Número 175/marzo/2004

Imperialismo, burguesía
y lucha de clases en Haití

Las relaciones capitalistas de producción tal y como se han desarrollado en Haití, son la fuerza determinante de la crisis que hoy padece. El país vive una crisis económica y política que emana de las entrañas del sistema capitalista imperialista, los problemas de este país están marcados por el sello de la dominación todopoderosa de los rasgos de la época actual, y en este sentido, con una clara vinculación al dominio de los imperialistas norteamericanos y europeos.

Haití no debe verse como un caso excepcional, como tanto gustan verlo los socialdemócratas y los intelectuales burgueses al insinuar que “esas cosas solo pasan ahí”; sino como un paralelo como tantos otros de una realidad neocolonial común a América Latina y otras latitudes en África y Asia.

La situación del país toma las siguientes características:

1.- Haití es el país agrícola más arruinado de toda América Latina. Las formas de la propiedad sobre la tierra se resumen en la proliferación de multitud de minifundios de autosuficiencia, y la presencia de grandes latifundios donde se produce para la exportación, alto índice de desempleo fijado en 70%, salarios diarios de un dólar.

2.- El país está sujeto a los enclaves agrícolas (fundamentalmente de caña de azúcar, café, tabaco, cacao y frutas).

3.- De esta producción agrícola se desprende la producción de azúcar en grandes ingenios de capital nacional y extranjero, donde la explotación sobre el proletariado es extrema. En lo que respecta a la exportación de café, de grandes y pequeñas fincas, su control lo tienen los monopolios extranjeros, destacándose la conocida Nestlé.

4.- En la minería (bauxita, cobre, oro), aparecen los herederos de Kennecott y Penaroya, que han diezmado al proletariado y han vaciado al país de estas riquezas.

5.- La penetración de los monopolios en las manufacturas llamadas runaway industries, Alcohls de Québec, IBM, General Electric, United Technologies, Carillon Importers Ltd, GTE, MacGregor, Sears, JC Penny, Khan Lucas, Judy Bond, Salada, Mc Ilhenny, Hershey, Grand Marnier, Cointreau, International Flavors & Fragrances, Firmenich, Pandol Bros., J.R. Brook.

6.- La supeditación financiera se manifiesta en el predominio del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el nefasto Fondo Monetario Internacional, así como de los bancos internacionales como son: Groupe SOGEBANK, CitiBank, Bank de Boston, Banco de Nueva Escocia, Banque de la Unión Haitiana (de capital nacional), Banco National de Crédito, Unibank, Promobank, Socabank.

7.- En el turismo y otras áreas dominan las empresas extranjeras como es el caso de Hydro-Québec Internationale, Fougerolle Internationale, Peat Marwick, Price Waterhouse, DHL, Federal Express, UPS, Air France, Air Canada, American Airlines, Pan Am, ALM, Carnival, Canada 3000, BNP, Scotia Bank, Banco de Boston, Citibank, Lavalin International, Sintra, Alcatel, Esso, Shell Petroleum, Texaco, Biomasse energie Inc., Consultant Dutech Inc., Berocan International Inc., Groupe SM Inc., Société de développement international Desjardins (SDID), AT&T, MCI.

8.- Los imperialistas de Estados Unidos, Francia, Canadá e Inglaterra dominan el panorama económico del país, pero es claro que también descuella una burguesía haitiana en todas estas ramas y aún en el contrabando y narcotráfico para consolidar su poder. El control imperialista, el atraso tecnológico, la alta concentración de la riqueza han desquiciado la economía del país y lo han mantenido durante siglos en la miseria.

9.- Los magnates nacionales que detentan el poder junto a los monopolios extranjeros forman apenas 30 familias abanderadas por Mevs, Bigio, Brandt, Madsen y Acra. Estos controlan una buena parte de la industria y del comercio de Haití; sus fuentes de petróleo, teléfonos, azúcar, harina, plásticos, jabón, aceite de cocina, cemento, acero, hierro. También poseen la mayoría de los almacenes comerciales del país.

10.- Mevs es socio de la empresa francesa Elf Aquitaine S.A. Este tipo de mancuernas pueden verse en todos los operadores del capital haitiano con los imperialistas, y permiten encubrir el verdadero control que tienen los monopolios internacionales sobre el país.

