parte por parte la trama electoral administrando la dosis de acuerdo a los requerimientos para acallar el descontento popular sobre el proceso y sus resultados, donde el PRD está jugando ese papel de seguir confiando en resolver las cosas desde y por medio de las instancias legales pidiendo la pasividad del pueblo, con todo y que ese mismo engranaje le haya cogido las manos a López Obrador. Al igual los preceptos de imparcialidad de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Electorales, se hicieron letra muerta, en tanto que el propio Tribunal Electoral hizo gala de sus definiciones gran burguesas para que los monopolios intervinieran a diestra y siniestra en el proceso.

Sin embargo, estas condiciones de la democracia burguesa de alto costo (11 mil 892.1 millones de pesos tan sólo del presupuesto público) y la realidad misma de incremento de la represión, nos obligan a valorar fríamente que ya desde antes, la democracia burguesa fue impotente para suprimir el descontento de las masas, y por tanto el fascismo será la política con que la oligarquía financiera se esforzará por preservar la “paz y la reconciliación nacional” entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, agudizando la crisis de su política.

Los resultados electorales confirman una predicción de las organizaciones democráticas y revolucionarias en torno a que la burguesía contaba con las posibilidades de arrasar por amplio margen los espacios de su propio poder con relación a las capas de la burguesía media, la pequeña burguesía y las capas anquilosadas del viejo charrismo sindical, consolidándose el bloque de la reacción pro-imperialista, aglutinando el bloque de partidos burgueses PRI-PAN-PRD en el régimen.

La agresividad oligárquica, la agudización de las contradicciones internas entre los partidos, al igual que la pujanza propagandística burguesa, así como el anhelo popular por incidir en la política del país destacan la reducción del abstencionismo al 40% de quienes fueron registrados en el padrón electoral, revelador en parte, de los esfuerzos de las masas para que la situación que se vive cambie, aún cuando esto no va a ser posible dentro de las condiciones actuales de preponderancia monopolista, e implica de otra parte un triunfo de la burguesía por allegarse la participación de las masas, que pronto se revertirá en su contrario al verse incumplidas las promesas de campaña, tanto por el sistema de neocolonialismo, la concentración de la riqueza, y la reducción de los presupuestos y capacidad de acción del aparato estatal frente a los imperialistas y los monopolios.

De entre todas las corrientes partidistas arriban al poder los elementos más derechistas, entreguistas y conciliadores, destacándose de esta situación los siguientes aspectos:

1.- La política económica queda fuera de las consideraciones del nuevo régimen, rebasa sus decisiones asienta el mando de las instancias ejecutivas de los grandes monopolios, se concreta por medio de la integración de funcionarios empresariales y políticos subsidiados por los magnates en el seno de la administración pública, ubicando al poder ejecutivo y legislativo como una junta para administrarlos y aplicarlos.

2.- Para la presidencia de la República los monopolios se encuentran con la victoria mal fabricada de Calderón, se abrazan a ésta por encima de todo y cierran filas en los medios televisivos asegurándose de esta manera al más fiel de sus testaferros, aunque su llegada quede empañada por el carácter que tomó el proceso electoral de principio a fin, y porque su arribo se da en el marco de la obtención de votos mínima para la victoria, pero insatisfactoria puesto que no cuenta siquiera con la mayoría de votantes, es decir, en este sentido su victoria sería minoría (según los recuentos, de quienes votaron, 21 millones no lo hicieron por el PAN, y aproximadamente otros 30 millones empadronados no votaron o anularon su voto presidencial, sin contar los más de 10 millones que no fueron empadronados).

3.-La confianza que El Peje mostró en el aparato electoral marca una tendencia a desgastar y desactivar a los trabajadores en espera de todo un proceso de impugnación al cual les pretende sujetar en las escasas acciones que plantea de cara a conciliar y resolver “por la vía legal” su demanda ante el TRIFE bajo el esquema de demostrar a sus opositores que contó con los electores, lo que es simplemente un lugar común, y por tanto ineficaz para convencer a aquéllos que lo saben pero que no lo aceptan ¡vaya cosa! Escenario que sólo le permite a los monopolios y al imperialismo palpar con mayor claridad la forma de contener el descontento popular y encontrar la salida más adecuada a sus intereses: a).- Confirmar a Calderón; b).- Cambiar el apretado triunfo ahora a favor de AMLO; o c).- Invalidar las elecciones, designar un Gobierno Interino y convocar a un nuevo proceso electoral.

