"Débil y titubeante en las cuestiones teóricas, con un horizonte limitado, justificando su debilidad con la espontaneidad de las masas, es más bien un secretario de un sindicato, que un tribuno popular capaz de elaborar un plan amplio y atrevido que suscitara el respeto incluso de los enemigos; inexperto e inhábil en su arte profesional, en la lucha contra la policía política, no es ¡oh no!, un revolucionario, sino un lamentable pequeño burgués".
Característica dada por Lenin de los economistas revisionistas de Petersburgo citada en el texto“Iván Babuchkin”
La salida a la crisis económica que sufre la clase obrera y el pueblo mexicano sólo se puede atender con dos perspectivas: la de la burguesía ó la del proletariado. Esto lo afirmamos de manera tajante y sin empacho pues, por donde se quiera ver a las convulsiones económicas en nuestro país, estas siempre aparecerán derivadas de la contradicción capital-trabajo. Por lo tanto, si las cosas se quieren ver desde la mira revolucionaria, es necesario que se atienda y se entienda esta confrontación, agudizarla y resolverla es la cuestión a seguir por las fuerzas que así mismas se aprecien de progresistas.
La burguesía ha llevado al capitalismo a un grado de desarrollo que ha incubado la agudización más extrema de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, y ha aportado, materialmente hablando, las condiciones objetivas al proletariado para trastocar revolucionariamente el modo capitalista de producción e implantar el socialismo en nuestro país. Ha creado en el proletariado moderno mexicano a su propio sepulturero.
Pero las condiciones de lucha y de conciencia de la masa obrera están aún muy alejadas de tener la capacidad para resolver esta cuestión histórica. El movimiento obrero y su organización revolucionaria, si bien no se encuentran divorciados, son débiles para ejercer una verdadera confrontación con la burguesía, el imperialismo y la reacción, en la perspectiva del poder. Hoy atendemos históricamente este panorama y a él está subordinada la táctica revolucionaria para descifrar los pasos que el proletariado urbano y rural deba emprender en el siguiente periodo.
Naturalmente hay que mencionar que la perspectiva que hemos desarrollado con la agitación en la lucha por la implantación de un Gobierno Provisional Revolucionario y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular hoy se sustenta como la salida revolucionaria al régimen de explotación y opresión. Que el Frente Popular Revolucionario se erige como ese instrumento de organización y combate de obreros y campesinos pobres capaz de disputar políticamente a la burguesía la dirección del movimiento obrero y popular, y que su construcción en el mismo seno de las luchas populares y cada vez más dentro de las filas proletarias le ha dotado, sin duda, amplias perspectivas de convertirse en la columna vertebral del movimiento proletario y popular por el camino de la revolución, la toma del poder y la instauración del poder proletario y de un gobierno de obreros y campesinos pobres.
Hoy nos toca emplear, sin dejar de agitar y construir el FPR y sus estrategias, y más bien, íntimamente ligada a ellos, una táctica de agitación y lucha que ponga a las fuerzas proletarias en plena ofensiva contra el régimen y que dote de perspectivas en la elevación de la conciencia política de las masas, en la elevación de la combatividad de las masas contra los explotadores, para que las masas asimilen y comprendan más cabalmente en medio de las batallas, el papel revolucionario al que históricamente están llamadas para erradicar la explotación capitalista. Y esa táctica hoy es la Huelga General.
Por principio de cuentas hay que hacer una minuciosa observación del panorama de la lucha actual y de la fuerza con que los elementos revolucionarios y progresistas se enfrentan a la clase en el poder. Ahí podremos ver, que una vez elevado el grado de confrontación de la contradicción capital-trabajo, la burguesía, y en particular la oligarquía financiera, jalonea por contrarrestar la tendencia en declive de la tasa de extracción de plusvalía y dirige, para ello, todos sus esfuerzos actualizando sus instrumentos y políticas de Estado con el fin de obtener la maximización de sus ganancias.
