Los campesinos de México son golpeados por enemigos que sin piedad llevan la miseria y el hambre a sus hogares; la enfermedad ataca a sus familias y sus vidas se llenan de tristezas. Dicen que siempre han existido pobres, quizás sea cierto, pero la miseria campesina de ahora es nueva, y resulta d las injusticias que cometen los ricos y su gobierno con su política neoliberal.
La pobreza de siempre
Hace tres décadas los ideólogos burgueses afirmaron que el capitalismo había fortalecido la economía campesina, que en lugar de desaparecer los pequeños agricultores progresaban con las leyes del mercado, agregando que el campesinado moderno había dejado de ser un grupo social revolucionario. Con esas ideas, los teóricos “campesinistas” pretendían adormecer a los campesinos, separarlos de la lucha de la clase obrera, seducirlos para fortalecer el régimen económico burgués; haciéndoles creer que por fin habían alcanzado los anhelos de su centenaria lucha por tierra, justicia y libertad, les hablaban de progreso para aislarlos de las rebeliones de Genaro Vázquez, Lucio Cabañas, el “Güero” Medrano y otros más, que fueron perseguidos y aniquilados por el gobierno a través de la guerra sucia en los años setenta del siglo pasado.
Después de la revolución de 1910, la burguesía asumió las medidas agrarias, económicas y sociales a que le obligó el campesinado rebelde, pues de no entregar las tierras los explotadores no tendrían ni un momento de paz ni desarrollo económico. Con artimaña, los ricos manipularon el ímpetu revolucionario de los campesinos y los enfiló a fortalecer el desarrollo del capitalismo en México, haciéndoles aportar materias primas a bajos precios para la industria y alimentos baratos para los obreros, que permitió a los magnates acrecentar sus ganancias.
Contrario a la bandera de Emiliano Zapata: “la tierra es de quien la trabaja”, los gobiernos burgueses salidos de dicha revolución protegen y apoyan a los latifundistas y terratenientes. La Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) les otorgó certificados de inafectabilidad en las mejores tierras, fortaleció su actividad forestal y ganadera, consolidó grandes plantaciones y agroindustrias, apoyó la comercialización nacional e internacional de sus productos; los campesinos, que derrotaron al dictador Porfirio Díaz, exigieron justicia, pero el gobierno los reprimió, persiguió, y muchos fueron asesinados.
Para extinguir la unidad campesina, la misma SRA empalmó los ejidos a fin de enemistar a los pueblos hermanos, actualmente existen 17 mil 868 conflictos por límites de terrenos en los ejidos y 12 mil 327 en limites de tierras con pequeños propietarios. El reducido apoyo de la banca oficial, si bien empujó el desarrollo agropecuario, a los campesinos los tuvo del cuello: un gran coyote explotando en masa a pequeños agricultores, arrebatando siempre sus productos a bajos precios. Las deudas se hicieron impagables.
A otra gran parte de los campesinos, sobre todo a los pueblos indígenas, el gobierno les aplicó una política de muerte. Los abandonó en las peores tierras, en las montañas, selvas, desiertos, pedregales y empinadas, en los lugares más inhóspitos y alejados, sin el menor apoyo económico y social, cultivan productos para el autoconsumo y en menor medida para el mercado, por temporadas las necesidades los empujan a la búsqueda del salario; luego las familias crecieron, las tierras se agotaron, y se hicieron más pobres: estos son los viejos pobres, los pobres de siempre.
En realidad, en el México moderno no se puede hablar de que en algún momento hubo paz agraria o progreso para todos los campesinos; los conflictos y demandas a veces se agudizaban, otras veces se escondían; pero siempre latían en la vida nacional en un ambiente de opresión y violenta represión.
La miseria campesina es la madre de los proletarios, de los obreros y jornaleros. En efecto, millones de hombres del campo en diferentes épocas terminaron trabajando en las plantaciones, abriendo caminos, haciendo presas y laborando en las fábricas; del campo mexicano se abastecieron los burgueses de brazos fuertes para explotarlos. A finales de los años setenta, los sueños idílicos de los campesinistas, de bienaventuranza campesina donde habían penetrado las leyes capitalistas con la producción para el mercado, los refutaba la dolorosa ruina que iba abarcando lenta y penosamente a la mayoría de los campesinos, cientos de miles de asalariados y jornaleros salían y regresaban de sus comunidades, otros se asentaron en las zonas marginales en las grandes ciudades, mientras que apenas unos pocos se hacían campesinos medios y ricos. Así estaban las cosas.