4.- La tendencia dominante en torno a las gobernaturas es clara, los triunfadores no dejan duda, Marcelo Ebrard del PRD de trayectoria derechista, en Guanajuato el panista fascista J. Manuel Oliva Ramírez, en Jalisco el fascista del PAN Emilio González Márquez, y también en Morelos el panista-yunquista Marco Antonio Adame.

5.- Los resultados electorales confirman la forma en que la burguesía manipuló el proceso para equilibrar-achicar la presencia de los distintos partidos de tal forma que sus diatribas no afecten más “el comportamiento del capitalismo” aunque esto no es obstáculo para que en el marco de las posiciones que hoy prefiere le aseguran al PAN mayor capacidad de fuego.

6.- En orden de “capacidad” sobresalen 20 ex gobernadores y ex secretarios de Estado, probados en el manejo de los intereses oligárquicos y el perfeccionamiento de los nuevos esquemas de dominio político-económico, que seguramente fungirán en el papel de liderar la nueva Legislatura.

7.- En las prioridades imperialistas de impedir cualquier imprevisto, se logra cerrar el círculo de la Cámara de Senadores de tal forma que ésta se reduce a un núcleo de reaccionarios y oportunistas redomados.

8.- El reparto del botín al tiempo que el abrazo con la oligarquía financiera se han consumado en la LX Legislatura siguiente, bajo el establecimiento del tripartidismo. Los monopolios y organizaciones burguesas que aseguran su presencia al instalar a sus propios diputados y senadores son: Televisa, Grupo Carso, Grupo Monterrey, Filip Morris, el Consejo Coordinador Empresarial, la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, la banca internacional hoy controladora de los recursos financieros del país, la Bolsa Mexicana de Valores, entre otros, que bien a bien escogieron, candidatearon y trabajaron los procesos internos de los distintos partidos.

9.- La comparsa de los pequeños partidos burgueses y pequeñoburgueses legalmente constituidos y acoplados al presupuesto estatal recibe el aliento oligárquico más por su papel confusionista respecto a la democracia burguesa y los viejos y nuevos objetivos que les plantean, que a sus méritos propios para desplegar su política, a excepción de Emilio Gamboa por su buen desempeño en la Ley Televisa, pues de no ser por el presupuesto otorgado, difícilmente se les hubiese visto en los escenarios.

10.- El nuevo sistema de manipulación de los procesos electorales probó su capacidad de imposición, demostró sus habilidades para amordazar a los partidos burgueses, doblegarlos a ajustarse a su decisión, demostró el poder de la burguesía y adelantó su anhelo de que las elecciones las decida al final un pequeño aparato organizado por los monopolios y su Estado.

Estas peculiaridades permiten a la oligarquía allanar el camino para sus anheladas reformas estructurales así sea al precio del desprestigio y la instalación acuartelada para las actividades parlamentarias.

¿Qué será de los partidos burgueses? Su papel se refuerza en los marcos de la hegemonía de la oligarquía financiera para el control de las masas, aunque pierden las posibilidades de influir como antaño en las definiciones de fondo sobre las políticas estatales. En concreto sus condiciones quedan en la forma siguiente:

El PRI pierde las posibilidades de recuperar terreno, toda vez que uno de los objetivos de la burguesía era precisamente eliminar las tendencias al burocratismo partidista y los viejos estilos de gobernar en aras de acelerar su dominio, su derrota está a tono con esas exigencias. Inminentemente ese partido se enfrenta ya a las reagrupaciones, las fugas y las fracciones, que lo colocarán en la impotencia frente a los objetivos del gran capital para lograr su control e intervención, depurando los restos de su programa.

