Número 179/julio/2004

La escandalosa marcha “pacífica” de la burguesía

En medio del declive político de la clase en el poder y la profundización de la crisis general del imperialismo, la lucha de clases en México se tonifica haciéndose cada vez mas clara, cada vez más difícil de ocultar.

Nuevamente, para el proletariado y los revolucionarios, la contradicción fundamental del capitalismo, a saber: capital-trabajo, se convierte en el eje rector de su apreciación científica de la situación concreta por la que atraviesa el país y su accionar práctico. Esto es aplicable en el análisis de los diversos acontecimientos puestos en marcha en el actual periodo, de los distintos grupos, sectores y clases que participan, de uno u otro bando, ya sea del lado de la reacción y la burguesía o del lado de la revolución y el proletariado.

La escandalosa marcha “pacifica” del 27 de junio, que se dijo promovida por la “sociedad civil” y fomentada por los medios burgueses de información, que la presentaron como “respuesta de la sociedad ante la delincuencia”, tiene un fuerte contenido de clase burgués, como todo aquello que intente ser presentado como “apolítico y pacifista”; pues está claro que la oligarquía financiera buscan un mayor control y opresión policíaco militar para agudizar la sobre explotación de las masas obreras, campesinas y populares, a las que les impone una lacerante miseria; confirmando con exactitud la justeza de la tesis de que: en la lucha de clases no pueden existir neutrales.

Delincuencia y lucha de clases

A los diversos partidos de la burguesía en el poder, cuando les conviene hablan de "reducción de los índices de delincuencia", pero también, si sus intereses voltean a otro lado, no les importa torcer sus apreciaciones y cambian su discurso por “aumento de la delincuencia”, a fin de promover iniciativas sacadas de las películas “para combatir el mal”.

Desde luego la clase obrera, los sectores progresistas y los revolucionarios no podemos dejar de ver que la llamada delincuencia avanza y que no hay estadística capaz de refutarlo. Sin embargo, los marxistas no podemos dejar de apreciar que la delincuencia se encuentra estrechamente ligada a la propiedad privada y a la explotación capitalista. Es un hecho lógico e histórico que, mientras la crisis del capitalismo general avanza y con ella la explotación y miseria de las masas, la delincuencia emerge con mayor fuerza, haciéndose nítidos sus componentes económicos que dan paso a la degeneración social y política. La delincuencia, como expresión de los antagonismos de clase, es también parte de la lucha de clases, y en una sociedad donde los polos opuestos se dividen cada vez más en las dos clases fundamentales, la burguesía y el proletariado, la delincuencia estará de una u otra forma en ambos campos.

La clase dominante, las capas medias, pequeño burguesas y sus lacayos, desde su propia perspectiva, contemplan delincuencia en robos, asaltos y secuestros, violaciones, narcotráfico, contrabando, polleros, tratantes de blancas, en la "ingobernabilidad" y todo aquello que les afecte económica y políticamente; los explotados también somos víctimas del lumpen proletariado y estamos más expuestos a toda clase de vandalismo; pero los trabajadores de la ciudad y el campo nos damos cuenta que la delincuencia e impunidad es también neoliberalismo, robo en la venta de los bienes nacionales, la sustracción de dinero de las arcas públicas para los bancos, atraco al presupuesto de los servicios educativos, de salud y seguridad social, los robos de cuello blanco, corrupción en campañas electorales, en el fraude electoral, en el secuestro de los derechos políticos de la clase obrera en el sistema electoral burgués mexicano, en el aplastamiento de las leyes que protegen los derechos laborales y salariales de la clase obrera, en el charrismo sindical, en el saqueo de cuotas sindicales, en la corrupción del sistema judicial desde los altos magistrados hasta el policía de la esquina, y un largo etcétera.

Pero el sistema judicial burgués antepone la seguridad de su propia clase a la del pueblo, por lo que los órganos de violencia del Estado burgués, los jueces, las policías, el ejército y aún las mismas leyes, los enfilan en contra de los desposeídos, respondiendo a sus intereses de clase. Como sabemos, ninguno de los puntos que afectan a la clase obrera y al pueblo de México son tomados como delincuencia por el Estado burgués, y en el mejor de los casos los considera "casos no graves", "no contemplados por la ley", "aislados e individuales", etc., más nosotros los explotados sabemos que la clase explotadora y la dictadura burguesa son bandidas y corruptas por naturaleza.

