Los comunistas, sin desdeñar el papel de la democracia en los procesos de la lucha de clases, no dejamos de observar el fondo sobre el cual está trazada, los ejes bajo los cuales se mueve, tanto como sus contradicciones interiores.
Enormes confusiones se generan en torno al problema de la democracia cuando ésta se deja de ver bajo una óptica de clase. En este propósito, muchas son las tendencias que operan a favor del diversionismo ideológico, de la difusión de una democracia en abstracto, sin sus configuraciones de clase, ni sus bases, limitaciones, contextos y circunstancias históricas.
La democracia burguesa tolera la existencia de contradicciones interburguesas, puesto que éstas definen su movimiento de reafirmación y determinan el rumbo de la acumulación de capital, en torno a la explotación de las masas.
Significativamente, en cuanto a las contradicciones antagónicas con el proletariado y las masas, la democracia burguesa pretende velarlas (todos somos ciudadanos), cierra el paso al planteamiento radical de la cuestión (pues como dice Lenin jamás podrán ser iguales burgueses y proletarios) e instrumenta todo tipo de mecanismos para que en especial el antagonismo fundamental no pueda ser puesto en escena por el proletariado.
Gobernar sobre la base de la explotación capitalista, conceder la libertad de ser explotado por cualquier capitalista, garantizar el proceso de acumulación de capital, afirmar la soberanía de la burguesía y en especial de la oligarquía financiera sobre el territorio nacional, sus recursos, su industria y el mercado nacional; son la sustancia sobre la que se mueve la democracia burguesa.
Los Estados aparecen como mediadores entre los intereses burgueses, así como entre éstos y los intereses de las demás clases o sectores de clase, en el marco que lo permiten sus controladores y poseedores, de los que destaca hoy día por excelencia de entre la clase burguesa, la oligarquía financiera.
La democracia burguesa tiende a sostener efectivamente una emancipación política limitada, como instrumentación a que los individuos puedan explotar o ser explotados, oprimir o ser oprimidos. Que tratándose de la sociedad capitalista, y sus leyes de acumulación, se trastoca en la opresión y explotación de las inmensas mayorías por unos cuantos, no existe una emancipación de la naturaleza de clase de los individuos, al contrario, se trata de una reafirmación de su condición material.
Para ser precisos, los derechos humanos y políticos que postula la democracia burguesa realmente consagran la desigualdad entre las clases y purifican el proceso de acumulación de capital. ¡Bendita manera de ocultar la dictadura de la burguesía sobre las masas!
La democracia burguesa consagra al proletariado y el campesinado pobre como servidores de los mezquinos intereses del capitalista. La democracia burguesa no libera al hombre (social), sino a las relaciones sociales de producción capitalista que permiten acrecentar la riqueza material de unos cuantos. El hombre concreto (el proletario) sigue encadenado a su condición de clase explotada y oprimida.
Tan superficial es la democracia burguesa con respecto a lo que ha conquistado de libertad “aclasista” que en las batallas electorales los partidos contendientes, lo mismo asimilan que pierden votos por unos u otros hechos eventuales. El motivo podemos encontrarlo en que: a) los intereses de las masas no pueden encontrar salida por estos causes, b) la democracia burguesa da por descartada la conciencia de clase de las masas respecto de sus verdaderos intereses, c) los intereses históricos del proletariado no encuentran sostén en el “sistema democrático”, d) la burguesía detenta el control de los instrumentos democráticos y de los medios de producción de los que se sirve la difusión de ideas, e) cuando se trata de amplias participaciones populares se mantiene a resguardo la estructura económica capitalista por las leyes supremas de la nación constituida, f) en las grandes participaciones populares se evidencian hechos tales como el impulso de las masas a manifestar su repudio a las políticas preponderantes en los Estados y su deseo de cambio respecto de lo que se vive bajo la democracia burguesa, pero dichos intereses quedan restringidos, g) el poder económico de la burguesía encuentra un destacado refuerzo legitimador.
Los Estados y la democracia en Latinoamérica y en todos los países capitalistas solo existen sobre las premisas de la propiedad privada y la producción capitalista. En América Latina prevalecen como elementos clásicos de la democracia burguesa, la república democrática burguesa, el constitucionalismo, el parlamentarismo el sistema de instituciones públicas y el sistema de partidos políticos burgueses, éste es el programa sobre el que se explaya la dominación del capital en general.