Llegó la crisis capitalista y las cosas empeoraron
La crisis estructural del capitalismo, que inició por los años sesenta del siglo pasado, que también afectó a México, impuso cambios a la política económica y social a nivel mundial; bajo la dictadura del capital financiero internacional y de los países imperialistas, las políticas neoliberales empezaron a ser impuestas por todas partes; en adelante el crecimiento económico capitalista fortalece el dominio del capital financiero, los monopolios y las transnacionales; para el imperialismo el campesinado dejó de tener el futuro promisorio que los intelectuales burgueses pregonaban; hoy su único destino es la violenta ruina.
Llegó el día en que el Estado burgués mexicano dijo a los campesinos: ¡Ya no hay tierra que repartir!, después cerró la banca agropecuaria, exigió los pagos y advirtió ¡ya no hay dinero para los pobres del campo!, a lo que agregó ¡no hay fertilizante barato!, ¡está cara la gasolina y la luz!, ¡son reservas ecológicas, no pueden trabajar! Además, habló de inflación e impuso precios bajos a los productos, ¡más baratos de lo que cuesta producirlos! Un gobernante que se soñó nadando en oro negro gritó ¡el petróleo es importante! y no le importó envenenar tierras, aguas y cielos campesinos.
Finalmente, con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Plan Puebla Panamá (PPP), abrió el camino para el dominio de las empresas transnacionales en el campo mexicano, entonces la miseria ya no vino con pasos lentos, sino de manera violenta arrasó a grandes masas campesinas que se fueron haciendo más pobres, cada vez más pobres. Los campesinos abandonan en masa el campo.
Muchos campesinos se preguntan ¿Qué ganan estos asesinos hundiéndonos en la miseria? La respuesta es sencilla: quieren apropiarse de la tierra, de su trabajo y de sus productos ¡todo lo quieren para ellos! Los insumos están caros, no hay créditos, los precios agrícolas baratos, por más que trabajan, la tierra no da a los campesinos ni para comer; entonces, abandonan la tierra. Implantada la ruina, la contra reforma agraria de Carlos Salinas propicia que los ejidatarios y comuneros puedan ser despojados de sus tierras, alquilada o vendida a los ricos y empresas transnacionales. A la fecha han vendido 80 millones de hectáreas, y desaparecieron más de 5 mil ejidos. El acaparamiento de la tierra por las empresas agrícolas transnacionales, hoteleros, constructoras, y otros bribones, deja en la calle a miles de campesinos, unos terminan alquilándose de jornaleros en sus propias tierras, otros van a las grandes ciudades de México, muchos salen del país a ganar dólares.
En México escasea el empleo y los salarios son raquíticos. Pero con tanta miseria, a los campesinos arruinados se les observa trabajando en las principales ciudades del país construyendo caminos, cargando botes y echando ladrillos, en las fábricas y maquilas, de ambulantes; también viajan de jornaleros golondrinos, detrás de la cosecha del melón, del jitomate, de la caña; etc., en las peores condiciones de vida, como en San Quintín, Baja California.
Allá, del otro lado, donde arriesgan la vida en los desiertos y ríos, los esperan para tallarles duro el lomo, sin derechos políticos, laborales y sociales. A pesar de que más de un millón de mexicanos son expulsados cada año por las patrullas de la “Border Patrol”, cientos de miles de familias campesinas en condiciones de pobreza extrema viven de las remesas que les envían sus familiares desde los Estados Unidos. Pero también el éxodo ha dejado pueblos fantasmas; sus gentes, chozas y maizales sólo viven en los recuerdos de los que se fueron o de los pocos que quedaron: unos ya no volverán, otros irán muriendo. Y eso es lo que quieren los enemigos del campesinado, que unos se vayan y que otros se mueran; pues le interesa quedarse con su tierra, les interesa explotar su trabajo.
El ideario económico y político burgués lo expresa el periodista Sergio Sarmiento: "La Secretaría de Agricultura logró en estos últimos años algo que parecía imposible: hacer que el sector primario (los negocios agropecuarios de los ricos) crezca(n) más que el promedio de la economía mexicana. Pero para combatir la pobreza del campo se necesitan reformas de fondo que pongan fin a las limitaciones a la propiedad privada de la tierra y eliminen el dañino sistema ejidal” (Jaque Mate, Reforma, p.18, 9-06-04). La lógica es, los buenos negocios de los ricos no resuelven la pobreza en el campo mexicano: no hay más que eliminar a los campesinos, ¡para acabar con los pobres!, con lo que interpreta claramente los sueños de la oligarquía.
