“Los obreros son la única clase que sacrifica una parte de si misma para seguir sobreviviendo”.
“En la prosperidad el pueblo nunca disfruta como el rico, mientras en la crisis es el que más sufre”. Carlos Marx
Durante la primera quincena de diciembre, exactamente los días 1 y 10, finalmente se perpetró el despido de treinta y tantos trabajadores de la SCT. Otros cinco, adscritos a la Capitanía del Puerto de Acapulco, en actitud digna, rechazaron el mal denominado “retiro voluntario”, que contempla una compensación económica a todas luces insuficiente para emprender un “changarro” que tenga éxito dentro de una comunidad empobrecida y para adquirir al mismo tiempo un “vocho” de la última generación.
Ni duda cabe que estos últimos serán sometidos a todo tipo de presiones en su centro de trabajo, sin embargo sabrán afrontarlas con recursos legales, algunos de los cuales ya están utilizando. Cualquier abuso de autoridad lo van a denunciar ante la Secretaría de la Función Pública (anteriormente Contraloría de la Federación). Además tienen claro que la movilización colectiva es el arma más efectiva para defender el derecho al empleo, acreditado por la Constitución. Reconocen que no están solos, contarán seguramente con el apoyo efectivo de la mayoría de sus compañeros, quienes ya desarrollaron una conciencia de gremio y advierten que, los insensibles de hoy, son desde este momento los siguientes candidatos al desempleo y por consiguiente a una vida miserable.
Por cierto, en febrero se reanudarán los despidos en toda la secretaría, advierten sin recato autoridades locales y lo confirma el anuncio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sobre el despido de 50 mil empleados federales en los primeros meses del 2004. Los casos más sonados en Guerrero, corresponden a la Comisión Nacional del Agua (CNA) y a la Delegación en la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), que por cierto han asumido la defensa digna de su fuente de trabajo a través del paro laboral. A ellos un fraternal saludo.
Haciendo una crónica de los hechos previos, el primero de diciembre de 2003 las principales autoridades del Centro SCT Guerrero, intentaron arteramente el despido de 39 trabajadores de la dependencia, quienes apenas el viernes 28 de noviembre recibieron la orden de presentarse en Chilpancingo sin señalarles el motivo real. Ya el día 1 de diciembre de 2003 en el Teatro María Luisa Ocampo, digno escenario para montar la obra “la muerte de un caminero y su compadre marino”. Cada candidato a víctima sufrió amenazas y presiones de todo tipo para aceptar su renuncia (obligados por las circunstancias la mayoría accedió, pero al percatarse del apoyo de sus compañeros decidieron retractarse), sin recibir la oportunidad de leer toda la documentación que forzadamente firmaron, sin obtener copia alguna, y sufriendo el aislamiento del resto de “condenados”, para evitar una resistencia que las autoridades no deseaban.
Sin embargo al propagarse la noticia de lo que ocurría en el mencionado teatro, poco después arribaron al lugar otros empleados, incluyendo algunos miembros del sindicato. Su inesperada aparición, hizo menguar la actitud prepotente de los representantes de autoridades centrales y del Centro SCT Guerrero. En ese momento, perdió el control un subdirector que se encontraba presente, mientras su servil lacayo responsable de eventos culturales y adiestramiento, gozaba hasta entonces tomando fotografías como testimonio cruel de ejecuciones que, al menos en ese momento, no fueron consumadas.
Unos minutos después, con la generosa solidaridad de los compañeros de los sectores: Caminos, Oficinas Generales, Medicina Preventiva, Auto transporte Federal y Capitanía de Puerto, se llevó a cabo un paro de actividades encabezado por la Sección Sindical Charra. No obstante lo que se perfilaba como el inicio de un inédito movimiento de resistencia de los trabajadores guerrerenses de la SCT, fue echado a la borda por el propio sindicato que, en el fondo sometido a los intereses patronales no pudo advertir, ¿o despreció?, la espléndida oportunidad de conducir a una masa de empleados por fin dispuestos a defender sus derechos, ordenó el levantamiento del paro, recurriendo a la demagógica promesa del inicio de negociaciones con la parte patronal (incluyendo los desistimientos de quienes habían firmado renuncia), las que por cierto nunca fueron realizadas. No podía esperarse otra conducta de un sindicato que siempre traiciona a sus representados a cambio de canonjías otorgadas por las autoridades, que practica el nepotismo (otorgamiento de plazas de base a familiares de líderes seccionales o familiares de empleados muy allegados a altas autoridades, por ejemplo la secretaria del actual director recibió tres favores de este tipo en los últimos 4 años. En cualquiera de los dos casos a costa de marginar a eventuales de varios años que ya merecen la oportunidad de una plaza de base)
Hoy ya iniciado el 2004, haciendo a un lado a sus “líderes” sindicales y aún contra ellos si se oponen, el empleado de la SCT debe estar dispuesto a realizar los paros y movilizaciones que sean necesarios para detener a las fuerzas reaccionarias. A sostener que la defensa de su propio empleo, es al mismo tiempo la lucha porque su amada Secretaría recobre el carácter social que paulatinamente le están arrebatando con la contratación de, entre otros, los servicios de construcción, mantenimiento y rehabilitación de caminos, en beneficio de una iniciativa privada que confirma una y otra vez su ineficiencia y compulsiva propensión a la corrupción. ¿Acaso no es evidente el estado lamentable de muchas carreteras como el tramo Chilpancingo-Tlapa, donde la cinta asfáltica es prácticamente inexistente a lo largo de varios metros? ¿Acaso se olvidó también lo sucedido con las autopistas rescatadas por el Gobierno Federal?
Eviten, camineros, que se sigan saqueando los recursos de la institución y del propio país, a través de compañías de las que son socios ex-funcionarios o funcionarios en activo que forjaron su patrimonio particular a expensas de la SCT. La lucha apenas empieza pero el triunfo será posible manteniendo la unidad, actuando con inteligencia y vigorizando la conciencia como gremio. Despierten de su letargo líderes visionarios y carismáticos que hoy como nunca sus compañeros y la institución los necesitan.
En un plano más amplio los trabajadores de la SCT, deben descubrir que unidos con las demás dependencias federales tendrán mayores posibilidades de éxito cuando se integren a un Frente por la Preservación en manos del Estado de servicios como los de comunicaciones y transportes, educación, salud, petróleo y electricidad. Esto en beneficio de las mayorías del país tan castigadas desde 1982 por los gobiernos neoliberales, de los cuales el Foxista es la versión más clara. De esa magnitud es el compromiso histórico de los empleados federales. Dispuestos a cumplirlo cabalmente, como sin lugar a dudas están, contarán con el apoyo de otras organizaciones y del mismo pueblo, que con sabiduría reconoce y lucha al lado de quienes defienden los intereses de
las clases mayoritarias.