Los grandes beneficios que tienen los millonarios nacionales y extranjeros en Haití se ven elevados gracias a los incentivos fiscales para las compañías que importan y exportan los materiales cuyo destino final son los Estados Unidos y Europa, asimismo se benefician de los bajos costes de la fuerza de trabajo, con concesiones ilimitadas, exenciones fiscales, y la “seguridad” legal de ausencia de sindicatos y de huelgas.

En tales circunstancias, la elite gobernante y en especial los imperialistas tienen fuertes intereses para mantener al país en este status de atraso, dependencia y caos. Visiblemente los monopolios especulan en todas las áreas de la economía, obteniendo grandes ganancias a base de redistribuir el salario de las masas. Suben constantemente el precio de las mercancías, encarecen la gasolina y gas (Shell y Exxon), la venta de mercancías a las masas en estas circunstancias, y de los servicios en general, etc.

Por supuesto que de la burguesía haitiana se desprenden dos tipos diferentes de actuar frente a los imperialistas, los que han afianzado bases industriales o agrícola-industriales buscan concertar con los imperialistas los arreglos necesarios para sostenerse en el poder y controlar algunas ramas económicas, en tanto que los que se basan en la gran propiedad de la tierra se comportan con una supeditación ilimitada a los imperialistas y en especial frente al patrón principal.

El gobierno de Aristide, que representó los intereses de la burguesía, en su primer intento de gobierno en la década de los 90s tuvo un programa al cual trató de aferrarse en la vía de incrementar el mercado interno para la burguesía, programa que estaba en función de: 1.- Dirigir los subsidios a empresas nacionales, 2.- reforma fiscal afectando en mayor grado a las transnacionales, 3.- aumento de salarios, 4.- aumento de subsidios al combustible.

No cabe duda que Aristide no proclamaba siquiera un programa contundente de reformas democráticas, pues dejaba intactas la gran propiedad de la tierra y de la industria, ni siquiera cuestionaba el problema de la deuda, dejaba en manos de la burguesía nacional e internacional el potencial económico del país.

Aún así fue derrotado por su propia clase en un golpe de Estado dirigido por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, pues la burguesía haitiana dejó de interesarse en las propuestas de Aristide al constatar que tendría que en lo corto resentiría en sus ganancias. En su segundo mandato iniciado en el año 2000 Aristide renunció de hecho a su programa bajo las presiones imperialistas y de la propia élite burguesa haitiana, y en torno al cual solo hizo propaganda, pero en lo que definitivamente se notaron cambios fue en la reposición del aparato estatal, pues Aristide no eliminó los aranceles como pretendían los magnates de dentro y de fuera, sino que solo los disminuyó con lo que podría contribuir a fortalecer en un grado minúsculo el mercado interno y algunas medidas de administración pública y subsidios, donde a pesar de la cerrazón de la clase dominante, ésta sería el principal beneficiario.

La oligarquía pidió de Aristide las privatizaciones, la anulación de aranceles, la contención salarial, exención de impuestos, nuevas concesiones sobre la explotación del país, en resumen, el apego a sus programas de supeditación imperialista.

Se debe decir en trazos generales que la crisis del país la generaron las propias estructuras y contradicciones del capitalismo y su ligazón neoliberal con el imperialismo, pero también el actuar del régimen caído las agravó, junto con el sabotaje burgués e imperialista a su economía.

De esta forma al renunciar a su programa y al hacerse visible que dicho programa no beneficiaría sustancialmente a las masas, Aristide se separó de la base de apoyo popular con la que logró llegar al poder, y en esta vía se metió en la parálisis político-económica, y en el otro extremo, al no ser “claro” frente a los oligarcas se aisló de los verdaderos amos del poder pretendiendo crear una nueva burguesía (formación de zonas de libre comercio con República Dominicana, mayor comercio con Cuba y Venezuela, y esta situación lo colocó más en disputa con los imperialistas y los burgueses del CARICOM y la OEA y controlados por los imperialistas yanquis), donde él figuraría con su propio botín, quiso apoyarse en la incipiente pequeña burguesía y las bases eclesiásticas e intentar hacerlas partícipes del poder político (Movimiento Lavalá), quiso sostener un Estado con algunas atribuciones de control que garantizaran el surgimiento de nuevos burgueses.

Pero las potencias imperialistas tienen sus propios planes, ver crecer los salarios aunque solo fuera en una pizca o como posible tentativa, perder su dinero en impuestos, o verse inmersos en una mayor competencia entre ellos, digamos entre yanquis y franceses no resulta de su agrado, pues les crearía sus problemas de carácter estratégico (presencia en el Caribe) y económico (encarecimiento de sus productos manufacturados en Haití y con destino a Estados Unidos o bien a Europa, así como de las frutas, el café y otros productos del campo haitiano).