Los intelectuales campesinistas, que hablaron del paraíso terrenal campesino en el capitalismo, sencillamente callaron para evitar decir una verdad que les disgusta e incomoda, y que es: el futuro de la mayoría de los campesinos en el capitalismo tiene mil vías, pero todas llevan a un camino cuyo destino es la miseria y su paso a las filas del proletariado. Esto lo tratan de ocultar no sólo porque muestra su estrechez de mente y su traición al campesinado cuando decían hablar a nombre de sus intereses históricos, sino porque de esa realidad se desprende que el campesinado de México, como en otras partes del mundo, para lograr un futuro mejor y evitar ser aplastado por la oligarquía y los imperialistas, para contener su violenta caída a las filas de los emigrantes y desocupados, para lograr la desaparición de los latifundios disfrazados, la soberanía alimentaria y mejorar sus condiciones económicas, políticas y sociales, no tienen más alternativa que la organización combativa y revolucionaria, donde lo fundamental, por su importancia estratégica, es que dichas tareas sólo las podrán realizar los campesinos en la medida en que establezcan una sólida alianza con la clase obrera, uniéndose a la lucha proletaria en contra del capital, el imperialismo y todas las clases explotadoras en la ciudad y en el campo, por la abolición de las clases.
La resistencia crece
Millones de campesinos pobres resisten en sus parcelas; y mantienen una lucha por evitar que la tierra les sea arrebatada; luchan contra el imperialismo, los monopolios y las transnacionales; combaten el TLCAN y el PPP; pelean por una política agraria justa que les permita vivir dignamente, créditos baratos, suficientes y oportunos, precios justos; mientras, el gobierno declara que cerrará la Secretaría de la Reforma Agraria al terminar de aplicar la política que divide los intereses campesinos, eliminando la propiedad colectiva comunal y ejidal haciéndola privada, la lucha por la tierra cobra cada día mayor importancia en Oaxaca, Sonora, San Luis Potosí, Guerrero, Chiapas, Jalisco, Nayarit, Durango, Zacatecas y Michoacán, donde los campesinos no olvidan la justa demanda: ¡la tierra es de quien la trabaja! y luchan por expropiar la tierra en manos de los latifundistas, terratenientes y los monopolios agroindustriales. Queriendo apagar focos rojos, el gobierno sopla las brazas, pretendiendo transfigurarse de incendiario a bombero. Precisamente, cuando más eleva la temperatura en el campo, el gobierno ejecuta piruetas con el fuego.
Los enemigos enmascarados
Para los campesinos no hay duda que los latifundistas, terratenientes, la oligarquía, el imperialismo, las transnacionales y el gobierno burgués son enemigos de los pobres; pero hay otros que se enmascaran diciéndose amigos y luego los traicionan. En conjunto, los burgueses y oportunistas practican la política del garrote y la zanahoria.
La política del garrote neoliberal genera conflictos y desavenencias. Para dominar al campesino y evitar que se organice por fuera de su influencia, los capitalistas y su gobierno generan la opción de tirar migajas, para que sus gatos encaucen la rebeldía campesina a los rieles burgueses. Dicha acción la realizan las organizaciones campesinas vinculadas a los partidos burgueses Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido de la Revolución Democrática (PRD), Partido del Trabajo (PT), etc., como: Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), Central Campesina Independiente (CCI), Central Campesina Cardenista (CCC), Confederación Nacional Campesina (CNC), Unión Campesina Democrática (UCD), El Barzón, que aliadas a grupos empresariales, se agruparon en el hoy moribundo movimiento
El Campo No Aguanta Más.
Estas organizaciones critican algunos aspectos del modelo neoliberal en política agropecuaria y campesina, hablan de nacionalismo, liberalismo social de rostro humano y señalan los efectos negativos que la política de extinción campesina genera sobre los pequeños y medianos empresarios agrícolas o campesinos ricos, pero no asumen una defensa de los intereses de los campesinos pobres, de los campesinos sin tierra o de los jornaleros agrícolas. No obstante, estos oportunistas dicen ser representantes de todos los campesinos. Pero, actuando como bomberos en los estallidos sociales, desvían la atención de las demandas de los pobres poniendo al frente los intereses de los ricos, manipulan la movilización a fin de evitar la organización campesina independiente de la política burguesa. Al final, se ponen de acuerdo con el gobierno, reparten algunas migajas entre los sectores burgueses acomodados que representan, y los intereses de los campesinos pobres los tiran por la borda mientras se embarcan a sus puestos a la cámara de diputados y senadores.