Como resultado, el proletariado industrial es quien del otro lado de la cuerda se encuentra en la posición antagónica, no sólo en el marco general del modo de producción capitalista y del grado de desarrollo que éste ha alcanzado, sino en particular del momento por el que el capitalismo a nivel mundial intenta incrementar su capacidad extractiva de plusvalía y sortear la crisis actual de sobreproducción.
La posición que posee el proletariado le faculta y potencia como elemento decisivo en el plano político, y determinante para enfrentar los jaloneos de la contradicción capital-trabajo. Pensar que en el plano de la lucha popular habría que apostar a otros actores sociales que no sean el proletariado en estos momentos es aplicar un método idealista y metafísico del análisis de la lucha, y con ello, contrarrestar el advenimiento del proceso revolucionario.
Estas líneas anteriores son tan ciertas que el propio desarrollo del elemento conciente de la lucha, compuesto hoy por toda la amalgama de fuerzas insertas en el Frente Sindical Campesino Social y Popular (FSCSP), entre las que se encuentran nuestro Partido y el FPR, se han orientado por rebuscar, muy a pesar del adoctrinamiento anti-proletario de muchas de estas fuerzas, en los contingentes obreros y sindicales, los elementos más dinámicos para poder enfrentar las reformas estructurales que el imperialismo orienta a través de sus personeros en el poder.
Hasta la mismísima aristocracia obrera (parte de ella, los llamados neocharros), enfundada en el poder social que le confiere la dirección antiobrera de los sindicatos y heredada de los regimenes priístas del pasado, han entendido, y por que defienden a ultranza su posición acomodada, que para enfrentar las políticas imperialistas del Estado hay que anteponer la fuerza (dígase por ellos la presión) de la clase obrera.
Nadie, ni porque lo contradiga en su discurso, puede negar que de todas las clases explotadas y oprimidas sólo el proletariado industrial es capaz de jugar un papel esencial en estos momentos de ofensiva del capital, y para ello llaman y azuzan a los proletarios, a su modo, a entrar en la confrontación directa, sí y sólo sí, están asegurados en el proceso, la dirección y los intereses de los socialdemócratas neocharros.
Por otro lado, fuerzas que se han sustraído del lenguaje de la lucha de clases, que han apostado por su debilidad ideológica, proveniente de su esencia de clase pequeñoburguesa, y por supuesto, de sus condiciones materiales de existencia, ganadas dentro y fuera de la lucha, han retomado, a pesar de su inclinación ideológica, la perspectiva de impulsar el movimiento de masas y con ellas del proletariado. Las condiciones materiales que el imperialismo ha forjado, en particular desde los sucesos del 11 de septiembre, las han orillado a tomar partido de una posición más clasista, y resucitando sus odios anticomunistas y a veces guardándolos en el buche, avanzan por el momento de nuestro lado ante un desconcierto que ellos solos no pueden resolver y que reconocen.
Se potencia la actividad de los revolucionarios pero también se ponen enfrente severas pruebas de fuego para asumir la posición de vanguardia en la lucha de clases, demostrarlo ante los ojos del proletariado y ganar, al menos en parte, la conducción de este momento para una acumulación de fuerzas necesarias para futuros combates del proletariado. Así está planteada la cuestión.
Una vez elaborada la táctica del momento actual, contempladas las clases en acción, reconociendo al mismo tiempo las fisuras del régimen pero también su capacidad de ejercer el control aún sobre sus explotados, y ojo, aquí entra en todo su vigor el aspecto subjetivo y conciente de los revolucionarios y de los comunistas, la tarea siguiente una vez comprendida esta coyuntura sobre cómo desarrollar la lucha, radica en organizar e impulsar los fantasmas que ya la burguesía había invocado alguna vez, es decir, las fuerzas revolucionarias y progresistas, y léase de mejor manera: las masas trabajadoras y en particular la fuerza del proletariado revolucionario.
