Número 178/junio/2004

La organización y lucha
de los emigrantes por la
Revolución Proletaria

La condición de emigrantes para millones de proletarios se la debemos a las consecuencias del capitalismo, principalmente en el campo: Pauperización y miseria rural; la marginación; el hambre; el dominio de las agro-industrias y los monopolios por encima de los campesinos pobres y los obreros del campo o jornaleros; la imposibilidad de vivir de la tierra; la concentración de la misma en pocas manos, la necesidad de acceder a una “mejor vida” dentro del capitalismo y la propaganda del sueño americano con todos sus fundamentos en la superexplotación.

O en la ciudad, en donde al parecer la migración ha despuntado. Superexplotación en las fábricas, aumento del desempleo y del ejército industrial de reserva que busca una “salida”.

Así, los emigrantes son generalmente campesinos pobres en camino a dejar de serlo y miembros de la clase obrera, los cuales forman la mayoría de los aproximadamente 24 millones de personas, entre nacionales o descendientes de mexicanos que viven en

Estados Unidos. Lo cual constituye el 9% la población total en dicho país y ubicados esencialmente en estados como California y Texas.

Los emigrantes se ven sometidos a la explotación capitalista en Estados Unidos, ya sea en la producción agrícola o, la mayor parte, en el comercio, en los servicios y en las industrias, como la de la construcción, la avícola y la de empaque de carnes, reafirmando el carácter proletario de los emigrantes, pues la necesidad de vender su fuerza de trabajo se constituye en su principal modo de vida y de sobrevivencia.

De los mexicanos o mexicanas residentes en Estados Unidos 45 por ciento son mujeres; y en términos de edad, 13 por ciento de los emigrantes son menores de 15 años, a quienes la burguesía dedica especial atención como generador de “valor de cambio y de uso”, como productor de riqueza. Ahora, el volumen del salario del emigrante sigue estando por debajo del promedio que la clase obrera norteamericana, su percepción salarial es: 45 por ciento de los trabajadores mayores de 16 años perciben menos de 10 mil dólares al año; 37 por ciento de ellos obtiene entre 10 y 20 mil, y 18 por ciento 20 mil o más. No obstante, el nivel de explotación y saqueo del trabajo ajeno para beneficio de los capitalistas empieza a ser evidente ante nuestros ojos al comprobar que aproximadamente el 37 % de los emigrantes mexicanos viven en condiciones de extrema pobreza en el mismo “paraíso de la opulencia” y del “eterno sueño americano”.

Si bien las guerras, el saqueo indiscriminado, la opresión y el mercadeo generalizado del imperialismo capitalista en sus neo-colonias y nuevas colonias ha alcanzado para aventar migajas a un sector de la clase obrera norteamericana la aristocracia obrera mantiene en la pobreza “maquillada” a la mayoría de ella y en la extrema pobreza a las clase obrera de origen emigrante. El “american way of life” no es mas que la versión norteamericana del fracaso del capitalismo como sistema social.

No obstante, los monopolios, las agroindustrias y los terratenientes o rancheros del campo comparten la repartición de lo producido por la clase obrera emigrante con el capital financiero. Los emigrantes no sólo dejan una media de 90 centavos por dólar en sus naciones adoptivas en este caso, en EE. UU, sino que envían una gran cantidad del salario percibido a sus comunidades de origen, en donde el capital financiero toma por la fuerza la parte del salario del obrero que “le corresponde”, por medio del inmenso cobro que se hace por el envío de remesas a México, por ejemplo. Instituciones como Banco Azteca (México), Western Unión, Money Gram y los grandes bancos norteamericanos han engordado sus capitales por estos medios. Por último, las remesas de los emigrantes llegan a constituir hasta 600,000 millones de dólares, una cifra mucho mayor al producto interno bruto del país o ni se compara con la inversión del Estado en educación, salud, vivienda o seguridad social en general, ya que el mismo Estado burgués sigue perfeccionándose como una junta que administra los negocios de los poderosos y ya no le interesa “cuidar” la vida de sus esclavos modernos. Esa enorme cifra de remesas, del dinero enviado por los emigrantes a sus familiares, oxigena el mercado nacional de las burguesías o ricos pro-imperialistas, permite oxigenar al sistema y paliar en menor medida las crisis de sobreproducción. Todo esto, sin contar a las bandas de lumpemproletariado organizado en las mafias del contrabando de personas (polleros) y quienes controlan el gran negocio de la migración en cierta forma siempre ligadas al Estado y a sus instituciones de control, la policía y el ejército.

Por otro lado, la burguesía norteamericana viene impulsando toda una serie de medidas fascistas que permitan afianzar su control en Estados Unidos: la ley patriótica, la de seguridad interna, entre otras, las cuales reafirman la perdida de derechos civiles, humanos, de seguridad laboral y apuntan a destruir si el nivel de la lucha de clases no se inclina por la fuerza hacia los oprimidos las conquistas históricas de la clase obrera y del pueblo norteamericano. Los emigrantes, por su lado, no son objetos invisibles en esta sociedad cada día más llena de rumores acerca de un golpe de estado fascista y militar que mantenga el dominio de las siete hermanas del petróleo, de la industria militar, de la casta militar ultra-reaccionaria y del Partido republicano y demócrata. Los emigrantes son identificados por la gran burguesía como “los causantes de las crisis”, con lo cual se justifica la persecución en su contra, las redadas en sus barrios, las deportaciones incluso frente a Consulados mexicanos los operativos criminales como Guardián, las acciones racistas de los grandes rancheros en Arizona, los asesinatos y represión por parte de los neo-nazis, las demoliciones de sus humildes viviendas y la imposibilidad de organización sindical o la mínima obtención de derechos como cualquier ciudadano lo cual en los hechos los coloca como una especie distinta de esclavos en el capitalismo. Para ellos, el capitalismo no es una solución y se reafirma: socialismo o barbarie.

Es obvio que tanto allá, como de este lado, los emigrantes tienen a un mismo enemigo: la burguesía, los que se apropian de su trabajo y con ellos consiguen invertir, construir nuevas fábricas, explotar a un mayor número de trabajadores, aumentar su plusvalía o ganancias, concentrar los medios de producción en el campo o en la ciudad en pocas manos. Aunque sus condiciones de vida, en forma y en apariencia, mejoran, no logran que la mayoría de los emigrantes se eleven por encima de la clase de los proletarios, regresen a la prosperidad rural o lleguen a la opulencia de la clase media urbana.

La única alternativa para los proletarios emigrantes está en desarrollar su conciencia de la necesidad de la revolución socialista, que coloque en el poder a los explotados y expropie a los explotadores. Revolución que debe ser apoyada más allá de la frontera, como al interior de México. Los emigrantes obreros mexicanos, los emigrantes explotados, no encontrarán aliados fieles en todos los mexicanos de Estados Unidos, sino en las minorías nacionales y, inevitablemente, en la clase obrera norteamericana.

Su destino de liberación va ligado tanto a la revolución socialista de los pobres en Norteamérica, como en la revolución socialista en México. Los emigrantes deben de cooperar no sólo económicamente con sus familias, sino en la liberación social de ellas.

Los emigrantes tienen que conocer a su Partido Comunista de México y construir junto con él su programa, al calor de la lucha por una república democrática y popular, el socialismo y el comunismo.

En este 178
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vp@pcmml.com