No es difícil imaginarse lo que pretenden todos los imperialistas, ellos no pueden apartarse de sus esquemas de expansión del capital a costa de arruinar sistemáticamente a los pueblos; basta ver las posesiones coloniales que tienen en el Caribe: Puerto Rico (Estados Unidos), Isla Guadalupe y Martinica (Francia), Islas Turk y Caicos (Reino Unido). Por lo pronto Haití se cuenta como un protectorado de los imperialistas.

República Dominicana y Haití son dos naciones dolorosamente formadas (en la isla llamada antiguamente La Española), contra el dominio colonial, pero no por ello han dejado de ser codiciadas, ni mucho menos llegaron a conquistar su independencia económica.

Y por esto los imperialistas cada cual tramó su golpe de Estado para asegurarse el control sobre el país, las agencias de inteligencia, sus enviados diplomáticos y militares, y los complotadores trabajaron a toda marcha con ayuda de todo tipo de elementos (desde viejos fascistas haitianos hasta demócratas mimados en las grandes metrópolis e incluso de socialdemócratas), y visiblemente los yanquis llevan la delantera como la llevaron durante todo el siglo XX.

La “oposición” que jugaron la Asociación de Industrias de Haití (ADIH), la Cámara de Comercio e Industria en Haití (CCIH) con presencia de intereses nacionales y extranjeros; la Convergencia Democrática, de intereses burgueses haitianos e influencia de los capitalistas franceses; y el Grupo de los 184; conducidos y financiados por EE.UU), apostaron por la salida de Aristide y no pararon en actos de sabotaje al gobierno hasta que lo hicieron caer (con un último empujoncito de los imperialistas), recurrieron al terror sobre el pueblo, la movilización de las masas bajo su línea, aunque por supuesto no encontraron el eco esperado, sus “huelgas” empresariales fracasaron, y pretendieron montarse en el movimiento de masas que desde hacía meses venía levantándose para utilizarlo y acoplarlo en función de los intereses burgueses.
Los burgueses alentaron la formación de las bandas fascistas que desempeñaron un gran papel en el desplome del régimen de Aristide que no contó con los “apoyos” de la “comunidad internacional”, fue presa de la desbandada y cambio de bandera de sus jefes políticos y militares, no percibió la naturaleza del “levantamiento patrocinado y cocinado por los imperialistas, y sobre todo se vio presionado por los imperialistas estadounidenses y norteamericanos que vinieron trabajando el proceso en gran parte en forma mancomunada, pues estos ante Aristide hicieron frente común.

Guy Philippe agente del Pentágono y la CIA, jefe del “Ejército caníbal” estuvo apoyado y armado por los yanquis en complicidad con el régimen dominicano de Hipólito Mejía, otro fiel defensor de los intereses yanquis, y, Joudel Chamblain, miembro de la organización paramilitar FRAPH (Frente Revolucionario Armado para el Progreso de Haití), compinche de Philippe, son la mancuerna que unieron en acción a los viejos fascistas del duvalierismo con las bandas de matones de los grandes señores de la tierra y los intereses del imperialismo; fueron los protagonistas notables del caos en que se encuentra el país, y fueron proclamados por la prensa burguesa como insurrectos progresistas, cuando son visibles sus nexos con la burguesía nacional y el imperialismo.

Mientras las asociaciones burguesas presionaban a Aristide haciendo uso de sus instrumentos políticos para acelerar su salida del gobierno mediante un embellecido golpe de Estado “legal y voluntario”, en contubernio con las fuerzas fascistas del pasado de la dictadura de los Duvalier (los Tonton Macoute) y de los modernos grupos proimperialistas, tomaron importantes ciudades por todo el país y sitiaron la capital Puerto Príncipe. Pero todos ellos solo son instrumentos de la gran política burguesa y han servido para preparar las condiciones de la invasión imperialista con los primeros 2000 marines, y un número indefinido de soldados franceses y canadienses.