Aunque esta conclusión es correcta, resulta insuficiente si no se consideran condiciones más particulares que operan alrededor de la democracia burguesa latinoamericana. Así es necesario señalar las influencias por: a) la tradición y el desenvolvimiento histórico propiamente latinoamericanos, b) el atraso de las fuerzas productivas, c) el peso de sectores burgueses retrógrados fincados en la gran propiedad de la tierra y el dominio imperialista, d) el despilfarro del gasto público en las instituciones de la democracia burguesa, e) la descomposición y el parasitismo de su burocracia, f) el corporativismo, g) el sistema de gran hacienda que restringe la movilidad social de las masas y el establecimiento pleno de bases sociales modernas del capitalismo, h) el factor caciquil, i) el caudillismo, j) la descomposición política, k) las bandas partidistas, l) las prácticas electorales fraudulentas, m) el mantenimiento de aparatos fascistas de represión contra las masas y los revolucionarios, n) otras violaciones de las normas democráticas.
Estos factores en ciertos grados contradictorios y retardatarios, resultan ser indispensables en la supervivencia del sistema y su democracia, que al final de cuentas, sigue tratándose de la democracia de los poseedores del capital.
Junto a las grandes presiones de la lucha popular, los factores señalados, son un puente en unos casos tendido por la burguesía, y en otros, simplemente utilizado por ésta para asegurarse el traspaso “inconsciente” a la organización estatal fascista. La base material del fenómeno democrático trae en paquete envuelto la “anomalía” fascista como complemento a la línea inviolable de la sacrosanta propiedad privada, que tanto vemos en la región con las dictaduras al estilo pinochetista, cuando la democracia deja de presentar sus delicias. Los miles y miles de asesinados, desaparecidos, torturados, encarcelados, perseguidos y exiliados es el saldo en el que se trasmutan la una por la otra cara de la democracia burguesa.
La democracia burguesa en Latinoamérica sintetiza a lo sumo las condiciones en que se encuentra el capitalismo y la clásica línea de perpetuar la acumulación capitalista, la propiedad privada, y el individualismo que resguarda el modo de vida burgués.
La maniobrabilidad de la democracia burguesa está constreñida al ejercicio del poder político y económico de los monopolios, velando los antagonismos de clase, de ahí la sordidez de las instituciones con respecto de la violencia ejercida contra los intereses de las masas y en especial contra los del proletariado. Actuar bajo el influjo de las premisas de la democracia burguesa manteniéndose en la esfera de inviolabilidad de los cimientos del sistema, es convertirse en agentes de los monopolios, en administradores de los intereses capitalistas, en gestores del poder de la burguesía, (socialpacifistas, socialchovinistas, socialimperialistas, cretinoparlamentarios), aún aquellos que quieren colar los preceptos de la democracia para construir sus “neo-socialismos” relumbrantes, no alcanzan a salir de los esquemas de democracia burguesa.
Hemos visto en la historia reciente de América Latina como ha habido intentos plagados de buenos deseos hacia las masas, pero que definitivamente en la dialéctica del desarrollo capitalista a estas alturas resultan anacrónicos al intentar explayar las bases para el crecimiento de la mediana y pequeña burguesía en un campo en que hoy estallan por todos los poros de la realidad la necesidad de batallas generales del proletariado. Ya Lenin lo afirmaba, refiriéndose al proceso de liberación nacional en la China feudal y oprimida por las potencias a inicios del siglo XX, y cómo lo que ahí representaba un esplendor para el capitalismo y una necesidad histórica para la lucha de los pueblos, en las condiciones del capitalismo en Rusia y Europa significaba un retroceso plenamente reaccionario. Lenin decía que se veía en los demócratas chinos “la más sincera condolencia por la situación de las masas trabajadoras, el más ardiente odio a los opresores y explotadores. Pero en Europa y América, de las que los chinos avanzados todos los chinos, por cuanto han experimentado ese auge- tomaron sus ideas liberadoras, está planteada ya al orden del día la tarea de liberarse de la burguesía, es decir, el socialismo. De ahí se desprende ineluctablemente la simpatía de los demócratas chinos por el socialismo, su socialismo subjetivo.” (Lenin, La democracia y el populismo en China, p.61, Del libro: La lucha de los pueblos de las colonias y países dependientes contra el imperialismo, Editorial Progreso, Moscú).
Creer que ese tipo de populismo es el plus ultra de la consecuencia revolucionaria para América Latina es cosa que dejamos a los nacionalistas populistas, reformistas de derecha y de izquierda y sus pelotones de politiqueros pequeño burgueses. El anacronismo de estas “nuevas interpretaciones”, tiene esa otra cara en el socialismo que postulan las corrientes democráticas y populistas, visiblemente se refiere a un socialismo plagado de su naturaleza de clase burguesa.
Las leyes del capitalismo son implacables, lejos de nosotros el ánimo de fastidiar con determinismos obtusos, hay que ver la realidad de frente; “La ironía de la historia consiste en que el populismo aplica, en nombre de la `lucha contra el capitalismo´ en la agricultura, un programa agrario cuya realización plena significaría el más rápido desarrollo del capitalismo en la agricultura.” (Obra citada, p.63). Y lo mismo opera para las demás esferas económicas con las propuestas del populismo extendido en la región.