El PRD se coloca como una opción para la oligarquía financiera ubicando a los cuadros más derechistas en la cúspide de su aparato interno. Su contacto con los monopolios le ha brindado la oportunidad de que lo identifiquen como una fuerza conveniente con diversas posibilidades en la administración del Estado. En cuanto a arraigo previo de la socialdemocracia en las capas populares, muy manifiesto en la elección se irá perdiendo ante su abierto acoplamiento a los intereses del capital financiero, y su orientación legalista respecto de la impugnación a las elecciones en base a una fórmula ineficaz, cuando de lo que se trata es de pasar a otra etapa de la lucha de clases.

El PAN reafirma su importancia como partido plenamente oligárquico, identificado plenamente con los intereses del imperialismo, y adquiere la preponderancia indispensable en las cámaras para lograr su cometido en su programa de reformas estructurales y privatizaciones.

En lo que respecta a los partidos pequeños, es sabido que éstos se acogieron a la gran burguesía para asegurarse el presupuesto estatal y obtener algunos espacios de poder poco importantes, pero donde pueden promover los intereses capitalistas, al tiempo que continuar en la tradicional política del supuesto pluralismo y la democracia.

Estas son las condiciones que hoy el movimiento de masas debe tomar en cuenta como continuación de su organización y unidad, de las cuales se desprende su importancia en la transformación profunda democrática y revolucionaria de nuestro país.

Lo más importante es lo que ahora el movimiento tiene aventajado a través del Programa Mínimo No Negociable, lo trascendente es que en algunos puntos del país el descontento popular toma la forma de organización aparte de las masas para la lucha de transformación social, más avanzado, tal es el caso del estado de Oaxaca con su Asamblea Popular. Factores que permitirán prontamente dotar de forma a las luchas contra el fraude y empujarlas al Frente Único, a la Asamblea Nacional Constituyente.

Las fuerzas democráticas y revolucionarias tuvieron un gran acierto al no desentenderse de los procesos de lucha, al mantener la independencia de clase sin recurrir al antielectorerismo, pero sin ceder a las presiones y chantajes del oportunismo. Ello le da al movimiento organizado en los diversos frentes que ya comienzan la batalla, una oportunidad por demás valiosa para llamar a la protesta popular y romper con la política burguesa, en una situación en que la derrota es de la democracia burguesa, la derrota es para los oportunistas; para las masas son las enseñanzas y sobretodo, la confianza de que cuentan con una fuerza en aumento, que demuestra su capacidad para dislocar hasta los aparatos de manipulación electoral, ahora hay que salir a las calles.

Naturalmente los problemas organizativos y la disputa por impulsar el movimiento popular chocan de entrada con la reacción desencadenada, y chocan en estos momentos con las posiciones de la socialdemocracia, nos enfrentamos a una situación que entraña dificultades en el terreno de la legalidad puesto que se pone en disputa la democracia burguesa y su proceso legitimador, y por tanto se enfrenta al aparato político incluidos los partidos de la burguesía. Estos hechos marcan también problemáticas de inicio para las luchas siguientes, abriendo la perspectiva de sostener una gran fuerza de masas.

Otras problemáticas tienen su origen en la influencia de diversas tendencias pequeñoburguesas sobre las tareas a realizar, donde su sectarismo, su estrechez de miras y el caciquismo les pesa demasiado para sobreponerse a sus visiones y descubrirse que pueden jugar un destacado papel ante las enseñanzas de la política frentista, por ejemplo, de cara a la importancia de levantar inmediatamente la demanda de defensa de la voluntad popular, y de asamblea popular para la organización del movimiento.

Por las características de conjugación de los diversos procesos, el proletariado como clase revolucionaria se enfrenta a estos y otros problemas de organización para el combate. Es en ese sentido que, tomando los puntos de apoyo sobre la huelga, las demandas fundamentales, el combate al enemigo común y la plataforma democrático-revolucionaria; se presentan las más diversas cuestiones de elevar su conciencia y organización de clase aprovechando las características del momento para dirigirlo a cubrir un gran trecho de su política.


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