Un ejemplo claro de su actuación. Cuando la inconformidad soplaba el fuego encendido contra el TLCAN, a través del movimiento El Campo No Aguanta Más, los oportunistas y sus aliados (empresarios) logran ponerse a la cabeza, la unidad campesina y popular se expresó, pero luego, el gobierno manoteo; asustados, se pusieron de rodillas y traicionando a la mayoría de los campesinos vendieron el movimiento con la firma del Acuerdo Nacional para el Campo (ANC), para después irse tranquilamente a las elecciones por su botín.
Finalmente, los oportunistas y el gobierno desataron un bombardeo publicitario para ocultar su felonía, manipulando la conciencia popular con panfletos de “paz en el campo”, con un “gobierno que toma acuerdos”, y un movimiento que da un “paso adelante”. Por supuesto, el ANC nada resolvió ni resolverá, porque no está pensado ni hecho para dar una salida a la profunda crisis que vive el agro mexicano en su sector campesino. Pero desde entonces, los oportunistas lloriquean diciendo que las reglas de operación, que el gobierno no cumplió, que los dineros se los guardaron ¿Qué esperaban estos zopencos?, sabían que el ANC no resolvería nada, ¡que el gobierno no cumpliría las promesas!
La burguesía y su política electoral en el campo
Los partidos burgueses PRI, PAN, PRD, etc., con sus distintos matices, preparan jilguerillos, mapaches y toda la fauna para realizar el fraude electoral, en un escenario en que la burguesía niega a la clase obrera y los campesinos pobres derechos políticos electorales, les priva de la libertad de prensa y de la libertad de organización, a través de las leyes e instituciones electorales privativas, con el absoluto control burgués de los medios masivos de comunicación y el violento control corporativo de los sindicatos obreros y campesinos por los charros, neocharros y centrales campesinas.
Los reformistas tratan de encausar el descontento campesino hacia el voto del PRD; estos oportunistas venden a lo obreros y a los pobres de la ciudad y el campo por curules, gobernaturas y, ahora sueñan, con la presidencia. Su tarea consiste en adormecer a las masas con su opio de transición pacífica a la democracia; con su canto de sirenas, rechazan la movilización popular combativa, y cuando les conviene la convocan y manipulan para lograr sus objetivos electoreros. Dicen, el cambio se logrará con el voto a favor del PRD.
Este partido pequeño burgués quiere convencer al pueblo que México avanza a la democracia, pero a la luz de los acontecimientos, lo único que lograron estos socialdemócratas es crear las condiciones favorables en el escenario nacional para el avance de la derecha reaccionaria y fascista, hoy en el gobierno.
Por su parte, el PRI, alinea y aceita su vieja estructura caciquil y prepara la política clientelar a fin de afianzar a los sectores de campesinos acomodados y medios que, golpeados por la crisis, añoran el pasado, tras de éstos buscan arrastrar a los miserables, a los pobres del campo. Tratando de aprovechar la torpeza y brutalidad foxista, piensan sacar del campesino y sus justas demandas raja de buena leña para su regreso al poder. Las principales fuerzas priístas que actúan al seno de las masas campesinas son la CNC y Antorcha Campesina.
Pero además, en este país de absurdos, el campesinado pobre de México tendrá frente a sí a la derecha panista. No obstante la política anticampesina de Fox, en las últimas semanas, el PAN dio a conocer su organización corporativa hacia el sector campesino UNIMOSS, y el programa “Plantar”. Con una política clientelar, al viejo estilo priísta, Plantar canalizará recursos gubernamentales a través de las oficinas del PAN-gobierno, favoreciendo a quienes se organicen en torno a UNIMOSS, a fin de atraer el voto campesino al PAN y mantenerse en el poder. Por supuesto, este asunto no queda en las elecciones, dicha organización busca arraigo entre las masas campesinas para hacer avanzar la ideología de derecha y los proyectos fascistas de corto, mediano y largo plazo, que en otros ámbitos de la política foxista se observan. Este no es un asunto menor ni aislado, pues a través del corporativismo, la lámina, el cemento, etc., y con el apoyo de toda la estructura de gobierno, pretenden enfilar a las masas campesinas detrás de los proyectos más reaccionarios del capital financiero y del imperialismo.