Los fascistas haitianos y los burgueses haitianos se creían que el poder quedaría en primer lugar en sus manos, algunos creían poder sostener un régimen fuerte, en términos militares, apostando a resucitar el ejército duvalierista. Pues por supuesto que se equivocaron y no les quedó más que solicitar ante los capitalistas algo de poder policial (y eso sí que les será recompensado). Lo cierto es que las cosas ya no están para las andanzas militaristas, los imperialistas no van a cometer nuevos errores, aún impulsando todo tipo de atrocidades contra las masas por parte de los fascistas haitianos, los imperialistas no quieren políticos burgueses ni militares fuertes que después les traben aunque solo sea en un grado minúsculo su ilimitada sed de ganancias; los imperialistas buscan tener un gobernante débil y alejado del poder militar, servil al gran capital, una más de sus repúblicas de pantalla donde no haya otro poder que el que dicten los altos intereses del gran capital internacional.

Francia y Estados Unidos están definiendo el contorno de lo que quieren hacer de Haití para recolonizarlo entre ambos, aunque ahora como en otras partes del mundo, se pondrán enfrente las contradicciones propias de sus intereses expansionistas. Estas dos potencias están manejando sus contradicciones para acabar con el enemigo en común, que todavía generó sus estructuras, y sobre todo contra su enemigo más temido, pero es claro que están llegando a un punto de contradicción interimperialista por decidir finalmente quién será el dueño del país.

También no es de extrañarse que haya un intento (aplaudido por muchos), de reforzar la influencia política de Cuba y Venezuela en el país, el uno buscaba hacer con sus políticas humanitarias, que Haití sea un buen socio comercial y no se convierta en el trampolín para una invasión a la Cuba revisionista, o nuevo punto de conflicto donde los imperialistas puedan encubrirse para agredirlos desde todas las formas, el otro, Venezuela, sigue ambicionando fortalecer a su burguesía nacional y su Estado, y colocarla en mejores condiciones de dominio regional, ambos ven con buenos ojos a la Organización del Pueblo en Lucha (con tendencias socialdemócratas, democráticas y progresistas), objetivamente estos dos países enfrentan al imperialismo, pero no desde una posición revolucionaria y comunista, sino desde los intereses de grupo burgués; ninguno promueve la lucha por el socialismo, sino por mejorar su estatus regional.

Pero el juego es bastante peligroso, porque al acrecentarse las condiciones de miseria y extrema explotación de las masas de campesinos y del proletariado agrícola e industrial, estas se ven colocadas en necesidad de luchar por sus propios intereses de clase.

Los burgueses, los imperialistas y los oportunistas, no son los únicos actores. A escena han salido las masas protagonizando sus huelgas y movilizaciones, el pueblo de Haití cuenta con grandes tradiciones de lucha que no se extinguieron ni en los periodos de fascismo duvalierista, antes al contrario, fueron un puntal en su desaparición.

De la Organización del Pueblo en Lucha pueden emanar en estos momentos elementos que den forma a un proceso de lucha verdaderamente democrático y progresista que aliente el desarrollo de la lucha de clases en el país, así también, los ejes del programa antiimperialista y antifascista que organice la resistencia y la ofensiva contra las fuerzas de la burguesía y el imperialismo.
Nuestro Partido, el FPR, las masas de nuestro país compartimos las aspiraciones del campesinado y el proletariado haitianos, en estas duras jornadas es necesario impulsar acciones de internacionalismo proletario, sin que olvidemos la necesidad histórica de que el proletariado y los revolucionarios en Haití tienen una dura escuela qué pasar ante la confusión creada por los imperialistas, la burguesía nacional y todos aquellos que le han hecho el juego, en la actual situación hay que empeñarse en crear su partido comunista marxista-leninista, el partido de los proletarios, para participar en un frente popular Haitiano.

Se trata de consolidar importantes frentes de lucha, de llamar a la unidad de las masas, de apartarlo de los distintos carros burgueses, de velar por su organización clasista en los sindicatos, en fijarse las metas de estos tiempos de lucha, en no atarse a las corrientes oportunistas, en desatar la lucha antiimperialista desenmascarando a sus secuaces en el país.

Los revolucionarios deben encontrar el punto de apoyo en la Convergencia de las masas y sus organizaciones en la formación de instancias de dirección de la lucha y de un gobierno provisional antiimperialista y antioligárquico que asuma posiciones revolucionarias.

El ejemplo que se debe dar está en la lucha, hay que levantar el programa proletario, hay que levantar el programa agrario de los comunistas, hay que levantar de conjunto las demandas más sentidas de las masas trabajadoras. Debemos asirnos del hilo conductor que oriente, unifique, coordine y centralice la lucha de las masas, que las convoque y movilice con su independencia de clase.

En este 175
¿Quiéres recibir el periódico
Vanguardia Proletaria vía
e-mail?

¡ INSCRÍBETE!
vp@pcmml.com