Permítasenos señalar de pasada, aunque obviamente ya abordaremos este punto, que la democracia burguesa, pese a su esencia y sus artimañas, no es ajena al proletariado en la medida en que ésta le asegura una mayor participación política, una mayor capacidad de acción y una vía útil para fortalecer las premisas de la inevitabilidad histórica de la revolución violenta. En buena ley, la utilización de la democracia burguesa es indispensable en la defensa de los intereses de clase (tomemos por caso la sindicalización y los derechos de asociación); con la condicionante de que partimos del principio de clase que el proletariado y su partido político estén concientes y organizados de manera tal que no sean envueltos en la vorágine de la tormenta burguesa, logrando siempre anteponer su carácter revolucionario a la árida proclamación de eternidad capitalista que supone la democracia burguesa, o a la adopción de principios de democracia burguesa para arribar al socialismo (vía pacífica, nacional, parlamentaria, gradual, y otras excrecencias por el estilo).
Es importante en el terreno democrático burgués, aprovechar las posibilidades para el desarrollo de la lucha de clases. Es fundamental imprimir el sello proletario a los procesos en lucha para llevarlos a la revolución, a este respecto, existen las claves desarrolladas por el leninismo, a las cuales tenemos que saber ajustarnos en todo momento:
a) Que se establezcan firmes vínculos entre las masas y los Partidos comunistas (marxista-leninistas), y se creen los referentes e instrumentos orgánicos más extensos y estructurados; todo sobre la base de la proyección de su programa estratégico y el de sus frentes (en algunos países se contempla como programa máximo y mínimo).
b) Se consoliden los bastiones de masas con carácter proletario para sobreponerse a las retiradas aplastantes, en la idea de que sean el soporte para nuevos combates en dimensiones superiores que nos aproximen a la revolución proletaria.
c) Que las consignas generales e inmediatas correspondan al sentir de la acumulación revolucionaria y prendan entre las masas.
f) Que el proletariado o un núcleo sólido de éste surja a la palestra con banderas democráticas revolucionarias. La lucha democrática en general, y el estado actual de las fuerzas de las masas, nos proporcionan elementos para sostener, a estos terrenos, planes orientados a acercarnos a la revolución, a que las masas obtengan éxitos inmediatos que les permitan afianzarse en el marco de la lucha de clases e imprimirle una profunda conciencia de clase para que las siguientes batallas puedan tomar un mayor calibre y un calado revolucionario.
A este objeto es posible y necesario dotar a las masas de programas que sustenten y afirmen las orientaciones estratégicas del proletariado, dichos programas no son la revolución, pero sí apisonan el camino a ella, en la consecución de dichos programas se pone en acción todas las formas de lucha, y adquiere carta de presentación la lucha por establecer elementos de vida democrática compatibles con las exigencias de las masas, y que obligadamente son elementos de cierta ruptura con la democracia burguesa, pero que aún pueden darse dentro de ella, por lo que esto deben tenerlo muy bien definido tanto los revolucionarios como las masas.
Los programas a tal propósito se sustentan en:
1.- La instauración de un Gobierno Provisional Revolucionario (GPR) que derive en un Gobierno de obreros, campesinos pobres y masas populares.
2.- Que este GPR, convoque a una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular que derive en una Asamblea Nacional Obrera, del campesinado pobre y popular. La cual redacte una Nueva Constitución Política cuyos pilares serán:
3.- Establecimiento de soportes antiimperialistas en la estructura económica, política y social de nuestros países, expropiación de las empresas monopolistas, altos impuestos a las mercancías de los monopolios exteriores, desconocimiento y no pago de la deuda externa, supresión de las bolsas de valores.
4.- Expropiación de la oligarquía financiera, supresión de los compromisos de ésta y el Estado con el imperialismo.
5.-.- Control obrero sobre la economía.
6.- Expropiación de la tierra a los terratenientes y su entrega al campesinado pobre.
7.- Disolución de las organizaciones fascistas y de la gran burguesa, disolución de los aparatos de represión contra las masas.
8.- Política económica orientada a anular la miseria de nuestros pueblos.
9.- Desarrollo económico industrial enfocado a resolver las grandes necesidades de las masas.
10.- Libertad a las decenas de miles de presos políticos de toda América Latina, castigo a los represores, y en general, la ampliación de las libertades políticas de las masas.
Un programa similar, sólo lo puede encarnar una República Democrática Popular.
A este programa podrá anexarse algún otro elemento, nosotros consideramos que esto sería válido. Como puede verse, esto no rompe aún con el núcleo, ni destruye los hilos del capital, pero su camino e incluso su posible puesta en marcha nos asegurarán la más amplia mayoría de las masas y la necesaria unidad entre todos los revolucionarios para que la revolución proletaria aparezca en los escenarios.