Por ello en México, como en toda república burguesa, la huelga, el mitin, la marcha, el bloqueo de carreteras y toda forma de lucha utilizada por los obreros y el pueblo oprimido, es considerado como “alteración al estado de derecho”, mientras que el fraude, la corrupción y el terrorismo de Estado son vistos como “excesos aislados”.

Para los burgueses es penado el robo famélico, al que se ven obligados a recurrir los desempleados, mientras que el robo de cuello blanco y la malversación de fondos públicos es algo escandaloso, sí, pero jamás alarmante.

Para los obreros, el secuestro por intereses económicos es reprobable, pero ajeno a su realidad; mientras que el secuestro con fines políticos contra activistas y dirigentes populares, es la expresión más nítida de la ilegalidad burguesa y su estado de derecho. Que mejor muestra de impunidad es la llamada guerra sucia, impunidad a la burguesía y su Estado burgués, impunidad a los responsables directos que ejecutaron sus órdenes.

Avance del fascismo, embauque contra las masas, la clase obrera y el pueblo
Todo este clima de incapacidad de la burguesía para gobernar como lo venía haciendo; y, de la creciente inconformidad de la clase obrera, de los campesinos y el pueblo ante su precaria situación, acelera el curso de la lucha de clases. La puesta en marcha de las fuerzas motrices de la revolución lo confirman; sin embargo, la clase burguesa también tiene un "as bajo la manga" para acallar la lucha de los proletarios: el recurso fascista, como tabla que sacará viva a la burguesía de su naufragio. En efecto, el fascismo es alentado desde el mismo poder burgués mediante las reformas estructurales para legitimar la opresión, explotación y aniquilamiento de libertades sindicales y políticas del pueblo trabajador. En la actual etapa del avance fascista, la oligarquía financiera y su

Estado tienen el objetivo de reunir y fortalecer bajo un solo mando policíaco militar toda su capacidad de inteligencia, coordinar toda su capacidad represora, desde los altos niveles de los órganos federales, pasando por los estatales, hasta los municipales; e imponer sus contrarreformas judiciales.

Parecía que el foxismo daba pasos atrás en sus proyectos, frustrados por diversos sectores en lucha, entre los que destacan San Salvador Atenco, la lucha campesina, el SME, los trabajadores del IMSS, la CNTE, entre otros; pero, ante el ascenso de la lucha, para la oligarquía y el imperialismo se ha convertido en aspecto estratégico inmediato el control de la clase obrera y el pueblo, condición básica para continuar con sus reformas estructurales; para ello, valiéndose de la enajenación política, de sentimientos patrióticos y las aspiraciones de las masas, con el “llamado contra la delincuencia”, les utiliza para sus fines, como bomberos de la insurrección proletaria, para endurecer el sistema judicial, policíaco y militar, no para perseguir a los delincuentes, sino para implantar su sistema de terror sobre el pueblo inconforme.
Solamente una clase tan hipócrita, como la burguesía, es capaz de ocultar los móviles de sus tácticas para el embaucar a las masas, mediante la utilización de su repudio contra la corrupción y la delincuencia. Solamente una clase así es capaz de fomentar en las masas el odio más salvaje en contra de la lucha del proletariado por el cambio revolucionario; primero de forma velada y después de forma franca.

Esto es así, pues las consignas promovidas por grupos abiertamente fascistas como El Yunque, México Unido Contra la Delincuencia, Asociación Nacional de Padres de Familia, Fundación Hidalguense, etc., por la implementación de penas más severas contra los delincuentes, obtención de jurisdicción del fuero federal en delitos menores y el rescate de la patria, son presentadas de tal forma que suenen atractivas para las masas, sin que éstas perciban ni el contenido terrorista de tales argucias ni los objetivos fascistas que persiguen: anulación del derecho de inviolabilidad de domicilio, fusión de los aparatos represivos en un solo organismo de policía militar, legalización de grupos y pandillas fascistas como “apoyo” a las fuerzas del orden, en caso de manifestaciones obreras y huelgas, como ocurrió en Guadalajara, durante la III Cumbre pro imperialista, campañas de terror contra las masas, etc.