Los campesinos pobres saben que estos enemigos, traidores y reformistas son muy peligrosos, muchos ya se han alejado de su influencia, pues debajo de su piel de oveja está el mismísimo demonio capitalista que busca impedir que los pobres del campo logren unificarse para luchar en contra de sus enemigos que le oprimen y explotan; pero muchos campesinos pobres, aún cuando entienden que el PRI, el PAN y el PRD representan la influencia burguesa al seno del movimiento campesino, se prestan a sus juegos y maniobras, aún cuando saben que, cada vez que el descontento estalla en un ejido, una región o un estado, exigiendo justicia y apoyo gubernamental para trabajar las tierras, por caminos, electrificación, escuelas y clínicas, etc., allí están listos para darles mil vueltas, marearlos y como borrachitos regresarlos con las manos vacías; allí están para desviarle de su rumbo revolucionario, para pedirles paciencia, para decirles que vengan después, que todas las cosas van bien. La única forma de evitar todo esto es aprendiendo de la lucha, que las masas campesinas se prevengan de estos oportunistas, logrando la organización y movilización unitaria e independiente de todas las fuerzas burguesas, de todos los partidos burgueses tricolores, amarillos, azules, etc., y sus centrales campesinas burguesas. Sólo así es posible realizar un trabajo por fortalecer la lucha campesina, sólo así podrá avanzar la unidad obrera campesina, de lograr triunfos económicos y políticos, de acumular fuerzas para garantizar el triunfo de la revolución.
Los obreros y campesinos se encargarán de hacer fracasar la política burguesa
El campesinado de nuestro país despertó. A pesar de los múltiples y variados esfuerzos de boicot y desvío de su lucha, la organización revolucionaria del campesinado continúa avanzando, expresándose poderosamente con frecuentes estallidos de descontento como el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y la movilización combativa, destacando San Salvador Atenco, entre otros, y donde nuestro Partido Comunista de México (m-l) y el Frente Popular Revolucionario realizan importantes esfuerzos de organización y lucha.
La situación se torna tensa, al grado que se escuchan expresiones que provienen, ya no sólo desde los sectores progresistas que hablan de un posible estallido social en el campo, sino que, desde el propio gobierno y las centrales oportunistas se oyen voces de alarma que pregona que algo viene, y que no podrán controlar.
Es cierto que el campesinado pobre aprende pronto. Pero mientras en el campo mexicano no se logre desarrollar una Central Revolucionaria de Campesinos, Obreros y Jornaleros Agrícolas (CRCOJA), independiente de la influencia de la burguesía, un nuevo auge de la lucha campesina caerá nuevamente en manos de los oportunistas. Si las fuerzas democráticas que actúan en el campo mexicano desean evitar que esto suceda y que las masas campesinas avancen, es inaplazable su unificación, para juntos educar a las masas en la perspectiva de la alianza obrera campesina, levantando objetivos políticos y económicos inmediatos y estratégicos, a fin de evitar la derrota económica, política y social del campesinado frente a sus enemigos; para detener el TLCAN y el PPP y sus nefastos resultados en la vida campesina y en la economía nacional; para luchar contra la pobreza en el campo, por una política social que les haga salir del rezago, etc., al tiempo que se va construyendo un escenario de la lucha de clase en México, en el cual, la alianza obrero campesina y popular, pase al nivel más elevado de acción revolucionaria por la abolición de las clases.
Las organizaciones campesinas del Frente Popular Revolucionario tienen la importante tarea de impulsar la CRCOJA al seno de la Promotora del Frente Nacional Contra el Neoliberalismo, convocando a las organizaciones campesinas que desarrollan una lucha combativa local y regional en las entidades del país.
El campesinado democrático y revolucionario debe preparar sus fuerzas y banderas para la movilización obrera, campesina y popular contra la política neoliberal del 31 de agosto del presente año; en la defensa de los derechos económicos, políticos, de reunión y de prensa de la clase obrera, del campesinado y de todo el pueblo, pues ningún partido o gobierno burgués dará solución a sus demandas si no es que se le obliga con la movilización de masas a ello. ¡A preparar el Paro Político Nacional y la Huelga Política Nacional!