Por todo esto la Huelga General pasa a los ojos de los revolucionarios no como un simple llamado de coyuntura que “equilibre” las relaciones entre los explotados y los explotadores, que permita detener lo avanzado por el gran capital y tal o cual reforma. Pasa precisamente como la forma de lucha que con sus aspectos agitativos, propagandizadores y organizativos, nos permita abrir un proceso en el que sea superada la espontaneidad del descontento popular, elevando la lucha de clases a estadios superiores y construya cimientos organizativos para dar ulterior sustento a las tareas revolucionarias de la clase obrera, sus sindicatos y su partido de vanguardia.
Si bien partimos de las orientaciones del IV Congreso del PCM (m-l) y del Congreso Constitutivo del FPR que han diseñado una táctica clara para el alcance de sus tareas estratégicas por la revolución proletaria, fundir estas orientaciones en la carne de la clase obrera y de los campesinos pobres, entre las capas medias hoy sometidas con rigor a la política del capitalismo, es una tarea que espera realización.
Más, las tareas previas y necesarias para que las masas vayan identificando estas propuestas como suyas y ligadas a sus necesidades inmediatas y futuras, son a saber, el hacerse de la experiencia de las luchas callejeras, las económicas, reivindicativas y políticas.
De esta manera la forma en que estas luchas deben irse perfilando para despertar el accionar de las masas, en franca oposición a la burguesía, deben ir conducidas por un eje político cada vez más clasista y educativo revolucionario.
La formula para lo anterior no se puede vulgarizar con la consigna de la Huelga General. Esta consigna presupone una serie de elementos del movimiento obrero y popular que deberán desarrollarse en la coyuntura e independientemente de ella.
Aquí es cuando decimos que no podemos vaticinar la realización de la huelga, pero que esta sirve como eje rector de un desencadenamiento de tareas de las fuerzas revolucionarias y progresistas por incorporar a las masas trabajadoras a la lucha política. Indica un horizonte más palpable para el grado de desarrollo de la conciencia de las masas, pero ya les pone en el plano de la lucha política, de la ofensiva política al régimen de explotación.
La consigna de la huelga se convierte ya por sí misma en un instrumento de acción de las masas contra el gobierno burgués, esta debe agitarse en su seno y diseminarse por todas las capas populares con el fin de plantearse como propuesta de ofensiva a las penurias diarias que sufren las masas.
En nuestros aliados momentáneos podemos encontrar distintos puntos de vista para abordar la huelga. Tratan, por su procedencia de clase y su línea ideológica; de impregnar su sello de clase en la convocatoria a la Huelga General. La unidad nacional de la lucha popular para ellos es concebida siempre desde la óptica de que clase debe liderearla y como debe mantener esta hegemonía, mientras haya condiciones de beneficio en ello será impulsada la huelga.
Así, el reformismo y el oportunismo navegan con su esencia mezquina en este proceso. Tratarán de apuntalar o detener el impulso de la huelga según sus intereses y perspectivas se vean respaldados o no, evitarán a toda costa que la dirección sea del proletariado y de su partido y cuando esta tenga que ser compartida, que la influencia de los revolucionarios sea la menor.
Para los comunistas nos es claro que en el proceso de la huelga, es muy poco probable que el proletariado conciente lo dirija. Desde luego, no condicionamos ello para poder impulsar la huelga, el proletariado no está aún en condiciones de dirigirla, aunque él la realice materialmente, pero su papel será fundamental en el aumento de la ofensiva popular, en la calidad de confrontación con el Estado, y para hacerse de la conciencia en la escuela de la lucha de clases.
Nos es claro que la socialdemocracia y el oportunismo en su contradicción con la oligarquía permitirán la afluencia de las ideas comunistas en el desenvolvimiento del llamado a la huelga, mas con todo su empeño buscarán hacer de este proceso un elemento de presión para encontrarse en mejores condiciones de negociar espacios y reclamar la no intromisión en sus feudos sindicales. Para ello requieren que sus posiciones y concepciones dirijan la contienda, la misma burguesía se los condicionará.
