La huelga de los trabajadores del sindicato UFCW se encuentra actualmente en su quinto mes de duración; comenzó el 11 de octubre del año pasado (2003). Lo que inició como una fuerte protesta de 70,000 trabajadores, ha venido bajando de intensidad día a día, muchos de los huelguistas se han visto en la imperiosa necesidad de buscar trabajo en otra parte. El sentimiento general de los trabajadores de base es de fatalismo y desesperación.
Mientras las negociaciones continúan, Steven Burd, un representante de la patronal de Safeway (uno de los supermercados), incrementa su beligerante discurso antiobrero, negándose a cualquier concesión para las demandas de los trabajadores; por lo que hasta ahora, con las dos partes firmes en su posición, parece que la huelga se extenderá indefinidamente.
¿En qué fallaron los trabajadores, cuáles estrategias debieron usar o cuáles no, para obtener la victoria? ¿Hay algo que se debió haber hecho mejor?
Para responder a estas preguntas se debe tomar en cuenta a las fuerzas que han influenciado a los trabajadores, por lo que respecta a San Diego: primero la burocracia sindical de la UFCW (sindicato), y por otro lado organizaciones de apoyo como la Coalición de California contra la Pobreza.
Lo que han ofrecido a los trabajadores organizaciones como la Coalición contra la pobreza ha sido una perspectiva militante frente a la lucha una que no vaya a la saga de los políticos liberales o se base únicamente en el respeto al derecho burgués. Desde la primer semana de huelga se llamó a los activistas para organizar acciones directas de apoyo; la primera de éstas tomó la forma de lo que se llamó “shop-ins”, en donde un grupo de unas veinte personas entran a un supermercado en huelga, cada uno con su carrito de mandado y recorren la tienda llenándolo de productos perecederos, tales como carne, helado, etc., así como otros artículos pequeños no perecederos como utensilios de cocina. En un tiempo previamente acordado los “compradores” se reúnen en las cajas donde se lleva a cabo una rápida protesta contra los esquiroles que culmina en consignas de solidaridad. Mientras esta acción se lleva a cabo, los huelguistas en los “picket-lines” se mantienen cerca de las puertas de la tienda, observando y animando. Esta actividad fue de gran ayuda para levantar la moral de los trabajadores y mantiene a raya a los esquiroles, quienes tienen que trabajar doble para volver a acomodar la comida e intentar salvar los productos perecederos, a la vez que aumentan las pérdidas del mercado, que incluso tiene que cerrar para poder “corregir el desorden”.
Estas acciones contaban con gran simpatía de los huelguistas de base, tan es así que los coordinadores de los “picket-lines” pedían que se hicieran en otros supermercados en huelga. Sin embargo, a los dirigentes del sindicato no les gustaban mucho, ya que aumentaban la autonomía en la toma de decisiones de los trabajadores y esto amenazaba el control burgués de todos los aspectos de la huelga.
Después de semanas de construir la solidaridad con los trabajadores, los coordinadores de “picket-lines” pidieron a los activistas solidarios que ayudaran a organizar una marcha de protesta y solidaridad con los trabajadores. Fue aquí donde las diferencias entre los dirigentes del sindicato, los huelguistas de base y los activistas militantes se hicieron más evidentes.
En acuerdo con la Coalición “Actúa Ahora para Detener la Guerra y el Racismo” (ANSWER por sus siglas en inglés) de San Diego, y la Coalición contra la pobreza se organizó una marcha para expresar la solidaridad de la comunidad sandieguina con los trabajadores en huelga. Esta se iba a realizar sin el consentimiento de la policía y la dirigencia sindical.
Aunque la logística el lugar, la ruta, la agenda- era importante, era más importante el alcance de los trabajadores con esa marcha. Compañeros de las organizaciones convocantes propagaron el acto en varios “picket-lines” a lo largo de San Diego, desde el centro de la ciudad hasta los suburbios del sur.
En la marcha, como la mitad de los asistentes eran trabajadores, que venían de lugares tan lejos como la Bahía del Sur. La policía intentó detener la marcha no permitida echándole encima una patrulla a uno de los organizadores, Pete Reilly, para después arrestarlo junto con Jeremy Prickett; mientras tanto, los trabajadores continuaron la marcha, algunos se ponían al frente del contingente y guiaban las consignas.
Después de la manifestación muchos trabajadores agradecieron a las organizaciones el apoyo y expresaron su intención de participar en otras acciones. No opinaron lo mismo los dirigentes del sindicato, quienes criticaron la marcha. Cuando era entrevistado por la televisión, Micky Casparian, presidente de la sección local del sindicato dijo: “El sindicato tiene su propia manera de hacer las cosas, y ellos (los activistas) tienen el suyo. Nosotros optamos por métodos conservadores, y funcionan”. El hecho de que la mitad de los asistentes a la marcha fueran huelguistas habla de que en los hechos, los trabajadores no comparten el estilo conservador de la dirigencia. Veremos como se desarrollan los hechos.
De última hora…
Termina la huelga de trabajadores de Supermercados en California.
Los acuerdos no parecen ser muy satisfactorios para los trabajadores. Un acuerdo fue que los trabajadores que ingresen después del nuevo contrato ya no tendrán los mismos beneficios ("two-tier wage system"). Este sistema es usado para gradualmente ir reemplazando a los trabajadores que reciben mejores sueldos con trabajadores de menos paga. También crea una división y resentimiento entre ambos grupos. Para el sindicato no es gran cambio, ya que ambos grupos pagan sus cuotas. Por esta vez, ganó la falta de conciencia de clase de los obreros del comercio, que después de varios meses estaban ya desesperados y con ánimo claudicante. Pero por seguro que ésta no será la última batalla, ya se ajustarán las cuentas a la burguesía.