Frente Único Proletario y Frente Único de Masas

Las cifras espectaculares con que los medios y el Foxismo pretenden bendecir la escandalosa marcha silenciosa, de “medio millón de gentes”, también tienen intención de engañar a las masas con patrañas como “su alta capacidad de concentración” y “la poca respuesta del pueblo en las marchas combativas".

No es extraño que en distintos medios se escucharan los recuerdos de las marchas de fascistas como Mussolini y Hittler, antes del asalto fascista al poder en Italia y Alemania; aunque, desde luego, el fascismo, como expresión de la dictadura terrorista del capital monopolista de Estado, adquiere caracteres distintos y particularidades diferentes en cada lugar dado y época histórica dada, bajo la fase imperialista. Lo que sucedió el 27 de junio, nos enseña que el fascismo avanza si no se le combate. Indudablemente, la marcha de El Yunque y las bandas fascistas fue algo nunca vista en México, sin embargo, su falta de pericia aún para engatusar al pueblo queda reflejada en la desconfianza a exponer abiertamente sus fines fascistas y maquillarle de una marcha “sin fines políticos”.

En estos momentos en que la extrema derecha comienza a desenmascararse en las principales ciudades del país, como en el DF, Guadalajara, Sonora, Hidalgo y otras, es extra urgente que, al frente de la clase obrera y los campesinos, todo el pueblo retome la consigna del Frente Único Proletario y el Frente Único de Masas, por una poderosa Convergencia Nacional de Oposición Popular al Régimen, Antifascista y Antiimperialista, agitando con mayor fuerza las banderas de los Comités de Defensa Proletaria, rumbo al Paro y la Huelga Económica y Política Nacional de Masas, para detener los proyectos anticonstitucionales que ya están en marcha y cambiar la correlación de fuerzas a favor de la clase obrera y la revolución socialista. En efecto, la delincuencia no tiene solución si no es la revolución proletaria socialista, para erradicar los factores burgueses que dan paso a ello.

Mientras se realizaba la Marcha organizada por los fascistas, en el Auditorio del Sindicato de Trabajadores del IMSS, en la ciudad de México, se celebró el I Congreso Nacional de la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo. En este acto se agruparon sectores importantes de la izquierda, de organizaciones proletarias y populares. A pesar de la diversidad de opiniones, de proyectos y de tácticas, se abona el terreno para la acumulación revolucionaria de fuerzas y el desarrollo del Frente Único de Masas en nuestro país, bajo un programa democrático y revolucionario de lucha: Por supuesto que este camino no está ni estará exento de altibajos, pero el hecho de que se trata de un acto de carácter nacional, que viene de la importante plataforma que contribuyó para detener contrarreformas hacendaria, eléctrica, laboral en noviembre del 2003; ahora las masas oprimidas y explotadas tienen en la Promotora un referente proletariado y del pueblo en la lucha contra el capital financiero, el imperialismo, el fascismo y bajo la plataforma de Convergencia Nacional de Oposición Popular al Régimen.

Tanto la marcha de la reacción como el I Congreso de la Promotora son referentes de la lucha de clases que expresan los polos antagónicos. A pesar del importante esfuerzo de unidad que cerró con la consigna “La izquierda unida, jamás será vencida”, en repudio a la marcha burguesa, las fuerzas del proletariado y sus aliados son todavía débiles, falta mucho por hacer. Las organizaciones sindicales, campesinas, estudiantiles y de todo el pueblo que han mantenido una lucha combativa, a veces aislada, otras veces unitaria; tienen la obligación histórica de impulsar, sin más dilaciones, dichos frentes de carácter antifascista y antiimperialista, unir las fuerzas obreras y populares es una cuestión práctica que no permite vacilaciones ni traiciones. La clase obrera debe colocarse a la vanguardia.

El 31 de agosto debe resonar al mundo: ¡ANTE EL FASCISMO, NI UN PASO ATRÁS!

En este 179
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