Está en manos de los revolucionarios saber comprender los intereses de clase, sus contradicciones, de momento y no de fondo para unos y antagónicas para las clases trabajadoras y el proletariado con respecto a la burguesía, y desprender, concibiendo esto, una lucha ideológica interior, en el debate y en la acción, para potenciar nuestros posicionamientos.
Esbocemos ahora los sesgos fundamentales que orienten nuestro quehacer en este proceso.
1.- COMITÉS DE DEFENSA PROLETARIA
Pensar en la conformación de estos órganos, en su esencia y contenido, en quién debe formarlos, en qué tareas deben realizar, por cuánto tiempo y en qué periodo, qué métodos de lucha deben utilizar, cómo deben estar estructurados, qué relación orgánica deben mantener con la dirección política del FSCSP, cómo deben llamarse y otros elementos más, son en su conjunto, concepciones de las distintas clases y sectores de clase que se manifiestan en este proceso.
Para dar esta pelea debemos poner en claro cuál es el fundamento revolucionario que sustenta la organización más amplia de las masas. Aquí no existe confusión. Aspiramos a la más fuerte organización combativa del proletariado y sus aliados en función de la toma del poder. Así de simple se plantea la cuestión.
Si se toma nota, arriba hemos ya descrito la correlación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía y, por ende, tenemos claro esto, debemos entender a los Comités de Defensa Proletaria (CDP's), en perspectiva, como los gérmenes de la organización revolucionaria de las masas obreras y de campesinas pobres.
Esta debe ser nuestra guía en el sentido de no sólo atender la coyuntura, el mismo llamado al paro y a la huelga general, hay que construir, más exactamente, los instrumentos organizativos con los que las masas organizadas y no organizadas puedan enfrentar los ataques de la burguesía y puedan contraponer una ofensiva popular por sus reivindicaciones económicas y políticas y, claro está, el impulso de la lucha por instaurar un gobierno obrero, campesino y popular.
Debemos explotar el sentido más amplio de solidaridad y unidad de clase. Que la confianza entre las masas de su fuerza y su capacidad de combate sea el aliento que ponga el punto de la insurrección en el orden del día de la organización popular.
Sin exageración mencionamos esto, pues apostamos a despertar la energía y capacidades revolucionarias de las masas, a que sus potencialidades se desaten, y desarrollen en la lucha elementos que alimenten y eleven la táctica y estrategia revolucionaria.
Nuestra intención está de la mano de dotar al movimiento obrero de perspectiva organizativa mediante el impulso y la creación de los CDP´s. Las experiencias en el mundo ante la crisis del imperialismo, y en particular en los países de América, han demostrado que las fuerzas del descontento popular inundan el ambiente, que en cualquier momento se pueden desbordar, como lo sancionan los casos de Ecuador, Argentina y Bolivia en el pasado próximo, pero que en estas experiencias, los alcances de la potencialidad y fuerza de la masas en la calle se han visto limitadas por no contar con estructura organizativa y perspectiva revolucionaria que permita dejar a la organización y la conciencia de las masas en mejores condiciones de lucha para futuros combates, y porqué no decirlo, en la antesala de la toma del poder o la toma misma del poder.
Hoy las luchas directas entre el mundo del trabajo y el mundo del capital, han cualificado la lucha por la emancipación del primero, le colocan en un mejor escenario y le exigen elevar sus formas de organización y de conciencia, destrabar para sí una serie de atrasos en las concepciones de las masas y de las fuerzas de la izquierda, resucitar su espíritu de combate y enfrentar en la práctica a las posiciones claudicantes que llaman a la inmovilidad de las masas o, en el menor peor de los casos, a limitar el alcance de su quehacer histórico. Estos son elementos que en la formación de los CDP's deben las masas superar, para fortalecer la lucha en la perspectiva del poder.
Para ello los CDP's deben educar a su interior y en la expresión externa de su lucha el papel dirigente de las masas. Deben de ser mediante la movilización ejecutantes directos del poder de base proletaria, para así dar una lucha intransigente, paso a paso, para que la estructura organizativa del FSCSP obedezca a una construcción de abajo hacia arriba y que las directrices de los organismos de dirigentes estén en estrecha correlación sustentados en la acción y decisión de las masas populares. El centralismo democrático en la organización de las masas debe ser el alma de este proceso e ir incubando formas superiores de organización para la lucha por el poder y la construcción del socialismo.
2.- EL PARO NACIONAL Y LA HUELGA GENERAL.
En estos terrenos tenemos que jugar un papel ligado con la estrategia proletaria del poder. Lucha económica convertida en lucha política de masas debe ser el eje constructor de la agitación de la huelga y sus desenlaces deben aportar en todos los terrenos: a) elevación de combatividad de las masas frente a la burguesía en su conjunto, b) elevación de las formas organizativas e instrumentos de lucha de las masas, c) elevación de conciencia de clase de las masas y por la instauración del poder obrero y popular, d) identificación del reformismo y del oportunismo como aliados de la burguesía y socavadotes de la lucha de las masas, y e) comprensión de la necesidad de construir y desarrollar el partido de vanguardia de la clase obrera para la conducción de la revolución, la toma del poder y la construcción del socialismo y el comunismo, y f) elevación del nivel de formas y de lucha y la comprensión y el uso de la violencia organizada de las masas como única forma de conquistar el poder.
Evidentemente que en las condiciones actuales en las que se desarrolla la lucha de clases en nuestro país se requiere de incorporar activamente a las masas populares a un proceso más abierto de enfrentamiento que en muchos de los casos deberá iniciarse por el plano puramente económico. Los acontecimientos de la lucha de clases pueden tener virajes vertiginosos que coloquen el enfrentamiento de las clases en puntos más decisivos, pero estos dependerán en gran grado en cómo tomen paradas a las masas esos cambios y qué capacidad de reacción tengan para capitalizar cada avance cualitativo de la lucha.
Por ello la agitación de la huelga general contiene los elementos más evidentes, ante el nivel de conciencia de las masas, que permiten darles tareas políticas de organización palpables para enfrentar a la burguesía en su conjunto. Una plataforma correcta que contenga demandas sentidas y generales de las masas servirán como elementos atractivos para incorporar a miles de proletarios que indispuestos ante las políticas del estado que dañan sus condiciones de vida no han encontrado aún una propuesta organizativa que les aglutine y reclute en la ofensiva popular.
Por otro lado, no estamos en estos momentos dotados de elementos para discutir las limitantes de la huelga general ante la perspectiva proletaria del poder, éste no es el escenario ni está próximo. Los clásicos, Marx y Engels, principalmente, señalaban que las huelgas no podían ser el interminable instrumento de lucha de las masas y que éstas sólo podían constituir una parte del proceso de la lucha del proletariado contra la burguesía.
Si bien esto es cierto, hoy no estamos en el punto de considerar agotadas estas formas de lucha, pero sí podemos afirmar que no son la única forma de manifestación con la que podemos avanzar, mas en el panorama actual se puede considerar como la forma más viable de despertar de su letargo a la movilización de las masas y apuntalar con seriedad hacia mejores estadios de lucha.
Cabe resaltar en este punto, donde nos encontramos que el izquierdismo y las posiciones pequeñoburguesas manifiestan su debilidad en su pesimismo, que existe un fuerte sentido economicista de la lucha y un no menor culto a la espontaneidad del movimiento. El atraso ideológico del movimiento obrero, de sus dirigentes sindicalistas y de izquierda, tanto en sus formas organizativas, como de lucha e ideológicas se convierte en uno de los principales obstáculos para el impulso de la huelga.
Ante esto hay que dar una fuerte lucha en el terreno ideológico, en la agitación y las tareas prácticas. Hay que apostar a las masas, a la confianza en que ellas tienen todos los elementos materiales para hacer posible la fusión con las orientaciones tácticas de los revolucionarios, que ellas resolverán las vicisitudes que se presentan tan complejas a la vista del pequeñoburgués imbuido en la idea de que él las liberará.
Para nosotros las masas son las hacedoras de la historia, ese es su papel, pero sería inconsecuente obviar el papel de su dirigencia o quererlo hacer confuso. Hoy las masas quieren y necesitan oír propuestas resueltas y llenas de claridad, esperan ver en su dirigencia elementos contundentes que les hagan recobrar espíritu y las coloquen en el primer escenario, la dirigencia revolucionaria debe asumir su papel histórico, saber dotar de confianza y certidumbre el llamado a las masas al frente y al combate contra el capitalismo.
3.- POLÍTICA DE ALIANZAS.
Hemos expuesto líneas arriba de los componentes de clase que representan las distintas fuerzas que suscriben los trabajos de este proceso, tanto en la en el FSCSP como en la Promotora (PUNCN). Ha sido necesario identificar los intereses ajenos al proletariado de las fuerzas socialdemócratas, reformistas, revisionistas y oportunistas que operan en estos frentes, aunque esto no mete en el mismo costal a todos los integrantes de estos frentes. De hecho podemos asegurar que en el camino juegan un papel muy importante fuerzas y personajes que sin ser comunistas o revolucionarios, y aunque algunos de ellos simpatizan con posiciones socialdemócratas y reformistas, incluso religiosos, podemos decir que han jugado un papel positivo y progresista.
Por el momento es necesario avanzar con toda esta amplitud de posiciones en la lógica de acumular fuerzas e ir ganando presencia y posiciones de clase con el advenimiento real de la incorporación de las masas proletarias que permitan darle otro sesgo, el de clase, a la conducción del proceso. Hoy no existe esto y a ello hay que apostar.
El trato diplomático, sin bajar la guardia en la defensa de los principios, hará ganar espacios en el proceso y el respeto incluso de fuerzas otrora hostiles hacia nosotros, pero que, no hay que olvidar, aún mantienen posiciones antiproletarias.
Hay que tener en cuenta que en el caso de los sindicatos se debe diferenciar su dirección socialdemócrata y oportunista de sus agremiados obreros, que son a queremos hacer llegar las posiciones revolucionarias para despertar sus capacidades adormecidas por el caudillismo y corporativismo, charro y neocharro.
4.- LUCHA IDEOLÓGICA.
La lucha ideológica hoy cobra una relevancia importante para impulsarse. Los distintos campos donde nos desvolvemos están compenetrados de las expresiones ideológicas de las clases en boga. Resaltar los principios de la lucha de clases y del marxismo-leninismo cobra una trascendencia histórica en los momentos en que hay que rescatar para las masas su teoría de vanguardia y su orientación revolucionaria.
El espacio es permisible para dar esta lucha y nuestro papel es el de confrontar y desarrollar todos los aspectos de interpretación, formulación y conclusión que con los ojos e intereses del proletariado se describe la etapa actual de la lucha.
En este sentido hay que rescatar en nuestras exposiciones y debates los términos y los conceptos de la teoría revolucionaria del proletariado y anteponerla al acervo discursivo de la burguesía colado en el movimiento popular Hay que contribuir en este proceso a erradicar el pensamiento burgués y pequeño burgués del accionar y entender de las masas trabajadoras. Todo esto por supuesto en la crítica fraterna y de cara a las masas.
Por último, queremos señalar que habrá batallas más fuertes por venir, el horizonte de la lucha de clases se ve promisorio y decisivo para los últimos enfrentamientos, dos ejércitos preparan sus hombres y sus armas para las colisiones decisivas de la prehistoria de la humanidad, es latente.
El proletariado, los comunistas y revolucionarios estamos de vuelta en los principales escenarios de la política nacional y con ello de la lucha internacional del proletariado.
Todo advenimiento que se incruste en el desarrollo de la lucha de clases, pondrá cada vez más cerca, la llegada de la dictadura revolucionaria del proletariado y todo un largo periodo, en el que la clase obrera en el poder, saneará los laceramientos que han producido los regimenes de explotación y borrará todas las cicatrices que recuerdan el dolor y la pena de las clases trabajadoras, es esta la misión comunista del proletariado.